¿Por qué ANCAP se dedicó al negocio de los alcoholes? La respuesta radica en el segundo gobierno de José Batlle y Ordóñez. “Si bien ANCAP se fundó con Batlle y Ordónez ya muerto, fue la época en la que se crearon las empresas estatales y él tenía la idea de que el alcohol fuese un combustible”, explica Bajac.
El alcohol se le dio a ANCAP porque iba a ser uno de los combustibles para los automóviles uruguayos. “Soñaba con un carburante nacional que le diera independencia económica al Uruguay”, escribió el periodista Leonardo Haberkorn en un reportaje de 2009, incluido en su libro Historias uruguayas.
Por eso, en 1912 se creó el Instituto de Química Industrial, que tenía como cometido generar combustible a base de alcohol. Aunque por 1923 hubo pruebas y ensayos que tuvieron éxito (incluso el Renault de Batlle y Ordóñez y los autos de otros políticos se movieron con un combustible que mezclaba nafta y alcohol), el proceso se diluyó.
Creado ANCAP, volvió a existir la intención de desarrollar un combustible nacional a base de alcohol. “Como esas investigaciones se suponían caras y deficitarias, se tuvo una idea explosiva: que Ancap fabricara bebidas alcohólicas cuya venta dejara ganancias que permitieran financiar el desarrollo del carburante nacional”, escribe Haberkorn.
El tema llevó debate parlamentario. Por un lado, a quienes les convencía la idea de lograr un combustible que dependiera de nuestra agricultura, y por otro a quienes les preocupaba que el Estado promocionara el consumo de alcohol. Dentro de los convencidos estaba, por ejemplo, Luis Batlle Berres y, dentro de los detractores, diputados como el socialista Emilio Frugoni.
Finalmente, CABA se creó en 1931, dos años antes de que la ley seca en Estados Unidos fuera levantada. Aunque nunca se llevó a cabo la investigación de un combustible a base de alcohol, en 1932 ya se estaban fabricando bebidas alcohólicas destiladas.
Primero, la grapa. En 1934 la caña. “En 1936 ya se fabricaba toda la caña y la grapa que se consumían en el país y hasta se exportó a la Argentina”, dice Haberkorn en su investigación. Luego vino el Cognac y en 1946 se vendió la primera partida de whisky. En 1948, el ron.
El whisky fue un éxito. En parte, por la sanidad asegurada y, en parte, por el precio accesible. Según informó Haberkorn, en 1960 se vendieron 3 mil litros, en 1970 se vendieron 332 mil litros, en 1988 se vendieron más de 2 millones de litros. Se transformó enseguida en la bebida más vendida por ANCAP.
Whiskys, hubo dos. El Añejo, de malta uruguaya, y el conocido whisky uruguayo Mac Pay (“mac” para que sonara escocés y “pay” porque se hacía en Paysandú). Un whisky que, en sus orígenes, llegó a llamarse Whisky ANCAP, pero que luego tuvo dos versiones: el Mac Pay estándar y el Mac Pay etiqueta negra, que tenía mayor añejamiento y maltas escocesas en su fórmula.
La caída del jugador local
La década del 90, en cambio, fue bastante más trancada. El precio del dólar bajo, lo que significó que los whiskys extranjeros fueran más competitivos, la creación de los free shops y la diversificación de marcas locales. Además, recoge Haberkorn, “el Mercosur hizo que el whisky argentino Criadores entrara a Uruguay con arancel cero”.
“Cuando uno tiene un déficit por una determinada actividad, ese déficit , o eso que pierde, lo tiene que cargar a otro sector de la misma actividad. Quiere decir que si pierdo en alcoholes, lo tengo que pagar en el precio de la nafta. Si pierdo en portland, lo tengo que pagar en la nafta”, declaró el entonces presidente Jorge Batlle.
Era mayo de 2002 cuando dijo eso y Uruguay atravesaba una de sus crisis económicas y financieras más brutales. En ese contexto, es que CABA tenía un déficit de 2,7 millones de dólares.
Entonces, la fábrica de bebidas alcohólicas de ANCAP pasó a ser administrada por privados, aunque ANCAP conservó el 100% de las acciones.
Es que en 1999 se había creado la empresa AMBD S.A., cuyos accionistas eran ANCAP y Morrison Bowmore Distillers. Fue entonces que adquirió el nombre CABA (Compañía Ancap de Bebidas y Alcoholes).
Bajac, que trabajó allí como gerente general desde 2008 hasta 2018, año en el que cerró CABA, indicó que en aquel entonces el negocio total del whisky en Uruguay era de aproximadamente 7 millones de litros por año. El resto de las bebidas destiladas vendía alrededor de 3 millones de litros. De esos 7 millones de litros, el 50% correspondía a las marcas nacionales de whisky. “Pero eso fue cayendo”, agrega.
En 2016 se determinó que ANCAP seguiría comercializando alcoholes y solventes a través de la subsidiaria ALUR y que vendería sus acciones en CABA. En 2017, se llevó a cabo un proceso licitatorio que terminó desierto. Además, se cortó la mayor parte de la producción y comenzó la negociación con el sindicato para desvincular personal.
