26 de julio 2024 - 10:07hs

A veces las expectativas juegan una mala pasada. Por excesivamente optimistas, por sencillamente exageradas. Teñidas por la euforia, no son un escenario razonado sino una expresión de deseo. Y si de eso se trata, los Juegos Olímpicos de París fueron una trampa de manual.

Hoteles y aerolíneas terminaron ofreciendo descuentos y recortando precios hasta la mitad al entender que la afluencia de turistas no estaría ni cerca de la que calculaban.

Los estadios estarán llenos cuando larguen los juegos que hace 100 años no se celebran en París. Pero la mayoría serán franceses. Según Paris je t’aime, la Oficina de Turismo de París, de los 11,3 millones que recibirá la capital durante el evento, sólo 1,5 millones serán extranjeros.

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Hoteles con tarifas infladas por las Olimpíadas

Por lo general, la búsqueda de alojamiento empieza hasta un año antes de esta clase de eventos. Pero en París, los precios de los hoteles se habían disparado de una forma descabellada.

Sobre todo en la gama de cuatro estrellas, establecimientos que solían cobrar la noche u$s 400, pedían u$s 1.000. Los precios estaban realmente inflados. Los Juegos se fueron acercando y las reservas no aparecían.

Así fue como empezaron a bajar las tarifas a niveles nuevamente más razonables. Pero ya era tarde. En el intento de atraer turistas, muchos eliminaron también el requisito de estadía mínima. Tendencias que recorrieron toda la industria, desde los pisos para alquiler a los hoteles de lujo.

Y esto en un año de flujo récord de turistas para Europa, en el que se espera que -en gran medida por la llegada de estadounidenses- la industria aporte a la economía del bloque unos 800 millones de euros.

Aún con estos esfuerzos de último momento, cuando la realidad finalmente bajó al sector de su ilusión de exorbitantes ganancias, los niveles de ocupación en hoteles se mantendrán en torno a 80%, según datos de CoStar difundidos a fines de junio, que cita Bloomberg.

Para poder entender qué significa eso para la industria, durante Londres 2012 y Río 2016, el promedio de ocupación fue de 88,6% y 94,1%, según información de la misma consultora.

No todos tuvieron que dar vuelta la estrategia a última hora. Los únicos que salieron bien parados son los hoteles muy accesibles.

Los hostales pudieron duplicar las tarifas y hasta un poco más en relación a un año atrás. Unos 200 euros por una habitación privada (+75%), por ejemplo, o 75 euros por una cama en un dormitorio (+50%).

Las Olimpíadas son uno de esos espectáculos que también permiten hacen buenos negocios a los agentes especializados en eventos deportivos. Firmas que compran “paquetes” con anticipación para facilitarle la vida al turista y poder ofrecerle en bloque desde alojamiento hasta tickets para las competencias que se le antojen a precios competitivos.

“La verdad es que las ventas estuvieron 80% por debajo de las expectativas si me baso en las Olimpíadas anteriores”, le comenta a Bloomberg uno de estos expertos.

“Es la primera vez en 25 años que acepto menos dinero por un cuarto en un hotel que el que pagué 30 meses atrás”. En París 2024, si no pierdo plata, me doy por hecho, reconoce.

Aerolíneas con vuelos semi-vacíos

Las aerolíneas no la están pasando mucho mejor. Delta Air Lines, por ejemplo, estimó en julio que debería asumir u$s 100 millones en pérdidas en la medida en que los turistas no viajaron a Francia en la medida en que pensaron que iban a hacerlo y quedaron demasiados asientos vacíos.

Es lo mismo que le ocurrió a Air France. Los ejecutivos hicieron sus cálculos y consideraron que valía pena expandir la capacidad en las rutas que conectan las ciudades estadounidenses y París en un 15% durante los Juegos. Sonaba razonable.

Pero la empresa matriz Air France-KLM ya reportó hasta ahora una pérdida de beneficio de al menos 180 millones de euros que se reflejará en julio y agosto que atribuye sin vueltas a las Olimpíadas.

También en la industria se está dando el fenómeno de la “oferta” aunque de una manera más discreta. Se aplican recortes enormes en las tarifas, con vuelos llenos de asientos vacíos, pero sobre todo a los pasajeros que utilizan puntos, una manera de que la desesperación de la estrategia no sea tan evidente.

La disponibilidad, de todos modos, continúa siendo enorme. Hoy se pueden encontrar vuelos en Air France sin escala a París desde Los Angeles sólo ida por 30.000 puntos, algo así como u$s 200, según el típico tipo de cambio de un centavo por punto.

Durante los Juegos de Río, por ejemplo, los vuelos internacionales crecieron 115% en relación al año anterior. París apenas registró un incremento de 8%.

¿Nadie quiere ir a París?

Pero es París… ¿Es que la gente no quiere gastar? ¿Teme que un evento multitudinario pueda ser un blanco terrorista? ¿Alquien dijo Macron? La explicación más extendida es, curiosamente, política.

Eventos de naturaleza muy diferente casi quedaron solapados. Primero las elecciones europeas, con el triunfo arrasador de la extrema derecha en Francia.

Después, el shock de la decisión del presidente francés Emmanuel Macron de disolver la Asamblea Nacional y el juego intrincado y controvertido de alianzas para bloquear las posibilidades reales de esa facción de ganar el control parlamentario y terminar gobernando el país junto con Macron.

Y de pronto: las Olimpíadas.

De hecho, la situación sigue en un limbo, ya que el presidente aún no designó un nuevo primer ministro resultante de la nueva Asamblea.

Los franceses no se lo perdonan a Macron. Pero las celebraciones son así. Requieren un clima, una preparación, una víspera. El mundo vio una Francia tensa, desorientada, en un abismo político.

No vio París. No vio la fiesta.

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