En un contexto atravesado por la aceleración tecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial, las organizaciones enfrentan un cambio de paradigma. Ya no se trata de equilibrar tensiones, sino de tomar decisiones. Ese es uno de los principales mensajes que dejó el evento “Tendencias Globales de Capital Humano 2026”, organizado por Deloitte Uruguay en Sinergia Faro, con la participación de Lucía Muñoz, socia de Capital Humano de Deloitte S-LATAM, y Daiana Beitler, Socia de Tecnología y Transformación.
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“El año pasado hablábamos de tensiones que había que navegar. Hoy estamos en un momento distinto: hay que decidir cómo combinamos personas y tecnología, cómo generamos confianza en su uso y cómo potenciamos la productividad a partir de eso”, explicó Muñoz.
El informe global de la Firma refuerza esta idea, ya que el 70% de los líderes empresariales identifica la agilidad y la velocidad de adaptación como su principal estrategia competitiva para los próximos tres años. En un entorno donde los cambios en el mercado, la tecnología y las expectativas de las personas ocurren en tiempo real, los modelos tradicionales —basados en planificación extensa y ejecución predecible— comienzan a perder vigencia.
La deuda pendiente de la inteligencia artificial
Uno de los hallazgos más contundentes del informe tiene que ver con la brecha entre inversión y resultados en inteligencia artificial. Si bien muchas empresas están destinando recursos significativos, los retornos no siempre cumplen las expectativas.
“Cuando hacemos un doble clic, vemos que el 93% de la inversión en inteligencia artificial va a tecnología, y solo un 7% a preparar a las personas para usarla”, señaló Muñoz. “Ahí es donde está el problema, no alcanza con incorporar herramientas; hay que generar confianza en su uso, asegurar la calidad de los datos y desarrollar capacidades en los equipos”, agregó
En esa línea, el estudio revela que las organizaciones con un enfoque centrado exclusivamente en la tecnología tienen 1,6 veces más probabilidades de no alcanzar los retornos esperados, en comparación con aquellas que priorizan a las personas.
La ventaja competitiva está en lo humano
Lejos de lo que podría suponerse, el diferencial ya no está en la tecnología en sí misma. “La ventaja competitiva está en lo humano”, afirmó Muñoz. “Hoy todos trabajamos con inteligencia artificial, pero lo que marca la diferencia es cómo la usamos”, puntualizó.
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El informe sostiene que, en un escenario donde la tecnología es cada vez más accesible y replicable, el valor se genera a partir de capacidades humanas como la adaptabilidad, la creatividad y el criterio en contextos de incertidumbre. La clave, entonces, está en reimaginar el trabajo para integrar de forma efectiva a las personas y las máquinas.
Esto implica ir más allá de un modelo en el que ambos operan en paralelo, para avanzar hacia una verdadera colaboración. En ese proceso, cobran relevancia aspectos como la cultura organizacional, la confianza en los datos y la claridad en la toma de decisiones.
Tres decisiones que no se pueden postergar
El informe identifica tres grandes puntos de inflexión que están redefiniendo el futuro del trabajo. El primero es el pasaje de un modelo “humano + máquina” a uno “humano × máquina”, donde la sinergia entre ambos se vuelve central.
El segundo implica dejar atrás la lógica de eficiencia basada exclusivamente en la reducción de costos, para avanzar hacia la creación de valor, con foco en la innovación y el potencial humano.
Y el tercero plantea el cambio desde estructuras rígidas hacia una “orquestación dinámica” de capacidades, donde las organizaciones deben ser capaces de reconfigurar talento, habilidades y recursos en tiempo real.
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Liderar en la incertidumbre
En este nuevo escenario, el rol del liderazgo también se transforma. La superposición de presiones —tecnológicas, económicas, sociales— genera un entorno donde la indecisión puede tener costos significativos.
“Los líderes hoy saben que tienen desafíos, pero muchas veces les cuesta actuar con decisión”, plantea el informe. Sin embargo, las organizaciones que logran destacarse son aquellas que ven estos puntos de inflexión como oportunidades y no como amenazas.
Para Muñoz, el camino es claro: “Tenemos que asegurarnos de que nuestros líderes sepan cómo trabajar con esta información, cómo usar la tecnología y cómo generar entornos donde las personas puedan realmente destrabar su productividad”.
En definitiva, el estudio deja claro que la reinvención dejó de ser un proceso puntual para convertirse en una condición permanente, y que en ese camino la tecnología cumple un rol central, aunque el verdadero diferencial continúa estando en lo humano.