24 de mayo de 2026 9:28 hs

La rabina argentina Silvina Chemen, referente internacional en diálogo interreligioso, derechos humanos y convivencia social, cumplió una intensa agenda académica y social en Madrid.

Durante su estancia, que incluyó una disertación en el Espacio O_Lumen y su participación en la entrega del Premio Ana Frank al expresidente Felipe González, Chemen conversó con El Observador sobre los desafíos de la convivencia global, el rol de la educación frente a los discursos de odio y la urgencia de exportar cohesión social en lugar de importar conflictos externos.

Conflicto y religión: Más allá de la confrontación

El jueves 21 de mayo, el Espacio O_Lumen de Madrid acogió la charla-coloquio titulada "Conflicto y religión: más allá de la confrontación".

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El encuentro, que fue seguido por cientos de seguidores en vivo a través de Instagram, fue organizado por el Centro Internacional del Diálogo Interreligioso del Movimiento de los Focolares, con la colaboración de Ciudad Nueva y la Fundación Igino Giordani, y contó con la moderación de Dolores García Pi, expresidenta del Foro de Laicos de España.

silvina chemen

En esta convocatoria se abordó un interrogante medular para la paz contemporánea: si las religiones son una fuente inevitable de conflicto o si, por el contrario, pueden convertirse en puentes eficaces para su comprensión y resolución.

Chemen, quien se desempeña como Vicerrectora del Instituto Universitario Isaac Abarbanel y rabina Senior de la Congregación Bet El de Buenos Aires, aportó a este debate su experiencia como miembro del Board del Foro de Religiones del G20 y del Consejo Asesor del Center for Shared Civilizational Values de la Secretaría Permanente del Foro de Religiones del G20 (R20).

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Distinción a Felipe González y el legado de Ana Frank

El viernes 22 de mayo, la actividad se trasladó a la sede de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en Madrid, situada en la calle Bravo Murillo 38.

Allí, el Centro Ana Frank Para América Latina (CAFA) y la propia OEI otorgaron el Premio Ana Frank al expresidente del Gobierno español, Felipe González, en reconocimiento a su aportación fundamental a la consolidación democrática, la integración europea y los procesos internacionales de paz.

El acto concluyó con un conversatorio entre el propio González, Mariano Jabonero en representación de la OEI y Héctor Shalom por parte del Centro Ana Frank, bajo la moderación del periodista Román Lejtman.

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A propósito de este reconocimiento, la rabina Chemen reflexionó sobre la vigencia de los valores humanistas en la actualidad, evocando la célebre frase de Ana Frank: "Qué maravilloso es que no tengo que esperar ni un minuto para mejorar el mundo".

En sintonía con este legado, Chemen señaló la importancia de combatir la desazón de nuestro tiempo y el descreimiento generalizado en los sistemas democráticos y la buena política.

Al respecto, destacó el testimonio del expresidente español: "Poder seguir transmitiendo esto que hoy nos dejó el presidente Felipe González en este acto. Qué maravilloso que él no esperó ningún minuto para intentar reparar este mundo en todas las intervenciones que hizo en los conflictos, en los conflictos armados por la paz en Medio Oriente".

Para la líder religiosa, este es el mensaje medular para las nuevas generaciones, entendiendo que el cambio comienza cuando "cada uno desde su propio lugar no espere nada de otro y salga él mismo o ella misma a reparar el mundo".

Educación y diálogo frente a los discursos de odio

Al ser consultada sobre el clima de inquietud y el temor dentro de las comunidades judías fuera del territorio de Israel, Chemen reconoció que se atraviesa un "momento de desafío histórico muy importante", cuyas dinámicas se asimilan a escenarios que antes solo se estudiaban en los libros de la década de 1930.

Sin embargo, enfatizó la necesidad de mantener la prudencia colectiva frente a la coyuntura actual: "Somos muy cuidadosos de no alimentar los algoritmos del odio. Somos muy cuidadosos de entender que muchas de estas manifestaciones son producto de los discursos de odio que están introyectados por una agenda que va más allá de las personas comunes".

