"Les gustaría que hubiera un candidato distinto de Lula, pero que no sea Bolsonaro", resume. En su lectura, el resultado no debe interpretarse como una adhesión generalizada al PT, sino también como un rechazo a Bolsonaro. El analista plantea que una candidatura alternativa de derecha podría haber tenido mejores posibilidades: "Tarcísio de Freitas habría ganado las elecciones si se hubiera presentado en lugar de Flávio Bolsonaro", sostiene, en referencia al reelecto gobernador de Sao Paulo.
Tarcisio de Freitas con Flávio Bolsonaro
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A esa dinámica se sumó, según Vidal, la capacidad de la campaña de Lula para adaptarse a las redes sociales en poco tiempo. Hasta la primera vuelta, afirma, la campaña había sido principalmente tradicional. En las semanas siguientes, el equipo logró desplegar un "ejército" digital que no se limitó a publicar contenido, sino que movilizó a personas con experiencia en esas plataformas.
Otro factor decisivo fue la participación electoral. Vidal destaca que cerca de tres millones de personas que no habían votado en la primera vuelta acudieron a las urnas en la segunda y que, en su mayoría, lo hicieron para respaldar a Lula. También disminuyeron los votos blancos y nulos, y algunos electores que habían votado por Bolsonaro cambiaron su elección.
"Lula logró todas las combinaciones que necesitaba y que parecían imposibles", afirma. Para Vidal, las encuestas no estuvieron necesariamente tan lejos del resultado, pero no anticiparon cuánto podía caer la abstención.
Thiago Vidal, director de análisis político de la consultora Prospectiva
Un resultado que atravesó regiones y grupos
Vidal considera que la victoria tuvo un carácter "sistémico": no se concentró únicamente en el Nordeste, entre los sectores de menores ingresos o en un grupo social específico. Señala, en particular, el aumento del apoyo a Lula en estados del centro-oeste como Mato Grosso y Goiás, zonas donde Bolsonaro había tenido un respaldo importante.
"No fue algo segmentado, ni de pobres, ni regional, ni de evangélicos. Es sistémico", dice. Según el analista, solo en una elección de 2000 se había observado una diferencia con una distribución tan amplia.
La amplitud de la victoria también condiciona las perspectivas del nuevo gobierno. Si la diferencia hubiera sido de pocos votos, anticipa, el escenario habría estado marcado por un conflicto aún mayor. Lula, en cambio, ganó por unos cinco millones de votos en un país profundamente dividido, una diferencia que Vidal considera significativa.
Aunque describe a Lula como un dirigente impopular para una parte del electorado, sostiene que el resultado lo dejó fortalecido. Sin embargo, advierte que su margen de maniobra dependerá de su capacidad para construir acuerdos.
En el Senado enfrentará serias dificultades, mientras que en la Cámara de Diputados podría reunir alrededor del 60% de apoyo junto con aliados. Ese respaldo, estima Vidal, "sería suficiente para avanzar en varias iniciativas, pero requeriría un gobierno más centrista y no tan de izquierda como el de su actual mandato".
Para el especialista, "Lula se inclinó demasiado a la izquierda durante su mandato" y deberá moderarse para gobernar un país dividido y con un Congreso conservador.
El desafío de ampliar la base social
Vidal prevé que la política económica estará atravesada por las presiones fiscales y por la necesidad de generar confianza en los mercados. Al mismo tiempo, recuerda que Lula prometió un gobierno "más cerca de las calles y de los jóvenes" y que, tras una elección que estuvo cerca de perder, parece haber reconocido la necesidad de renovar su vínculo con la sociedad.
A juicio del analista, durante la campaña Lula habló mucho de los trabajadores industriales, pero prestó menos atención a los emprendedores, los trabajadores de plataformas, los informales y quienes trabajan desde sus casas y no se identifican con el empleo tradicional en una fábrica o una oficina.
"Lula mostró estar algo alejado de las dinámicas actuales del país", señala Vidal. También observa que algunas agendas progresistas no conectan plenamente con una sociedad que, en muchos aspectos, mantiene posiciones más conservadoras. En su discurso de victoria, agrega, Lula reconoció que el mundo había cambiado y que necesitaba comprender mejor esas transformaciones.
Los nombres que suenan para Hacienda
Respecto a quién podría ocupar el Ministerio de Hacienda, Vidal considera que probablemente no se elija a un ejecutivo del sector financiero.
Menciona varias posibilidades: el vicepresidente Geraldo Alckmin; el presidente del Banco Central, Gabriel Galípolo, que fue viceministro de Hacienda durante la gestión de Fernando Haddad; y Rafael Fonteles, gobernador de Piauí, a quien atribuye un papel relevante en el resultado electoral y experiencia en temas digitales.
Geraldo Alckmin, vice de Lula
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En cambio, considera "muy improbable" la llegada de Luiz Carlos Trabuco Cappi, presidente del consejo de administración de Bradesco.
El papel de André Janones y las redes
Vidal atribuye un papel clave a André Janones en la movilización digital de la campaña. Recuerda que Janones ya había tenido protagonismo en el balotaje de 2022 entre Lula y Bolsonaro. En aquella elección, dice, Lula no había recurrido de la misma manera a las redes durante la primera vuelta, pero las utilizó más en la segunda junto con Janones.
Esta vez, muchos esperaban que Janones tuviera un papel más visible desde el comienzo, pero la campaña arrancó con un perfil más tradicional. Después de la elección, Lula habló de acercarse a los jóvenes; entre las posibilidades que se mencionan, según Vidal, está la de realizar transmisiones en vivo semanales.
Andrés Janones abraza a Lula después de la victoria en el balotaje
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El desafío, explica, será comunicarse con la ciudadanía sin depender exclusivamente de la interpretación de los periodistas y sin reducir la estrategia a videos de TikTok. A la vez, el PT mantiene su interés en regular las plataformas y cuestiona, entre otros aspectos, el supuesto sesgo de los algoritmos de Meta. "Seguirá la tensión con las empresas, pero Lula también descubrió el poder de las redes", resume.
Una derecha que busca reorganizarse
La oposición parte de un capital político considerable: alrededor de 60 millones de votos vinculados a Bolsonaro. Pero, para Vidal, la derecha deberá resolver una paradoja: conservar ese electorado sin depender por completo de la familia Bolsonaro.
"Si la derecha quiere volver, necesita que los Bolsonaro no sean figuras centrales", plantea. El desafío será que sigan siendo aliados sin ocupar todo el protagonismo, algo que considera difícil porque, según su análisis, a la familia Bolsonaro le interesa especialmente estar en el centro de la escena.
Tarcísio de Freitas podría desempeñar un papel relevante en ese reordenamiento, aunque Vidal señala que no podría ser candidato de Lula y que tendría que ubicarse en la oposición sin romper por completo con los Bolsonaro. "El país camina hacia la derecha, pero la pregunta es cómo garantizar que sea fuerte y no dependa tanto del apellido Bolsonaro", dice, en un diálogo sostenido antes de la huida del senador del Partido Liberal hacia Estados Unidos.
Sobre la posibilidad de nuevos desbordes en las calles, Vidal considera que todavía es temprano para hacer pronósticos. "La gente aún está tratando de entender qué pasó", concluye.