El Observador Estados Unidos | Seth Meyer

Por  Seth Meyer

Director global de Gestión de carteras de clientes en Janus Henderson Investors
7 de enero 2026 - 13:42hs

La audaz decisión de Estados Unidos de extraer al presidente Nicolás Maduro de Venezuela para que enfrente cargos en ese país sacudió al mundo, pero no es la primera vez que EEUU interviene en otros países y es poco probable que sea la última. Si bien el episodio tiene un fuerte peso simbólico, su impacto inmediato en los mercados globales probablemente sea moderado. La historia de mayor alcance puede residir en lo que esto significa a más largo plazo, como parte de un impulsor macroeconómico más amplio de realineamiento geopolítico.

Ondas de corto plazo en los mercados

El lamentable impacto de las dificultades económicas y políticas que Venezuela ha atravesado durante las últimas dos décadas, sumado a las sanciones, ha llevado a que muchas empresas de mercados desarrollados se retiren por completo del país. Para las pocas que mantienen una exposición residual a Venezuela (por ejemplo, Chevron, Repsol y Telefónica), un entorno de políticas más estable podría brindar un alivio incremental.

En el corto plazo, los bonos venezolanos podrían recibir un primer respaldo a medida que los mercados incorporen la posibilidad de una normalización de políticas (siempre que el país evite el caos; las primeras señales indican que EEUU podría estar dispuesto a trabajar de forma pragmática con las autoridades venezolanas actuales, tras los desafíos enfrentados en Irak y Afganistán).

Los mercados petroleros también podrían reaccionar, aunque no necesariamente en la dirección que cabría esperar. Si bien la incertidumbre geopolítica suele impulsar los precios al alza, un eventual aumento de la oferta venezolana ejercería presión a la baja sobre el crudo, una vez que se estabilicen las rutas de envío y se aclaren los caminos en torno a las sanciones.

Reabasteciendo la oferta global: por qué Venezuela importa

A pesar de contar con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, la producción de Venezuela se ha desplomado desde alrededor de 3 millones de barriles diarios a comienzos de los años 2000 a menos de un tercio de ese nivel en los últimos años. Las sanciones, la subinversión crónica y el deterioro de la infraestructura han recortado de forma pronunciada la producción.

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Reservas probadas de petróleo crudo por país (miles de millones de barriles) a fines de 2024. Fuente: OPEC Annual Statistical Bulletin 2025. Excluye arenas bituminosas.

Reservas probadas de petróleo crudo por país (miles de millones de barriles) a fines de 2024. Fuente: OPEC Annual Statistical Bulletin 2025. Excluye arenas bituminosas.

Una transición hacia un gobierno prooccidental podría aliviar las sanciones, habilitar la inversión extranjera (aunque esto podría requerir un cambio de actitud del régimen actual o un cambio de régimen), e incrementar la producción.

Es posible que, con ayuda externa y condiciones políticas favorables, Venezuela pudiera duplicar su producción hasta 2 millones de barriles diarios en un plazo de dos años y bastante más en el largo plazo. Una expansión de este tipo alteraría el equilibrio global del petróleo. No resulta difícil entender por qué un alineamiento de Venezuela bajo la égida de EEUU podría mejorar la seguridad energética estadounidense y, por extensión, la de Occidente.

Repercusiones políticas de largo plazo: nuevo foco en las esferas de influencia

Más allá de las consideraciones inmediatas del mercado, el giro en Venezuela podría acarrear consecuencias geopolíticas de largo plazo. Si Estados Unidos se afirma de manera unilateral para avanzar objetivos económicos o políticos, podría sentar precedentes que resuenen en otras regiones. También le dificultaría condenar acciones similares de otros en el futuro.

Es plausible un retorno a un mundo de “esferas de influencia” delimitadas: China ejerciendo predominio en Asia, Estados Unidos reforzando su posición en las Américas y Europa navegando dinámicas complejas con Rusia. La transición venezolana podría ser, por lo tanto, un microcosmos de un realineamiento global más amplio, al que los inversores tal vez deban ajustarse activamente.

Mirando hacia adelante

Es poco probable que el giro político de Venezuela provoque una repricing generalizada de los mercados en el muy corto plazo. Sin embargo, sus implicancias —para la oferta energética, los bonos soberanos de mercados emergentes, las tensiones geopolíticas y la diversificación de las cadenas de suministro— merecen un seguimiento continuo.

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