Para contrarrestar esta tendencia, la propuesta de la académica se centra firmemente en la formación. "Frente a esto, nosotros no contestamos a la provocación, sino que nos ocupamos de educar. Y ante cualquier frase de prejuicio, ante cualquier provocación, damos contenido", explicó, argumentando que salir a explicar los conceptos que se manejan con ligereza será la única vía para llegar a un mejor puerto, ya que "jamás la confrontación nos está sirviendo".

Finalmente, remarcó que resguardar la libertad de identidad de todos los colectivos es una función ineludible de las democracias y que, cuando las instituciones no logran cubrir esta demanda, resulta vital el papel de organizaciones de la sociedad civil como el Centro Ana Frank Argentina.

Una pedagogía de la esperanza para la juventud

Frente a un escenario global complejo, Chemen defiende la implementación de una "pedagogía de la esperanza" orientada a los jóvenes, a quienes define no como el futuro, sino como el presente activo de las sociedades. La experta sostiene que nada se puede construir de forma positiva si el horizonte que se le presenta a la juventud es únicamente de descrédito y oscuridad.

Por ello, su propuesta insta a generar alternativas colectivas frente al aislamiento digital y los discursos radicales. "Hay que tener la paciencia, pero también la proactividad de con buenas prácticas juntarse porque nadie se va a salvar solo", afirmó.

"Esto es un tema de grupos sociales, de comunidades, de colectivos que se van a juntar, porque de verdad que la mayoría de la gente no son las minorías que están hoy manejando nuestras agendas y nuestras lecturas en nuestros teléfonos", enfatizó.

En su lugar, abogó por impulsar programas educativos que pongan en valor la defensa de la democracia y el "disenso positivo que permite el enriquecimiento y el desarrollo del pensamiento", instando a los jóvenes a marcar la diferencia desde sus propios centros de estudiantes y universidades.

El rol ético de los líderes democráticos en la arena internacional

Respecto a la postura del Gobierno de España ante el conflicto en Gaza y las tensiones en la región, Chemen prefirió no emitir juicios políticos locales por no ser ciudadana española, pero remarcó que todo líder democrático actual posee una "misión ética por sobre sus funciones en su nación, que es bregar por la paz y juntar a las partes en conflicto".

En esta línea, la rabina fue tajante respecto a las vías para resolver las crisis internacionales: "La paz no llega si no es con acuerdos. La paz no llega con la guerra. La paz no llega arengando el odio de un colectivo en contra del otro".

Asimismo, recordó que en naciones como España coexisten ciudadanos de ascendencia palestina y miembros de la comunidad judía, por lo que resulta un error crítico importar las tensiones internacionales.

"Ningún país puede importar un conflicto, sino que hay que exportar la buena práctica del diálogo y la cohesión social", sentenció, sugiriendo que la labor de los gobernantes debe orientarse a sentar a la mesa a las partes litigantes, emulando la tradición de mediación que representó el expresidente Felipe González.

El desafío del liderazgo actual: juntarse en el dolor

Para concluir, la experta analizó la preocupante tendencia actual de los liderazgos a cerrar filas de manera gregaria en momentos de grandes crisis, una conducta donde la autoafirmación de la identidad propia parece depender de la deshumanización o el rechazo de la opuesta. Para Chemen, el verdadero desafío de los líderes contemporáneos radica en entender que el espacio para la identidad propia solo es legítimo en una democracia cuando se respeta y se da lugar a la identidad del prójimo, ya sea a través de consensos o de disensos.

A partir de su dilatada trayectoria en la educación para la paz, la vicerrectora sostuvo que la verdadera transformación surge cuando se despojan las certezas absolutas y se da paso a la empatía real. "Cuando vos sentás a gente con posiciones totalmente encontradas y lloran juntos los dolores de las muertes de cada uno, créeme que ahí no hay dos bandos, ahí hay un bando de gente que sufre", reflexionó.

"Y cuando la gente se une en el sufrimiento, en el dolor, probablemente desde ahí se pueda construir algo. Intentar ser los dueños de la verdad y acusar al otro de ser el absoluto victimario de la escena, cuando todas las historias de conflictos tienen sus grises, tienen sus alternancias, tienen sus extremismos... Cuando vos juntás a la gente en el dolor, desde ahí se puede construir algo. Desde otro lado, seguramente que no”, concluyó.

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