5 de enero 2026 - 10:38hs

Con Nicolás Maduro fuera de escena, se abre en Venezuela un incierto período de intervención estadounidense. Un puente, en principio, que facilite la transición política.

Así lo prometió al menos Donald Trump, lanzado a una furiosa "reconstrucción petrolera" del país.

Las cuantiosas reservas de crudo del país serán vitales para poner otra vez de pie a una economía tan castigada como la venezolana.

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Pero tampoco será fácil reactivar la desmantelada industria petrolera que deja atrás el chavismo. Llevará años y una inversión gigantesca sacarla a flote. Ni hablar devolverla a su antiguo esplendor.

El punto es que las petroleras de EE.UU. no parecen ni por casualidad tan exaltadas como Trump con la aventura.

Una guía rápida para entender qué pasa con el crudo en Venezuela.

petro

1- Venezuela es una sombra de lo que era

Venezuela supo ser una potencia petrolera. Pero su declinación fue feroz.

Aún cuando tiene las mayores reservas de crudo del mundo (superando a países como Arabia Saudita e Irán), su papel como jugador en el mercado es casi irrelevante.

La decadencia se aceleró desde el 2015. Pero si comparamos con el apogeo de los noventa, la producción de petróleo se hundió 70%.

Entonces producía más de 3,2 millones de barriles de petróleo por día (bdp). Hoy suman alrededor de 1 millón y representan menos del 1% de la oferta global.

Venezuela ocupa actualmente el puesto n° 21 entre los principales productores y está haciendo equilibrio. Se prevé que en poco tiempo sea desplazada por su vecina Guyana o por la Argentina, dada su riqueza en shale oil.

Esto explica, a su vez, por qué el precio del crudo se vio hasta el momento tan poco afectado, si bien existe una coyuntura de exceso de oferta que tiende a deprimir los precios.

2- Los chinos casi mantienen solos a la industria

Hoy ya no se puede saber a ciencia cierta cuánto exporta Venezuela. Se estima que son unos 500.000 bdp.

Es que en los últimos años, adoptó la “táctica iraní” para que los buques no sean tan fáciles de rastrear.

Para evitar ser detectados dan falsas señales (o ninguna) cuando atraviesan aguas venezolanas y recurren al traspaso del cargamento de un barco a otro en forma clandestina.

Parece mentira que a mediados del siglo XX, Venezuela era el primer exportador del mundo y miembro fundador de la OPEC.

En cuanto al destino, por lejos, su principal comprador es China. Y luego está Cuba. Son los únicos que se atreven a desafiar las represalias de Trump.

Una porción muy pequeña se exporta en barcos libres del radar de las sanciones. Irónicamente, por lo general, a EE.UU.

Ahora, ¿cómo funciona el negocio con los aliados chinos? Los venezolanos utilizan los ingresos del petróleo para repagar los miles de millones de dólares en préstamos.

Son créditos garantizados precisamente por el crudo, que de todos modos los chinos les compran con un descuento “de amigos”.

Una de las últimas movidas de Trump fue sancionar a empresas y barcos chinos que negocien con la industria petrolera venezolana.

Una estocada letal para las finanzas del chavismo.

Es que aún hoy, incluso con la forma en que se achicó el negocio petrolero, el 95% de los ingresos por ventas al extranjero -y por ende, fuente de divisas- continúan siendo las ventas de crudo.

3- La expropiación por la que busca revancha Trump

Hubo varias etapas en la industria petrolera venezolana.

Una corriente nacionalizadora a mediados de los 1970 y luego una reapertura a los capitales extranjeros en los años noventa.

Pero el predecesor de Maduro, Hugo Chávez, expropió los grandes proyectos petroleros estadounidenses en 2007.

Exxon Mobil y ConocoPhillips se fueron del país, al negarse que el Estado fuera accionista mayoritario. Tuvieron victorias arrasadoras en los arbitrajes internacionales. Pero todavía tienen dinero por cobrar por los activos confiscados.

A Exxon aún le deben pagar cerca de u$s 2.000 millones y a ConocoPhillips, unos u$s 10.000 millones, de los u$s 15.000 millones de los reclamos originales, según estimaciones de analistas de JP Morgan.

Chevron -que concentra alrededor de un cuarto de toda la producción venezolana- fue la única compañía de EE.UU. que permaneció.

Hoy posee una licencia restringida para operar cuatro “joint venture” con PDVSA, la petrolera estatal. Pero no puede pagar regalías al Gobierno en efectivo. Sólo con el propio crudo producido. Nada de divisas para el chavismo.

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Ahora Trump cuenta con las petroleras para “reconstruir” la industria venezolana pero por el momento ninguna "se anotó" realmente en el proyecto.

La falta de previsibilidad de la transición política, la inestabilidad de la economía y la propia ausencia de definiciones claras o garantías por parte del presidente no inclinan a las empresas a comprometer descomunales sumas de dinero en proyectos de largo aliento

¿Qué otras empresas están en Venezuela? China tiene un “joint venture” de larga data entre su empresa estatal CNPC y PDVSA, para la producción conjunta.

La rusa Rosneft buscó un vericueto legal para permanecer en el país y esquivar sanciones transfiriendo sus activos en Venezuela a una firma alterna.

Y hay varias europeas instaladas en ex tierra chavista como la española Repsol, la italiana Eni y la francesa Maurel et Prom.

En el caso de la española Repsol, pone en juego más de 13.000 millones de dólares de sus ingresos ya que las reservas en Venezuela son la segunda parte de sus activos, solo detrás de los que tiene en EEUU.

La también francesa TotalEnergies emprendió la retirada por iniciativa propia.

4- PDVSA, la petrolera estatal que vació el chavismo

La revolución de Hugo Chávez puso a la industria bajo estricto control estatal. Y para la petrolera PDVSA fue el comienzo del colapso.

Se cortó toda inversión extranjera, se expulsó a gerentes con años de experiencia y se pobló la compañía con chavistas adictos a la causa.

A esto se sumaron una serie de accidentes en las facilidades y escándalos de corrupción que involucraban a ejecutivos de la empresa.

Así, con el barril arriba de los u$s 100 a mediados de los años 2000, la situación de la industria venezolana se volvía cada vez más precaria.

También la presencia internacional de PDVSA, alguna vez pujante, se fue desmoronando hasta perder su posición más preciada, la refinería Citgo en EE.UU.

La presión de EE.UU. jugó, por supuesto, su parte, en esta estrepitosa decadencia.

Primero sanciones financieras en 2017, luego sanciones petroleras en 2019 que prohibían realizar negocios o dar crédito a PDVSA salvo algunas excepciones bajo licencia.

El deterioro de la infraestructura se agudizó, en la medida en que ya no podía importar la tecnología estadounidense de la que era altamente dependiente.

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