"Estamos jugados": el relato de un uruguayo que espera el huracán Irma

El ciclón llegará el domingo por la mañana y los ciudadanos están tapiando puertas y ventanas
"Ahora ya estamos acá, tenemos que aguantar. Esperemos que no sea tan grave". Ricardo Bernasconi es uruguayo y vive en Miami (Estados Unidos) hace 25 años, pero nunca en su vida se asustó tanto por un huracán como ahora. Cuando El Observador lo llamó, estaba tapiando su casa porque se va a refugiar en su negocio, un supermercado con una "estructura sólida" en donde tiene comida y agua para los próximos días.

Bernasconi se arrepiente de no haber viajado a Nueva York para alejarse del huracán Irma, el más potente desde que se tiene registros y que azotará el estado de Florida el domingo por la mañana. De todos modos, reconoce que no le hubiera alcanzado el dinero para pagar los pasajes, porque a una amiga de él le cobraron US$ 1.500 por ir en avión de Miami a Tampa. Sí, US$ 1.500 por un vuelo de 40 minutos.

"Fui a echar gasolina y demoré una hora. Agua ya no queda y en la televisión le avisan a la gente que no vaya al aeropuerto porque no hay pasajes", afirma. También se agotaron los clavos, porque las personas están tapiando puertas y ventanas antes de que llegue el ciclón. Algunos saben que perderán todo, otros tienen casas mejor construidas y mantienen las esperanzas de rescatar algo. Sea como sea, todos son conscientes de que el huracán Irma dejará una huella en la ciudad.

Barbuda huracán Irma

Bernasconi no sabe qué es peor, si el antes o el después del huracán. Reconoce que va a ser difícil llegar a su casa el domingo por la tarde –cuando ya haya pasado todo- a ver en qué estado quedó. Pero también lo pone muy nervioso lo que vive ahora, cuando la ruta de los vientos todavía no está definida y cambia a cada hora. "Mi suegra está ahora acá porque vino a visitarnos desde Uruguay y está como loca", cuenta.


Y si bien él y su familia están más acostumbrados a convivir con huracanes, nunca habían visto uno así. Según datos de los servicios meteorológicos, Irma presentó vientos sostenidos de 295 km/h durante más de 33 horas y así batió el récord del supertifón Haiyan, que en 2013 alcanzó en Filipinas los mismos vientos pero solo durante 24 horas. En otras palabras, Irma es el huracán más peligroso de la historia.

"Los hispanos somos de dejar todo para último momento, somos de dormirnos más que los estadounidenses", dice el uruguayo. De todos modos, afirma que hay una preocupación "muy grande" entre los habitantes de Florida y el gobierno también trabaja para que la gente evacue. Aunque al principio había inmigrantes ilegales que no querían ir a los refugios por miedo a que los deportaran, un aviso oficial en la televisión disipó esas dudas y aclaró que no tomarán medidas en esos casos. "Dijeron que lo primero es la vida", agrega Bernasconi.

En el ojo de la tormenta

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Silencio. No se escucha nada cuando pasa el ojo del huracán. En ese momento la gente comienza a salir de las viviendas porque parece que la tormenta terminó. Sin embargo, todavía falta la peor parte: el segundo azote del ciclón.

Aunque los servicios meteorológicos prevén que el ojo de la tormenta pase por Miami, la ruta puede cambiar. De todos modos, el gobierno alerta a los ciudadanos de que no salgan a las calles cuando se calme el viento, porque todavía puede quedar otro golpe del huracán. "Eso es lo más peligroso. Cuando pensás que terminó todo y salís a ver los daños, llega la segunda parte y te puede matar", agrega Bernasconi.

El uruguayo cuenta que en otros huracanes vio pedazos de cuadros en las calles y cientos de techos volados. Y aunque su casa "está bien construida", él no descarta que sufra daños. Por ese motivo tiene un seguro contra fenómenos climáticos y el dinero para los arreglos no es su principal dolor de cabeza. Según él, "una que otra" aseguradora se va a fundir después del paso del ciclón.

En pleno verano, otra preocupación de los habitantes de Miami son los cortes de luz previstos para los días después de la tormenta. Algunas zonas de Miami se quedarán sin energía eléctrica durante al menos dos semanas porque tendrán que rehacer todo el cableado. En otros barrios, como el de Bernasconi, el apagón no será tan prolongado pero también se hará sentir.

"Te dejo porque tengo que seguir ayudando a mi hijo a tapiar las ventanas –dice Bernasconi antes de cortar–, queremos terminar rápido. Ojalá esté todo bien, ya estamos jugados".


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