Hoy 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes entre 2 y 17 años han sido sometidos a algún método violento de disciplina por parte de su padre, madre o algún adulto del hogar. Esta disciplina va desde el castigo físico a la agresión psicológica. Además, 1 de cada 5 viven en hogares donde su madre, u otra mujer a cargo de su cuidado, ha sufrido violencia por parte de su pareja o expareja. Los datos surgen de la encuesta sobre prevalencia del uso de disciplina violenta y la exposición a la violencia contra la mujer en la infancia y adolescencia realizada por UNICEF en Uruguay en 2025 y presentada esta semana.
Desde la edición anterior de esta encuesta, elaborada por UNICEF y el Ministerio de Desarrollo Social en 2013, se evidencia una reducción en el uso de disciplina violenta hacia niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, estos niveles de prevalencia de la violencia hacia la infancia, que se reportan en igual medida en todos los niveles socioeconómicos, aún son muy preocupantes. En este escenario se estima que la cantidad de niños, niñas o adolescentes entre 2 y 14 años sometidos a castigos físicos severos en sus hogares no ha tenido modificaciones sustanciales.
La violencia contra la infancia y la adolescencia y la violencia contra la mujer en el hogar no son fenómenos aislados: comparten raíces comunes, como las creencias sociales profundamente arraigadas (por ejemplo, considerar estas agresiones cómo “normales”) y, que se refuerzan mutuamente.
Crecer en ambientes violentos tiene consecuencias importantes en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes. Además de ser una violación a sus derechos, ser víctimas de maltrato físico, psicológico, sexual o estar expuesto a la violencia contra la mujer, puede afectar gravemente el bienestar, el desarrollo físico, emocional y el desarrollo de relaciones sociales de los niños, niñas y adolescentes en el presente y en el futuro. A su vez, quienes crecen en hogares donde se ejerce violencia contra las mujeres, tienen más probabilidad de internalizar modelos negativos de relacionamiento que pueden reproducirse en su vida adulta, perpetuando el ciclo de violencia.
En ese sentido, UNICEF estableció como una de sus prioridades estratégicas, tanto a nivel global como nacional, la erradicación de todas las formas de violencia contra niños, niñas y adolescentes; incluyendo el castigo físico, el maltrato emocional y también la exposición de niños y niñas a la violencia contra la mujer en el hogar. Su estrategia global de protección a la infancia tiene como uno de sus pilares centrales la visibilización y sensibilización de esta problemática, con el objetivo de incidir en las normas sociales que habilitan los comportamientos violentos.
Otro de los pilares fundamentales dentro de la estrategia de UNICEF es la generación de datos y evidencia. Contar con información periódica y sistemática sobre la prevalencia de la violencia hacia niños, niñas y adolescentes en los distintos ámbitos, es clave para diseñar e implementar políticas públicas eficaces que garanticen entornos seguros y protectores para la infancia y adolescencia.
A excepción de la ENDIS, liderada por Uruguay Crece Contigo, el Ministerio de Salud Pública y el Instituto Nacional de Estadística (INE), con el apoyo de UNICEF, Uruguay no produce regularmente datos sobre prevalencia de la violencia contra la niñez. La falta de medición regular de la prevalencia de la violencia no permite seguir la evolución del fenómeno en los distintos ámbitos. Esto, entro otras cosas, dificulta saber si la capacidad de detección y atención de situaciones de violencia es realmente la adecuada y planificar mejores respuestas.
Si bien Uruguay cuenta con un sistema de detección y atención a la violencia contra la infancia, aún es necesario desarrollar una respuesta integral de prevención, detección y abordaje de la violencia. Las estrategias para interrumpir y reparar la exposición a la violencia implican identificar quiénes están siendo víctimas de violencia en un hogar e intervenir para transformar la situación de cada uno y el contexto, incluyendo el trabajo con quienes agreden. Esto requiere organismos e instituciones con una mirada más amplia y articulada, que contemplen la interrelación entre la violencia contra la niñez y la violencia contra las mujeres.
Al mismo tiempo, es imperioso el trabajo en prevención, para que la sociedad reconozca como inaceptable la violencia cotidiana contra que viven miles de niños y modifique las pautas de relacionamiento abusivo entre mujeres y varones y entre adultos, niñas, niños y adolescentes. En ese sentido es clave el trabajo en diferentes ámbitos, desde el interior del hogar hasta los barrios, los centros educativos y todos los espacios de convivencia social.
La priorización de la infancia en la definición del próximo presupuesto quinquenal es una buena noticia, que deberá traducirse en políticas eficaces para el abordaje de los temas que más afectan a los niños, niñas y adolescentes en Uruguay hoy, entre los cuales la violencia ocupa un lugar central. El país tiene las condiciones para garantizar un futuro libre de violencia y para acompañar a todas las familias en el cuidado de sus niños y niñas. UNICEF seguirá comprometido a apoyar al Estado y a la sociedad para lograrlo.