El 2011 ha sido un año desastroso para los elefantes, quizás el peor desde que en 1989 fueron prohibidas las ventas de marfil para salvar de la extinción al mayor animal terrestre, anunció el jueves una red de monitoreo de la fauna.
Tom Milliken, experto de Traffic en elefantes y rinocerontes, piensa que los criminales pudieran tener la ventaja en la lucha por salvar a los proboscidios (el orden de mamíferos placentarios cuya única familia viva en la actualidad está compuesta por elefantes).
"Como la mayoría de las confiscaciones grandes de marfil no derivan en arrestos, me temo que los delincuentes están ganando", le dijo Milliken a AP.
En la mayoría de los casos se trata de marfil contrabandeado desde África a Asia, donde la creciente riqueza ha alimentado la demanda de ornamentos de marfil y de cuernos de rinoceronte. Estos son utilizados en algunas medicinas tradicionales, aunque los científicos han demostrado que carecen de efectos para ese fin.
"El aumento en el comercio de marfil y la cacería de elefantes y rinocerontes están siendo impulsados por las organizaciones criminales asiáticas, que ahora están firmemente establecidas en sociedades africanas", dijo Milliken en una entrevista telefónica desde su oficina en Zimbabwe. "Hay más asiáticos que nunca en la historia del continente, y esta es una de las repercusiones", afirmó.
Aún no se conocen todas las estadísticas, y nadie puede decir a ciencia cierta cuánto marfil está pasando sin ser detectado. Sin embargo, "lo que es claro es el enorme incremento de las confiscaciones en gran escala, de más de 800 kilogramos, que han ocurrido en el 2011", afirmó Traffic en un comunicado.
Hubo al menos 13 confiscaciones grandes este año, en comparación con seis en el 2010 con un peso total apenas por debajo de los 1.000 kilogramos.
En el peor caso y el más reciente, las autoridades malayas confiscaron el 21 de diciembre centenares de colmillos de elefante africano valorados en 1,3 millones de dólares en ruta a Camboya. Estaban ocultos en contenedores de artesanías provenientes del puerto de Mombasa, en Kenia.
La mayoría de las confiscaciones grandes han sido de cargamentos originados en puertos de Kenia o Tanzania, dice Traffic.