¿Por qué el narcotráfico genera tanta violencia en Uruguay y en otras partes del mundo mientras que otros mercados ilegales no llegan a esos extremos? Un reciente estudio publicado en el European Journal on Criminal Policy and Research, elaborado por Gonzalo Croci y Joaquina Pérez, del Centro de Criminología y Seguridad Internacional de la Universidad ORT Uruguay, analizó información de 95 países entre 2021 y 2025 y combinó modelos estadísticos para medir la relación entre distintos tipos de mercados ilegales y la tasa de homicidios de cada país. El resultado principal es que la violencia letal no es un rasgo directo de la ilegalidad, sino que depende de varios factores, entre los que destaca el hecho de si el mercado requiere control territorial para operar, y si el homicidio perjudica o no al propio negocio.
En el análisis se señala que el tráfico de armas, por ejemplo, mostró la asociación más fuerte y consistente con el homicidio en todos los países y períodos analizados, porque no solo genera violencia propia, sino que multiplica la letalidad de los conflictos generados por otros mercados, como el narcotráfico. La cocaína también está vinculada a más violencia, ya que el negocio se organiza en torno a extensos corredores que conectan zonas de producción, rutas de tránsito, puertos y nodos de distribución mayorista, y la disputa por esos puntos estratégicos favorece el uso de la violencia como forma de regular el mercado. En cambio, la heroína y las drogas sintéticas mostraron una asociación negativa con los homicidios, un patrón que los autores atribuyen a que estos mercados funcionan con lógicas distintas: las rutas de heroína, suelen sostenerse con relaciones comerciales estables y gobernanza basada en la corrupción, mientras que las drogas sintéticas se producen en laboratorios móviles de pequeña escala, instalados muchas veces en apartamentos o galpones, lo que reduce la necesidad de disputar territorio para operar.
El estudio señala que si el éxito de la lucha contra el crimen organizado se mide solo por la baja en la tasa de homicidios, los mercados que no matan pero sí explotan personas, estafan o corrompen instituciones pueden terminar quedando fuera de la agenda pública, El estudio señala que si el éxito de la lucha contra el crimen organizado se mide solo por la baja en la tasa de homicidios, los mercados que no matan pero sí explotan personas, estafan o corrompen instituciones pueden terminar quedando fuera de la agenda pública,
El estudio propone un marco de "gobernanza de mercado" para explicar estas diferencias, vinculando los patrones de violencia letal al grado de control territorial que exige cada mercado, su nivel de organización logística y su grado de exposición a la persecución estatal.
Los mercados que no generan violencia letal
Un hallazgo acerca del que llama la atención el estudio es el de la trata de personas, el tráfico de migrantes y la extorsión, ya que ninguno mostró una asociación sistemática con la violencia letal. Según el estudio, esto no ocurre por ausencia de coerción, sino porque el homicidio resulta contraproducente para la lógica económica de estos negocios, elimina el activo del que dependen , corta la fuente de ingresos y expone a la organización a una represión mayor por parte del Estado.
Los autores plantean que este hallazgo tiene consecuencias directas para el diseño de las políticas de seguridad, tanto en Uruguay como en el resto de la región. Así, señalan que si el éxito de la lucha contra el crimen organizado se mide solo por la baja en la tasa de homicidios, los mercados que no matan pero sí explotan personas, estafan o corrompen instituciones pueden terminar quedando fuera de la agenda pública, simplemente porque no generan el mismo impacto mediático que un ajuste de cuentas.
El escrito señala que el combate al crimen organizado debe “entenderse de manera más amplia, ya que junto a ese fenómeno conviven mercados que generan un daño considerable con mucha menor visibilidad pública y con mucho rédito económico”. El escrito señala que el combate al crimen organizado debe “entenderse de manera más amplia, ya que junto a ese fenómeno conviven mercados que generan un daño considerable con mucha menor visibilidad pública y con mucho rédito económico”.
Esto, dicen, no implica restarle importancia a las políticas de combate al narcotráfico en Uruguay, dado que es el mercado que genera mayor violencia, advierten el documento.
Señala no obstante que el combate al crimen organizado debe “entenderse de manera más amplia, ya que junto a ese fenómeno conviven mercados que generan un daño considerable con mucha menor visibilidad pública y con mucho rédito económico”. “Estos mercados no solo generan menos violencia, sino que suelen ser también los más rentables y los que sostienen al resto de la economía criminal. La ruta de los Balcanes, uno de los circuitos de opiáceos y drogas sintéticas más rentables del mundo, mueve entre US$ 13.900 y US$ 21.400 millones al año según la UNODC, sin generar los niveles de violencia que sí produce el narcotráfico en América Latina”, observan los autores del estudio.
Consideran que algo similar ocurre con el lavado de activos, ya que países como Panamá concentran una alta exposición a flujos financieros ilícitos que sostienen y potencian al resto de las economías criminales, sin dejar un solo homicidio a su paso. Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), Uruguay lidera el consumo de cannabis, éxtasis y opioides en América Latina. Algo similar ocurre con la trata de personas. El Informe sobre la Trata de Personas 2025 del Departamento de Estado de Estados Unidos mantuvo a Uruguay en el Nivel 2 (quiere decir que el país no cumple totalmente con los estándares mínimos para eliminar la trata, aunque realiza esfuerzos) y señaló que las autoridades identificaron 286 víctimas en 2024, frente a 208 el año anterior, un aumento del 38%.
En consecuencia, el informe señala que es importante considerar aquellos mercados violentos y mayormente visibles, pero también aquellos que generan un efecto negativo considerable para la sociedad pero no llegan a los titulares de los medios de comunicación.