Son los invitados que nadie quiere oír llegar, indeseables que amenazan con arruinar la fiesta. El primero de ellos, y que circula hasta ahora con cierta indiferencia, es el COVID-19. Cuatro años después del inicio de la pandemia, el coronavirus ha hecho una inesperada aparición en la piscina de La Défense Arena durante los Juegos Olímpicos 2024.
Al menos dos atletas, incluido el subcampeón olímpico Adam Peaty, fueron diagnosticados con la enfermedad respiratoria más “competitiva”. Menos virulento, pero aún presente, el medallista de plata recibió un diagnóstico positivo a inicios de semana. El nadador británico sufrió un repentino regreso a la realidad desde la gloria. Fue un llamado de atención que este virus respiratorio le hizo a este atleta de 29 años, quien espera poder volver a competir en las pruebas de relevos más adelante, aunque el programa de natación siga su curso.
En el quinto piso del Hospital Tenon, muy cerca de la mairie del 20eme, los médicos del servicio de enfermedades infecciosas, así como el resto de profesionales sanitarios, están muy conscientes de los diversos riesgos epidémicos que expone un evento global en París. Las consecuencias de otras inoportunas visitas son muy reales. Los equipos de salud llevan meses advirtiendo que los miles de turistas llegados de todo el mundo son potenciales propagadores de virus o bacterias.
Además del COVID-19, se alerta sobre infecciones transmitidas por mosquitos como el dengue y el chikungunya, así como infecciones de transmisión sexual (ITS) como la viruela del mono. En París se habla de un boom de las ITS, de las cuales cuatro son actualmente curables: sífilis, gonorrea, clamidiasis y tricomoniasis. En este contexto, París 2024 ha prohibido el uso de aplicaciones de encuentros en la Villa Olímpica para minimizar los riesgos de su contagio.
Para estos primeros Olímpicos con público desde la pandemia de COVID, las autoridades francesas han evaluado distintos riesgos para la población. Se apuntan otros como intoxicaciones alimentarias, efectos de una explosión de calor, riesgos asociados a los movimientos de multitudes o ataques a los sistemas de emergencia de la ciudad. Según el jefe de infectología del Hospital Tenon, Profesor Gilles Pialoux, puede haber hasta amenazas bacteriológicas y otros riesgos naturales asociados.
En este contexto, las mascarillas en las calles son una vista frecuente. Incluso los más previsores las llevan en espacios de alta concentración de público, viéndose en estadios. Su presencia es testimonio inmediato de que el SARS-CoV-2, aunque debilitado, sigue siendo altamente contagioso. A diferencia de los Juegos de Tokio, París 2024 no ha previsto normas específicas para contrarrestar su propagación, dejando la responsabilidad en manos de los deportistas y sus equipos de dirección. Los gestes de barrière para detener su propagación parecen cuestiones de un pasado remoto.
Por otro lado, el año 2023 estuvo marcado por un descubrimiento sin precedentes en Île-de-France. Un residente de Limeil-Brévannes contrajo dengue sin haber viajado recientemente a una zona de riesgo, lo que indica que el mosquito que lo infectó había picado previamente a un paciente en la región de París. Con este evento deportivo y sus millones de turistas de todo el mundo, la región parisina no está exenta de una epidemia de dengue. Los casos no se limitan a la ville capitalina, sino también a Nantes, que acogerá eventos futbolísticos. La Dirección General de Salud (DGS) de Francia ha identificado una cuarentena de riesgos y amenazas.
Volviendo al dengue, Antoine Flahault, director del Instituto de Salud Global de Ginebra, revisó los casos de enfermedades transmisibles durante la Copa Mundial de Fútbol de 1998 en Francia. Con la promiscuidad y las celebraciones, se temían epidemias de gérmenes exóticos traídos por delegaciones, pero no se observó ningún impacto particular. Podría haber casos de dengue, pero no se espera una gran epidemia de arbovirus en esta temporada, y en especial dado que el calor en este caso es una buena noticia para evitar las infecciones respiratorias, que no se propagan fácilmente en el verano.
Este escenario predispone a las autoridades francesas para estar alerta y detectar una posible señal débil de una alerta infecciosa. Se examinan en tiempo real varios elementos, incluyendo retroalimentación de profesionales sanitarios, datos de seguimiento ambiental como aguas residuales, visitas a urgencias y noticias internacionales. Ya se han realizado varios ejercicios a gran escala, especialmente relacionados con el riesgo de infección alimentaria.
Queda por ver si el sistema hospitalario estará preparado para una posible afluencia de pacientes intoxicados o infectados por el mismo virus respiratorio. Tradicionalmente, la situación en las urgencias es muy tensa en verano. Se han previsto 800 plazas médicas y paramédicas adicionales en 80 servicios de Asistencia Pública-Hospitales de París (AP-HP). Para los atletas y las delegaciones, se instaló una clínica temporal en la villa olímpica, gestionada por la AP-HP. El otro riesgo es un sistema sanitario en estado de agotamiento, con reclamos de mejoras constantes.
Competencia en el Sena: ¿a qué Costo?
Nadar en el Sena ha estado prohibido desde 1923 por una buena razón: el río es un auténtico cóctel de bacterias. Escherichia coli y enterococos, responsables de gastroenteritis e infecciones urinarias, están presentes en sus aguas. Y no olvidemos la leptospirosis, o "enfermedad de las ratas", que puede ser grave e incluso mortal. El París de “Ratatouille”.
La calidad del agua ha sido motivo de duras críticas, a pesar de los 1.500 millones invertidos para “sanearla”. La atleta belga Jolien Vermeylen, que terminó en el puesto 24 en la carrera, expresó su descontento: "Bebí mucha agua, así que mañana sabremos si estoy enferma o no. Obviamente no sabe a Coca-Cola o Sprite. Mientras nadaba bajo el puente, sentí y vi cosas en las que no deberíamos pensar demasiado".
Los atletas, conscientes de estos peligros, tomaron varias precauciones: cubrieron sus heridas con vendas y apósitos, tomaron antibióticos preventivos y algunos incluso se vacunaron contra la leptospirosis, aunque la vacuna requiere tres dosis para ser eficaz. "Tomé probióticos, tomé mi Yakult, no pude hacer más", comentó la atleta, reflejando la preocupación generalizada. Los miembros del equipo británico recibieron sus vacunas contra la hepatitis y completaron un tratamiento con antibióticos.
La pregunta que queda en el aire es si realmente valía la pena arriesgar la salud de los atletas permitiendo que compitieran en un río con tanta contaminación. Con cortes y heridas de diversos choques, caídas y deslizamientos, los deportistas se vieron expuestos a un entorno que podría tener consecuencias graves para su salud. ¿Fue un riesgo nadar en el Sena? La respuesta parece inclinarse hacia el sí, y su experiencia debería servir como una advertencia seria para futuras competencias en aguas ‘cuestionablemente’ seguras.
Está por verse si estos atletas pasan esta competencia, la de las infecciones del Sena. Por ahora, es solo un triunfo estético.