31 de agosto 2024 - 9:38hs

La imagen de un hombre alto, de más de 70 años con sus manos esposadas y tomado de los brazos por policías federales saliendo de un edificio del antiguo barrio de San Telmo, en Buenos Aires, sorprendió a los vecinos que convivían con él hace décadas y lo conocían como "el italiano", a pesar de su excelente castellano.

La suerte de Leonardo Bertulazzi, miembro del grupo terrorista de extrema izquierda Brigate Rosse (Brigadas Rojas), responsable del secuestro y asesinato del exprimer ministro Aldo Moro en 1978 entre otros actos delictivos que marcaron a fuego la política italiana de aquellos años, había cambiado tras más de cuatro décadas de mantener un perfil muy bajo.

"Stéfano", su nombre de guerra, llevaba más de 20 años en Argentina junto a su pareja, la médica alemana Bettina Kopcke, tras un arresto de ocho meses en 2002 a pedido de los tribunales de Roma y Génova por la condena a 27 años de cárcel por el secuestro de un ingeniero naval italiano y su participación en varios actos terroristas de las Brigadas Rojas.

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Embed - Arrestato in Argentina Bertulazzi, latitante delle Brigate Rosse

Pero entonces, la justicia argentina consideró que había sido condenado en ausencia en Italia, sin derecho a la defensa, y le otorgó la libertad y el estatus de refugiado. Después llegarían su documento y hasta una inscripción en la AFIP como monotributista para trabajar.

Pero, vaivenes de la vida, la jueza Romilda Servini, la misma que le había otorgado el beneficio de la libertad en 2003, firmó ahora su arresto tras un cambio judicial propiciado por el Gobierno de Javier Milei en la comisión de refugiados, que lo dejó sin ese amparo.

Un regalo para la primer ministra italiana, Giorgia Meloni, que expresó "su profundo agradecimiento a las autoridades argentinas por haber llevado a cabo la detención de Leonardo Bertulazzi, ya condenado en Italia a 27 años de prisión por delitos de terrorismo, tras la revocación de la condición de refugiado por la Comisión Argentina para los Refugiados".

Vinculación con piqueteros

De aquella detención en 2002 cuando dejaba su moto en un garage de Constitución y portaba consigo un documento falso, se evoca que el juez Claudio Bonadío, a cargo de la causa, quiso saber entonces "por qué Bertulazzi tenía en su poder panfletos de agrupaciones piqueteras".

El ya fallecido magistrado también dejó documentado que "la mujer alemana que fue detenida con él habría donado el mes pasado unos 4.500 dólares al movimiento Teresa Rodríguez", en años donde comenzaban a consolidarse las agrupaciones de "pobres y desocupados" que crecieron al calor de la crisis de 2001.

Kopcke también había gestionado un subsidio de una organización no gubernamental alemana para que piqueteros de Florencio Varela pudieran trabajar en la descontaminación del agua de la zona, según quedó constancia en la causa.

En aquel momento, la Agrupación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora había pedido el "asilo y refugio político" para Bertulazzi, quien colaboraba con el "Movimiento de Trabajadores Desocupados", según un panfleto de la época.

La conexión de Bertulazzi con el asesinato de Moro

Bertulazzi, que nació en Verona en 1952, fue el jefe logístico de una célula de las Brigadas Rojas conocida como “28 de marzo” y en los '80 llegó a ser considerado la mano derecha de Francesco Lo Bianco, uno de los principales jerarcas del grupo terrorista durante "los años de plomo".

El hombre apacible que los vecinos definen como "un señor tan bueno" sin acento italiano, participó del secuestro del ingeniero naval Pietro Costa, en el barrio de Spianata Castelletto de Génova, el 12 de enero de 1977. El millonario empresario al que se llevó un escuadrón brigadista a bordo de un Fiat 132 blanco, permaneció rehén durante 81 días y fue liberado atado de pies y manos a cambio de un millón y medio de liras.

Con el dinero del rescate las Brigadas Rojas compraron un departamento en Vía Montalcini, en Roma. Allí estuvo cautivo entre el 16 de marzo y el 9 de mayo de 1978 el dos veces primer ministro Moro, por entonces presidente de la Democracia Cristiana.

Moro fue ametrallado en el baúl de un Renault 4 rojo que los terroristas abandonaron en Vía Caetani, una calle a medio camino entre las sedes del Partido Comunista y de la Democracia Cristiana, una imagen que sacudió al mundo y un final que torció el curso de la política italiana, ya que las dos agrupaciones estaban cerca de un acuerdo.

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Una imagen antigua de Leonardo Bertulazzi, ex miembro de las Brigadas Rojas

Una imagen antigua de Leonardo Bertulazzi, ex miembro de las Brigadas Rojas

La condena en Italia y su huida a El Salvador

Bertulazzi fue condenado por el secuestro de Costa y otros actos terroristas pero se escapó en 1980 a El Salvador donde vivió hasta su ingreso ilegal a la Argentina desde Chile a bordo de una motocicleta de alta cilindrada, con la que se movía junto a su pareja.

La misma con la que lo detuvieron en 2002, cuando consiguió eludir a la justicia. Ahora se espera el pedido de extradición y su traslado a Italia para cumplir una condena de 27 años por secuestro de personas, asociación subversiva y banda armada.

Otro terrorista italiano que huyó a Argentina

Giovanni Ventura, sospechoso de haber participado en 1969 de uno de los más resonantes atentados terroristas de Italia, la llamada “masacre de Piazza Fontana”, estuvo al frente del famoso restaurante "Filo", punto de encuentro de empresarios, funcionarios y artistas fundado en Buenos Aires en los años noventa.

Fue miembro del movimiento de extrema derecha "Ordine Nuovo" y responsable de una serie de atentados con bombas preliminares a la "masacre de Piazza Fontana", en la Banco de Agricultura de Milán, en la que el 12 de diciembre de 1969 murieron 17 personas y 105 resultaron heridas.

Ventura fue imputado junto al neofascista Franco Freda y la justicia pidió cadena perpetua para ambos, pero a dos semanas de la sentencia, primero se fugó Freda y luego Ventura escapó de su residencia en Catanzaro vigilada por gendarmes para huir a la Argentina, donde fue arrestado en 1973 y deportado.

Admitió su participación en atentados a trenes, pero no en la masacre de Milán. Fue condenado a prisión en 1979 por “asociación subversiva” y luego absuelto por la Corte de Apelaciones de Bari en 1985 por el atentado en Piazza Fontana debido a falta de evidencias.

Ventura regresó a la Argentina donde rearmó su vida y años después se puso al frente de "Filo", que abandonó dos años antes de su muerte en 2010.

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