Mediáticamente, el episodio del 25 de agosto del 89. Desde el punto de vista de impacto mediático, por la complejidad del episodio. Segundo: episodio completo, llamativo y riesgoso después del tiroteo del Liberaij en el año 1965 en la calle Julio de Río. Es que irónicamente yo tenía 12 años en aquella época y vivía a 150 metros y lo viví peor, desde otro ángulo. E irónicamente también viví ese episodio porque el jerarca —la jerarquía de la Metropolitana que gestó el ingreso al apartamento— estuvo acuartelado ahí adentro, atrincherado: Pascual Cirilo era familiar de mi futura señora más adelante, irónicamente. Así que conocí la historia de adentro. Ese episodio marcó mediáticamente en cuanto a impacto, pero internamente, interiormente, hay dos episodios que marcaron más: la mediación que tuve que hacer en la Tablada, en un motín de jóvenes infractores que estaban amotinados con un funcionario retenido, por un lado; y la entrega de un joven —Martín— que pide que yo lo conduzca a la sede judicial con el doctor Bomero antes de ser baleado por la policía, pero de rebote, porque todo se relaciona con el delito y el ámbito delictual, que también lo había en la Tablada, en una persecución donde un joven, a la larga —yo me entero en La República—, en mi presencia y la del equipo se había evitado que la policía lo matara, en una persecución que empezó en Paraguay y 18 y terminó ahí en la zona de Ruta 5, en la Tablada. Me enteré ocho meses después, ellos están haciendo una huelga de hambre y dicen: “A mí me salvó Almendras, el equipo”.
Tu oficio te ha llevado al límite de la vida, de la guerra.
Es una crónica que te lleva al hilo, al límite, que cometés errores, no cometés errores, todos cometemos errores, que te podés equivocar. No hay cronista policial que no haya ido a sedes judiciales. El último episodio fue en 2010, muy poco antes de que se me cesara del canal. Una gran interrogante que tengo fue el gatillo fácil del barrio Marconi, que ahora se repitió otra vez hace poco tiempo, si la memoria no me falla, pero en el Cerro Norte. Filmamos una persecución de presuntos autores de una rapiña en los pasadizos del Borro, y allí se le da muerte a una persona que no tenía nada que ver. Está filmado y registrado. Tuvimos que ir al juzgado, al camarada aficionado, porque el registro gráfico entró en la sede judicial. Y eso involucró a policías que tuvieron que ser separados de su cargo, creo que un año, y después, a instancias del señor ministro Bonomi, abogó al extremo y después recuperó la libertad. El gatillo fácil nos pone en situaciones extremadamente límites.
Mirándolo en retrospectiva, ¿has descubierto algún episodio en el que ya hayas dicho “acá no estuve bien”?
Sí, puede ser. No estuve bien, o no se dieron las circunstancias para estar bien. No hay ninguno concreto en el que yo entienda que quizás haya habido una mala acción, digamos. He ido a declarar por un episodio allá en la zona de Pajas Blancas, con colegas de Canal 4. Después vino otro más adelante, pero… en realidad son episodios que hacen parte de nuestra profesión. El caso de una bebita: fuimos, Santiago Bernaola y Nazario Sampayo, fuimos a ser demandados, y una demanda salió al canal, pero nos equivocamos tres periodistas, hubo tres presentadores del noticiero, tuvieron injerencia los mandos medios que deciden la salida de una noticia, no Almendras, no Zampayo; entonces eso fue una situación que no involucró a Almendras solo, involucró a cada uno en su medio; entonces fueron los tres periodistas, o los tres medios, ¿nos tenemos que suicidar por esa situación? ¿Fue un error, no fue un error? Eso lo dirá la Justicia, y se la hago, pero cuando se trabaja en la calle se corren sus riesgos. Ese fue uno.
¿Hoy lo hubieses resuelto distinto, el caso de la bebé, por ejemplo?
No creo, no. No puedo, ahora, con el día de hoy, no puedo decir; cada caso tiene su particularidad, cada situación tiene sus circunstancias y su tiempo, y hay que estar en el baile para determinar; no lo sé, hoy no sé si hubiera. En principio creo que sí, porque si tres periodistas lo hicimos, si los tres lo hicimos, es porque entraban las generalidades de la ley; no es que yo o Zampayo cometimos una impericia por el motu proprio; si los tres, que ni siquiera nos estábamos viendo —el uno está allá y el otro está a 100 metros—. Querían básicamente acusarnos. Si no nos hemos confabulado, las circunstancias se dieron con esa información, yo tengo que preguntar, plantear la duda. El señor forense está fallecido, yo tengo elementos para decir que pudo haber habido una manipulación, no tengo las pruebas, pero fue más fácil construir el lío por el lado más fino, con los tres medios de comunicación; no es Almendras solo, se hicieron demandas a los tres canales. Los tres periodistas —según ellos— estábamos equivocados, estábamos… estábamos alcoholizados, estábamos drogados.