Hasta 2018, año en el que CABA cerró. Uno de los motivos, según Bajac, es que “CABA tenía dos negocios. Tenía un negocio de bebidas, pero también tenía un negocio de alcoholes y solventes, que es un commodity industrial, y donde los márgenes son muy pequeños. En realidad, la empresa estaba sostenida por el negocio de alcoholes y solventes, y no por el negocio de bebidas. De hecho, el negocio de bebidas no era rentable”. Ante cambios en el mercado, la parte rentable de CABA se vio amenazada y, aclaró Bajac, “hubo un problema de rentabilidad”.
Pero, agrega el exgerente general, también cerró “por temas políticos porque era la época en que surgieron los problemas de ANCAP con Raúl Sendic como presidente y todo lo que hiciera ANCAP era cuestionado”. Recuerda puntualmente el cuestionamiento que vino tras el lanzamiento de Alma Mía, una línea de alcoholes perfumados porque, decían algunos, no estaba dentro del cometido de ANCAP.
El espacio que dejó CABA para el mercado
Una vez cerrado CABA, se pusieron a la venta todos sus activos. “En su momento no se lograron vender, pero me consta que ahora las marcas de bebidas fueron adquiridas por un privado y están siendo comercializadas nuevamente”, dice Bajac.
Sin embargo, en 2018, el cierre dejó un espacio para el crecimiento de las bebidas importadas. “El consumidor casi que no se vio afectado”, opina, porque dentro de la gama de whisky nacional de precios accesibles había otras marcas como Old Times, Dunbar, Gregson’s.
Para ese entonces, las condiciones de la década del 90 ya habían hecho del whisky importado algo bastante común. De hecho, en 2018 y tras el cierre de CABA, Infonegocios informaba que el whisky de consumo nacional había caído un 50% en 13 años. El año previo, los uruguayos consumían whisky importado en un 67% y el nacional en un 32%. Esa reducida cifra era equivalente a un poco más de 5 millones de litros por año.
Las cifras vinieron de un estudio hecho por la empresa Cibils y Soto Consultores que explicaba que el whisky de producción nacional había dominado el mercado ampliamente durante muchísimos años, pero que a partir de 2007 el whisky importado había empezado a ser el más consumido hasta 2018.
¿Más consumo de whisky per cápita?
En 2023 los titulares nacionales, y algunos internacionales, informaban con asombro que Uruguay fuera el segundo país con mayor consumo per cápita del mundo. Primero, Francia y, después, los orientales con 1,77 litros por persona cada año. La información provino de la consultora Euromonitor, que indicó que el resto del ranking lo completaban Estados Unidos, Australia y España.
A diferencia de otras culturas similares, como podría ser la argentina, en Uruguay el whisky se toma en la previa del asado, con una picada, en eventos empresariales, en casamientos, en fiestas de 15. Las teorías y explicaciones son varias: que el hecho de que el Estado lo fabricara (con lo que significan las empresas públicas para los uruguayos), que heredamos algo de la cultura inglesa cuando vinieron a instalar los trenes, que a diferencia de los argentinos no rechazamos esa cultura, que los precios de los destilados locales fomentaron ese gusto.
Aunque hace 3 años los titulares nos posicionaban arriba en el consumo de whisky per cápita, hay una tendencia a la caída. De hecho, según el estudio realizado por IWSR en 2025, las ventas de whisky en Uruguay continuaron cayendo, a pesar de que algunas marcas comenzaron a recuperarse, ya que los precios elevados siguen frenando el crecimiento en varias categorías.
Allí se explica que el declive del mercado del whisky en Uruguay persistió tras su breve repunte en 2021. La lealtad tradicional al whisky, transmitida históricamente de generación en generación en Uruguay, ha comenzado a erosionarse entre los consumidores más jóvenes, quienes se inclinan cada vez más por el Fernet y el vodka como alternativas preferidas.
Aunque esa tendencia no es solo uruguaya. Fuentes de la industria confirmaron a El Observador que la caída de consumo es general para todas las bebidas alcohólicas y es a nivel internacional. En 2025, The Economist tituló uno de sus artículos con el término “los abstemios de la Generación Z” y analizó que la caída tiene que ver tanto con factores culturales, económicos y políticas públicas de salud. “No es de extrañar que los inversores hablen de un ‘momento tabacalero’”, se menciona en el artículo.
Pero, al decir de The Economist, es muy temprano para declarar el mercado de bebidas alcohólicas muerto. En Uruguay, en 2024, había una industria aproximada de 460 mil cajas de whisky (9 litros por caja).
Según declaró a El Observador Richard Ausan, uno de los sommeliers de whisky más conocidos de Uruguay, el whisky más preferido por los uruguayos son los blend, el whisky que mezcla malta y grano. Lo mismo sucede a nivel internacional.
“Hasta hace unos años capaz era el 95% del consumo. Hoy ha bajado un poco el blend y ha aumentado el whisky de malta, pero el blend sigue siendo el más consumido”, dice. Esos son los whiskys que tienden a ser más económicos con marcas como Johnnie Walker y Chivas.
En ese sentido, según el market share del whisky en Uruguay en 2024, el podio se lo llevan los whiskys escoceses (73,7%), luego los locales (21,9%), los irlandeses (3,2%), los americanos (0,7%) y los japoneses (0,2%).
¿Quién consume qué? “Hay una una diferencia entre el consumidor de blend que quizás es de un poder adquisitivo un poco menor y el consumidor de malta, que generalmente tiene que tener un poder adquisitivo un poco mayor”, explica Ausan.