De puertas adentro, una elevada inflación merma el poder adquisitivo (reduce el valor del dinero, desincentiva el ahorro y hace más onerosos los préstamos), mientras que de puertas afuera erosiona la competitividad del conjunto de la economía al encarecer sus exportaciones. Eurostat confirmó ayer que, en los últimos meses, España y la eurozona han vuelto a remar en direcciones opuestas.
Mientras que en la zona euro los precios de la cesta de la compra moderaron su avance en octubre al 2,1%, una décima menos que el mes anterior y muy cerca del objetivo de referencia del BCE para la estabilidad de los precios (el 2%), en España el IPC armonizado ha ido escalando posiciones hasta alcanzar el 3,2%, dos décimas más que en septiembre y lejos del 2% en que se encontraba en mayo.
Pero aún más relevante es que, como ya ocurriera en buena parte de 2024, se ha ido ensanchando el diferencial negativo entre España y el conjunto de la zona euro hasta alcanzar en octubre los 1,1 puntos porcentuales, erosionando la competitividad de las exportaciones españolas, que hasta ahora han sido, junto a la demanda nacional (de hogares, empresas, Administraciones Públicas...), una de las grandes palancas de impulso de la economía española.
En mayo pasado, la brecha entre España y el promedio de la eurozona apenas era de una décima (un 2% en nuestro país vs. el 1,9% en el bloque del euro), pero desde entonces no ha parado de crecer y los expertos advierten de que si este diferencial persiste en el tiempo, o se amplía, no hará más que ahondar en ese deterioro competitivo del sector exterior. De hecho, los efectos de la pérdida de fuelle de la demanda externa son ya palpables. Aunque el PIB español creció un 0,6% intertrimestral entre julio y septiembre, lo hizo exclusivamente sostenido por el consumo interno, ya que el sector exterior restó nada menos que 0,6 puntos al crecimiento trimestral de la economía, fruto de un retroceso del 0,6% en las exportaciones frente a un aumento del 1,1% en las importaciones.
Escasa productividad
En este contexto, en el que subyacen cuestiones estructurales, como un modelo de crecimiento basado esencialmente en la incorporación de nueva fuerza laboral al mercado en lugar de la mejora de la productividad (una gran asignatura pendiente), lo que aumenta la demanda pero también tensiona los precios y, por extensión, los costes laborales, España se sitúa en una posición vulnerable respecto a sus socios comerciales europeos, que también son sus competidores. No hay que olvidar que el grueso de las exportaciones españolas tiene como destino el bloque comunitario. En concreto, entre enero y agosto, el 61,6% de las ventas españolas al exterior fue a parar a la UE-27 (157.572 millones de euros sobre un total de 255.920 millones), mientras que el 53,2% se concentró en la eurozona (136.038 millones de euros).
Principales economías
Estas cifras ilustran la magnitud de lo que está en juego si la brecha de precios con Europa se prolonga o incluso se hace mayor. En octubre, el IPC armonizado de Alemania fue del 2,3%, una décima inferior al de septiembre y nueve décimas por debajo del español. Las exportaciones españolas a Alemania cayeron un 2,5% entre enero y agosto, según el último informe de comercio exterior del Ministerio de Economía. El diferencial respecto a Francia es mucho más abultado. El IPC galo despidió octubre en el 0,8%, tres décimas menos que en septiembre y nada menos que 2,4 puntos porcentuales por debajo de la tasa de España, cuyas exportaciones al país vecino se hundieron un 6,3% hasta agosto.
No mucho mejor es la situación respecto a Italia, cuya inflación fue del 1,3% en octubre, cinco décimas menos que en septiembre y 1,9 puntos inferior a la española. Al igual que en el caso francés, las ventas españolas a Italia cayeron un 6,3% entre enero y agosto. Estos tres países constituyen, junto a Portugal, los principales mercados para España en la zona euro (representan el 77% de sus ventas dentro del club de la moneda única). Al menos, en el caso luso, cuya inflación fue del 2% en octubre, las exportaciones españolas crecieron un 4,1%.
Esos diferenciales negativos respecto a las mayores economías del euro no solo pueden desviar o menguar el volumen de las exportaciones, como ya está sucediendo, sino que además pueden influir en la demanda interna española y en la posición de sus empresas, al abrir la puerta a que otras compañías europeas con precios y costes más competitivos vendan con más facilidad en el mercado nacional.
Todo ello sin olvidar que la inflación siempre genera presiones sobre las pensiones, los alquileres o, por supuesto, los sueldos.
FUENTE: RIPE - EXPANSIÓN