¿Y qué te dijeron ahí los mandos, en tu caso?
Los mandos medios enfrentaron la situación, me enteré después, no me enteré de muchos hechos. Zampayo dijo: “A mí la empresa me respalda, porque no hemos cometido ningún error.” Es decir, hubo lamento por la familia, obviamente, ahora, evidentemente, igual, han muerto las personas, naturalmente, no puedo dar elementos que pudieran haber… a mi entender, la idea de que hubo un error del señor forense, no lo sé, no lo puedo hacer, el fallecido no puede hablar, y estamos hablando de algo incluso a destiempo, porque todo ha prescrito, absolutamente. Quieren atacarme por eso, ¿cuál es el problema? No tengo por qué defenderme de algo que hemos compartido tres medios y tres colegas.
¿Notás cambios en cuanto a la cobertura policial en comparación con tu época de trabajo profesional? ¿En dónde estás viendo esas diferencias?
En la forma de las coberturas, en cómo el periodista llega a la escena del hecho. El periodista policial tiene que estar en la calle. Hay una realidad diferente; nosotros teníamos el celular, no existía; teníamos los teléfonos, las fuentes, las fuentes de confianza y la radio policial. Esas eran nuestras herramientas, y un buen vínculo del periodista. Porque estamos hablando de Almendras, del libro de Almendras, pero el libro de Almendras representa, y es un homenaje, a los trabajadores de la prensa: al chofer, y al camarógrafo, reportero gráfico, sea cámara o fotógrafo, y al periodista.
¿Son todos periodistas, no?
Todos, de alguna manera. Los tres tienen que tener una armonía, porque en una situación de riesgo depende de que mi vida dependa de que el chofer me saque a tiempo, o yo lo saque a tiempo. Ese es uno de los aspectos. El otro aspecto es, obviamente, que el Ministerio del Interior tiene que tener un buen vínculo con el periodismo policial. Cuando yo hablo de mi libro, Almendras, se está hablando de una generación: Nano está fuera de circulación, Almendras todavía sigue en batalla con este libro, que ahora me expone a los odios y a los amores. Y sí, hay una crónica policial diferente; no quiero denostar a los jóvenes que están trabajando, que lo hacen, pero hay situaciones que se encaran diferente, porque también las formas de vínculo, como el Ministerio del Interior, como la Policía, son diferentes; es todo WhatsApp, mensajes de WhatsApp, alguna fuente que… pero no existe. Si defendemos la democracia, tenemos que defender al cronista policial, como en ese caso: mi presencia en un episodio evitó un abuso, evitó matar a esa persona. La prensa tiene que tener una función garantista, pero si la prensa es apartada, distanciada, ya no estamos dentro de un ámbito democrático… Antes, los cronistas policiales de diarios, canales y radios tenían una acreditación firmada por el Ministerio del Interior que decía “cronista policial”; había una oficina de prensa de periodistas policiales, y todos teníamos trato con los mandos medios, jerarcas, policías y jefe de policía.
¿Y vos creés que eso hoy no existe?
Yo no lo veo. Creo que no existe, creo, puedo equivocarme, bueno, pido disculpas si me equivoco, si existe, no de esa forma.
¿Sos de mirar el informativo?
No, los veo… primero son largos, son show, son showman, creo que han perdido. Porque también los canales de streaming han hecho una fractura, o sea, estamos en un ambiente diferente, esto pertenece a una época.
¿Tendría sus pros y sus contras?
Ahora está todo fragmentado. Los canales abiertos tienen serias dificultades para mantener un noticiero, tienen serias dificultades para mantener su programación, porque han surgido canales de YouTube, canales de streaming; los diarios tienen sus canales de streaming. El público tiene más acercamiento a otras subjetividades, a otras formas de trabajo. Eso ha generado también una distancia. Pero creo que la crónica policial no tiene la impronta de aquellos años, donde había un vínculo, una confianza, como existiría con el cronista parlamentario —los legisladores, los secretarios de los diputados, los cronistas parlamentarios, los cronistas de Presidencia igual—; los cronistas policiales teníamos esa impronta, y ese vínculo es en detrimento de la calidad de la información.
