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"Sin los docentes, nada": ese mantra que une a Fenapes con Eduy21

Una gota de honestidad y otra de realismo: si es así, la reforma educativa no se hace

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29 de agosto de 2017 a las 11:24

Cuando el Ministerio del Interior se dispuso a instrumentar una reforma en la organización del instituto policial, hubo un grupo de comisarios que resistió la medida, la boicoteó y, al final, esos comisarios o se fueron o terminaron por aceptar los lineamientos políticos que surgían del gobierno.

La reforma del sistema de la salud no contó con el beneplácito de todos los sectores involucrados en el asunto, pero era una de las propuestas de campaña del Frente Amplio y se aplicó. Punto.

Sin embargo, parece que en la educación es distinto. Si hay algo que se puede considerar como "la comunidad educativa" (integrada por docentes agremiados, no agremiados, retirados, con cargos en el gobierno de la educación, técnicos más o menos vinculados al gobierno, más o menos vinculados a la oposición, más o menos independientes, etcétera), es difícil rescatar alguna voz que no plantee una y otra vez esta máxima: "La reforma educativa se hace con el aval de los docentes o no se hace".

Si no fuera porque conozco las buenas intenciones de varias personas comprendidas en eso que llamamos la comunidad educativa, esa máxima sobre lo imprescindible de la voz docente me generaría sospechas. La sospecha de que quienes integran esa comunidad, más allá de sus diferencias, algunas radicales, prefieren que el mango de la sartén esté en manos de un grupo de colegas, aunque sus ideas se han revelado conservadoras y mediocres, a que esté en manos de los políticos.La clase política tiene como una de las grandes deudas sociales retomar el control de la educación, hoy en manos de nadie.

Cierto es que la comunidad política no ha dado buenos ejemplos de apertura a la hora de escuchar a quienes saben de temas que ellos ignoran. Abundan, por ejemplo, las advertencias que miembros de la Suprema Corte de Justicia (que los propios parlamentarios votaron para integrar el máximo órgano judicial), realizaron a quienes hacen las leyes para que no voten determinada norma porque es inconstitucional; pero ellos van y la votan igual, para que luego esa ley rebote porque la Corte, tal como se los había advertido, la declara inconstitucional.

No, los políticos no han ayudado en esto de la educación. Pero aún así, por el bien del ejercicio del poder que emana de la voluntad popular y por el bien de la enseñanza, la clase política tiene como una de las grandes deudas sociales retomar el control de la educación, hoy en manos de nadie.

¿De quiénes hablamos?

Cuando la comunidad educativa dice que sin los docentes no se pueden hacer reformas ¿a qué docentes se refiere? De los no agremiados no tenemos muchas noticias ni aun cuando las papas queman.

Las autoridades dicen que son mayoría los no agremiados y por eso cuando hay paro sindical se debe enviar a los alumnos. Pero luego los testimonios surgidos de los centros educativos hablan de desorden, de docentes no agremiados que faltaron, en fin, de una jornada que a los efectos educativos sumó cero, o casi.

En cualquier caso, debemos asumir que cuando se habla de que sin la participación docente es imposible la reforma, también se habla de la voz de los agremiados.

Y los gremios educativos –llenos de gente que no sabe lo que es un diploma que diga "docente"- son los que han fallado una y otra vez a la hora de demostrar su sensibilidad con los sectores más pobres a los que deben brindarle ese servicio (no esencial, según ha quedado demostrado una y otra vez), aplicando paros por razones tan variadas que van desde una pelea en la esquina de un liceo a la solidaridad con un grupo de radicales que hizo una asonada contra la Suprema Corte de Justicia.

Los gremios docentes –que no son la única, ni quizás la principal causa de la decadencia educativa- sin cuyo aval la reforma es imposible, son los que boicotearon el llamado Promejora, que buscaba descentralizar la acción de los centros educativos. Era un plan piloto que afectaba al 2% de los liceos, pero las autoridades, a pura pechera de los gremios, decidieron aplicarlo en centros fuera de Montevideo, ya que en la capital radica el núcleo más duro de los sindicatos. A los ponchazos, los gremios vienen imponiendo el statu quo.

¿Alguien de verdad piensa que los alumnos ocupan algún lugar preponderante en el pensamiento de esos sindicalistas que aparecen en los medios diciendo que el capitalismo debe ser combatido en las aulas y expresando su convencimiento de que los paros les transmiten a los niños la idea de dignidad?

Los alumnos son un daño colateral en el que los gremios no reparan porque, y esto es importante entenderlo: un gremio, aunque sea de docentes, no está para defender los intereses de terceros, en este caso los estudiantes, sino los intereses de sus agremiados. Así ha sido siempre con las corporaciones y así será. Punto. El resto es verso, discurso para los micrófonos.

Y los gremios educativos –llenos de gente que no sabe lo que es un diploma que diga "docente"- son los que han fallado una y otra vez a la hora de demostrar su sensibilidad con los sectores más pobres

Estos docentes fue en los que el presidente Tabaré Vázquez no confió a la hora de lanzar el Plan Ceibal y por eso lo implementó por fuera de las estructuras del Codicen. Y allá tuvieron que salir algunos profesores, a los que el plan no les gustaba nada, a aprender un poco de computación, porque el Ceibal impactó en uno de los principios básicos en los que reposa la doctrina académica imperante: el alumno no puede saber más que el docente.

Estos gremios fueron los que pusieron palos en la rueda de Germán Rama durante el gobierno de Julio Sanguinetti (1995-2000), en el último intento serio que hubo en el país por retomar el control político de la educación. Y el ejemplo seguro sirve para que quienes piensan que la opinión de los docentes es imprescindibles, diga: "Ves, el de Rama es un ejemplo de cómo no se puede ir contra los docentes".

También hay otra mirada: el de Rama es un ejemplo de cómo se puede ser políticamente incorrecto para con la comunidad educativa poniendo por delante el interés de los alumnos.

El de Rama es un ejemplo de cómo el tiempo pone a veces las cosas en su lugar. El choque que Rama se compró con los docentes nos permite visualizar hoy cómo una idea que tenía en el centro la atención a los más pobres, las escuelas de tiempo completo, fue trancada por los gremios por puro capricho político.

Cuando el gobierno cambió, las escuelas y liceos de tiempo completo se convirtieron en una reivindicación de los gremios, que revelaron así su profunda insensibilidad porque demoraron por razones menores una medida que atiende a los más pobres. Hoy, mirando la historia reciente, podemos concluir esto gracias a Rama y a su vocación de choque. ¿Es mejor no chocar? Obvio. ¿Es evitable? La historia de las reformas dice que no siempre.

Y conste que estamos hablando apenas de un concepto muy vago, porque "reformas" puede haber muchas. No estamos ni siquiera adentrándonos en definiciones concretas sobre lo que en las naciones más exitosas se conoce como enseñanza de calidad.El choque que Rama se compró con los docentes nos permite visualizar hoy cómo una idea que tenía en el centro la atención a los más pobres, las escuelas de tiempo completo, fue trancada por los gremios por puro capricho político.

¿Libertad para crear en las aulas? ¿Libertad para que los docentes, respetando una línea de trabajo, apliquen imaginación y perfiles personales? ¿Querrán hacer este tipo de cosas? ¿Podrán? ¿Será que no quieren porque saben que no pueden?

Si nada va a cambiar en estas actitudes que se enumeraron, entonces la frase de que la reforma educativa se hace con los docentes o no se hace, perfectamente se puede abreviar: la reforma educativa no se hace.

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