27 de febrero de 2014 19:02 hs

Para empezar, la reina de las praderas uruguayas, la vaca. Antes solíamos ver cientos de ellas rumiando alegremente el pasto y los pensamientos. Han sido sustituidas por plantaciones de soja, y prácticamente lo único que vemos son carteles que anuncian el posible cruce de la carretera por parte de las mismas. Lo curioso es que algunos carteles incluyen la hora en que suelen cruzar, algo extraño para este cronista, que pudiendo jactarse de haber contemplado miles de bovinos en su vida, nunca vio una vaca con reloj. Evidentemente se trata de animales con un estricto horario de trabajo, a diferencia de las que cruzan donde la señalética muestra una vaca sin horario, algo así como una vaca free lance.

Pero si bien estos rumiantes parecen condenados a desaparecer del paisaje carretero, hay otros que no se sabe con certeza si existen fuera de la misma.

Se sabe que las rutas son el lugar elegido por las aves para practicar deportes extremos. Es costumbre entre los pájaros machos pavonearse delante de las hembras posándose sobre el asfalto con cara de que no pasa nada mientras ven acercarse a un vehículo a toda velocidad, para alzarse en vuelo un milisegundo antes de ser atropellados. Puede que esto provoque la admiración de las pájaras, pero causa cierto nerviosismo entre los conductores, y sobre todo en quienes viajan como acompañantes, en tanto no pueden adivinar cómo reaccionará cada uno de los antes mencionados. Esto lo sabe todo el mundo porque lo ha visto, pero lo que nadie sabe es qué cuernos hacían los pájaros para divertirse antes de la invención de los caminos. Puede que nadie lo sepa precisamente porque no había caminos para ir a ver.

Entre las aves ruteras, no cabe dudas de que el hornero es rey. No él sino sus nidos. Mojones, postes eléctricos, carteles y cualquier palo relativamente alto colocado en posición vertical, sirven de apoyo para que los tipos construyan nidos. Aunque los hay en otros lados, es raro verlos sobre elementos naturales, lo que nos lleva a deducir que el nido de hornero apareció en la Tierra luego de la creación del poste. Antes, esos pájaros vivían a la intemperie, debiendo abrigar sus huevos bajo las alitas. Pero un día llegó un hombre y puso un poste, y ahí el hornero entendió que era el sitio adecuado para construir un nido, dejando la puerta del lado de la carretera para mirar pasar los autos.

Es el hornero un bicho vivo en el sentido literal. Uno lo ve y nota que lo está. Y si él es el rey vivo de las carreteras, no cabe duda alguna de que el zorrillo es el rey muerto.

Con varios cientos de miles de kilómetros de ruta sobre las espaldas, quien esto escribe jamás ha visto un zorrillo vivo. Y si así fue, no duró en ese estado más de un par de segundos antes de ser atropellado. No se sabe dónde viven los zorrillos ni qué hacen, sólo tenemos la certeza de que aguardan al costado de las carreteras para atravesarlas en el peor momento, causando angustia a algunos de los ocupantes de los vehículos, y desagrado a todos.

Sabiendo que esto causará malestar entre los defensores de los animales, es necesario reconocer que el zorrillo es un bicho muerto. Quien diga que vio más de estos simpáticos mamíferos vivos que muertos miente, o vio demasiados dibujos animados. No se sabe por qué extraño designio de la naturaleza el zorrillo se empeña en cruzar la ruta para ser atropellado. Tal vez sean animales con fuerte tendencia a la depresión, y no encuentren otra manera de darle fin a la angustia que acabando con sus vidas. En una de esas se deprimen porque su olor característico les impide socializar, o conseguir novia, pero sea como sea, estaría bien que los psicólogos dejaran de enriquecerse gracias a los traumas de los humanos y pusieran un poco de atención sobre estos bichitos, que tanta ayuda necesitan.

Porque nada hay más triste que alguien que solo vive para ser atropellado por los demás. Y esto no implica solamente a los zorrillos.

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