¿Entendés que hoy bajó la calidad de la información?
Más que hablar de la calidad de la información, lo que ha bajado son las posibilidades y los acercamientos que tiene la prensa para conocer la realidad de los hechos. Está más lejos, hoy la prensa está más lejos de la realidad. Yo tengo entendido que los jerarcas no pueden dialogar, no pueden hacerse entrevistas. Hay una oficina que se llama Unicom, hay un jefe de policía, el señor Azambuya, que lo conozco. Tengo hasta anécdotas cómicas con él, en la época aquella.
¿Por qué cómicas? Contanos.
Teníamos trato profesional, pero no cercano. Tengo una anécdota cómica con el pobre Azambuya, de hecho se va a acordar. Hubo un homicidio de un taxista en Lomas de Solymar, eso fue de madrugada; yo fui al día siguiente, por Canal 4, al lugar de los hechos, el taxi estaba en Policía Técnica, en la Dirección Nacional de Policía Científica, y fuimos, obviamente, a pedir permiso para el diálogo. Y en la puerta me dicen: “Mira, allá está el taxi”. Saco imágenes, de la mitad de la calle de San Martín, se puso con el zoom, saqué imágenes en el momento. Sale Azambuya, se puso como loco, me dijo: “Cierra el portón, esto no puede ser”, pero la imagen ya está. Así se trabaja en crónica policial, es decir, ¿estoy cometiendo un delito? No, pero el cronista tiene que hacer eso acá y en cualquier parte del mundo, sino el periodismo es un periodismo complaciente, que nunca hubiera registrado imágenes de Vietnam, que nunca hubiera registrado imágenes de la Segunda Guerra, que nunca hubiera registro de imágenes donde el periodismo, a veces en las dictaduras, lo primero que se elimina son los periodistas, reporteros gráficos, las cámaras; las cámaras son testigos peligrosísimos para los regímenes políticos, las dictaduras, los autoritarismos. Y hoy en día vivimos una época donde el periodismo tiene que tener un papel más confrontativo, que no lo tiene.
Hablabas de que el libro iba a generar odios y amores. Yo puedo imaginarme por dónde vienen, pero me gustaría saber por dónde te imaginás vos.
Nadie ha hecho este libro. Porque los colegas han incursionado en historias de delincuentes, historias de situaciones de sicariato, de narcos, de episodios de otra naturaleza, pero no han entrado en la historia del backstage, en el detrás de la escena de nuestro trabajo, por distintas circunstancias. Juan Pueblo me lo ha requerido, y yo también dije, bueno, si yo soy acá, ya soy hombre de archivo, entonces dije: ¿por qué no lo vamos a hacer? Estoy destacando y homenajeando a Hugo Modino, a Eduardo Giró, a figuras del ambiente, a los choferes, que al final pongo los nombres de los que me he acordado, a todos en general. Sería tonto que yo diga “no soy figura conocida”, no, una figura popular, que hizo trabajo, no dinero —porque decimos, con popularidad y fama, tengo dos mil dólares por segundo—, no, no, ha sido un sacrificio humano; mi familia se ha sacrificado, mis hijos, mis cuatro hijos, todos ellos han vivido lo que es, saben lo que es ser cronista policial; lo sabrán los hijos del señor Nano, la familia del señor Zampayo. Todos vivimos estrés y situaciones, presiones de la empresa, presiones del entorno, presiones de las que hemos hablado hace cinco minutos, en nuestro trabajo, y presiones que también están en juego. Esa es la realidad, y no es rentable. Y la crónica policial siempre fue el patio trasero de los medios, siempre fue el ojo de la crítica; ahora vendrán las críticas, hasta los colegas mismos van a criticar. Pero la crónica policial ha sido también fuente de rentabilidad para los medios informativos, hasta el día de hoy, y hoy más que nunca, porque hoy en día la criminalidad tiene otro elemento, otro actor de la escena social que se llama narcotráfico organizado, narcomafia, que no es un problema solamente de Uruguay, exógeno, es un problema global, gravísimo, donde está en juego la mafia italiana, la 'Ndrangheta, Cosa Nostra, pero sobre todo la 'Ndrangheta. Y si no, preguntamos por qué estuvo Rocco Morabito en Montevideo, o estuvo en el Conrad tomando té. El cronista policial tiene, y va a tener, más trabajo, porque la realidad del mapa social y del mapa criminal es más grave. Entonces, el periodismo policial va a tener que afianzarse, solidificarse y estabilizarse, y va a tener otra impronta, otro ADN, que yo, cuando tenga otro ADN, voy a estar en el camposanto.
En cuanto a los odios: sobrevolás en el libro tu salida de Canal 4, ¿no? Y dejás ahí evidenciado que hubo una “mano negra”, una “mano exógena” que te sacó. ¿Qué hay detrás de esa salida que de repente no quedó plasmado en el libro a cabalidad?
La respuesta institucional empresarial que dio el señor Ballarino junior, Adrián Ballarino, al que llamaba el gerente, está expresada en el libro: un tema económico, y las genuflexiones, porque tengo que ser honesto, no es que terminé mi trabajo y vino la secretaria a avisarme, pasé por Personal, que sé que lo han hecho con otros colegas, presentadores inclusive; no, el señor Madrid no me llamó. Si hubo algo que le molestó, no fue honesta ni transparente. Yo sé que siempre detrás de esas actitudes hay algo. También estaría pensando en no entrar en confrontaciones legales, un abuso, un destrato abusivo, distintas circunstancias legales. Pero pasaron los años y yo me entero —en aquel momento lo mastiqué, lo sospeché, pero pasaron años—, me entero de una situación que vivió otra persona, que no la voy a nombrar porque no tengo la autorización de hacerlo, que se relacionó con una cobertura policial de un mes antes de la cesantía, prácticamente de inmediato, sí, que fue mediática, porque me lo ratificó otra persona que vivió la misma cesantía, vivió la misma situación que yo, con la diferencia de que a mí me dieron el despido. ¿Y por qué? La pregunta es por qué, se la hago yo a la empresa.
¿Pero por qué esa cobertura marcaba?
La presencia de un medio de comunicación incomodó a ciertas personas y ciertas situaciones.
¿Qué más podés contar sobre eso?
No puedo entrar en detalles, solamente te puedo decir que hagas un cálculo: ¿qué pasó un mes antes en la crónica policial de Canal 4, o de los medios? Vas a darte cuenta, hubo un hecho, un hecho policial, que generó una movida que hubiera parecido divertida, pero lamentablemente hubo otro colega que vivió una situación mucho más jodida que yo, en esa misma cobertura, por esa cobertura. Pero esos son los riesgos, y esa es la intransparencia empresarial. Yo sé que yo estoy diciendo cosas, en el libro, que les comprenden las generales de la ley a todos los colegas que trabajan en radio, televisión y diario; no estoy diciendo nada que no se sepa y que no se quiera esconder, o que no se quiera publicar o transmitir, por aparentar, porque la hipocresía… o por transparentar, porque la hipocresía vence, no solamente en los medios. La hipocresía es un mal más grave que una nueve milímetros, en el mundo entero. Así está el mundo, como está: la hipocresía, el doble discurso, la doble moral, es más grave que una nueve milímetros.
¿Y eso lo estás viendo en los medios, o lo viviste en el mundo?
¿Me vas a decir que en los medios hay una total armonía? No es así. Entonces, yo estoy poniendo las cosas que nadie ha hablado, y creo que por decir las cosas con transparencia van a venir los odios. Yo no estoy autorizado a hablar de ese episodio ese… pero estoy investigando.
Seguís hurgando en esa historia.
Voy a llegar hasta las consecuencias, si se me permite, si el universo me permite, o el universo me lo va a dar en bandeja un día, porque la verdad, las verdades, siempre salen a la luz, históricamente, personalmente; siempre la verdad, más tarde o más temprano, va a salir.
¿Creés que han perdido independencia los medios, o los periodistas?
Sí, totalmente. Y se han perdido códigos, que es más grave. Los códigos, en el delito, es el reflejo: cuando se pierden códigos dentro del ambiente delictivo, de lo que la sociedad esconde bajo la alfombra, el sistema penitenciario es no patético, extremadamente patético. Hay colegas que están en función de lo partidario, a veces más que de lo profesional.
¿Los tenés identificados?
Yo no los identifiqué, se identificaron solos. No tengo por qué identificar, eso es un tema que tiene cada uno de nosotros, yo no tengo por qué identificar, pero los colegas sabemos muy bien quiénes están identificados con temas vinculados a política, internacional incluido. Yo no estoy desvariando, yo, en el libro, he expresado, quieren buscarme la quinta pata al gato, busquémela, no me hago ningún problema. Yo, a la edad que tengo y con lo que he hecho, no me van a modificar mi pensamiento ni van a modificar mi trabajo, porque mi trabajo ya fue, y es contundente.