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Argentina 2019: lecciones de política económica desde la vecina orilla

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14 de noviembre de 2019 a las 05:00

Por Juan Manuel Patiño*

El pasado 27 de octubre, los argentinos concurrieron a las urnas con el objetivo de elegir al próximo presidente para el período 2020-2023. En línea con todos los pronósticos, la fórmula Fernández-Fernández se impuso y triunfó en primera vuelta con el 48%, seguido por la opción Macri-Pichetto, que logró repuntar hasta un 40%.

Desde el resultado de la PASO del 11 de agosto a la fecha, las acciones argentinas en Wall Street se desplomaron, con caídas de hasta 50%, los bonos soberanos perdieron aproximadamente 40% de su valor y el dólar saltó de 46 a más 60 pesos, lo que equivale a una devaluación de más 30%.

En el centro del análisis de la derrota del oficialismo, aparecen la crisis económica que se desató en 2018 y las políticas de ajuste que se implementaron desde entonces.

Si bien es innegable que la situación macroeconómica de Uruguay es mucho más sólida que la de Argentina, el país claramente no puede permitirse continuar con un déficit de 5% del PBI por mucho tiempo más, ya que el buen crédito de la república está en juego. Se impone por tanto la necesidad de llevar a cabo un ajuste fiscal, ¿qué gastos van a recortarse?, ¿cuáles áreas recibirán menor presupuesto?, ¿dónde no se repondrán vacantes?, son preguntas que corresponden a la parte instrumental del ajuste, pero este último es primero y, ante todo, un problema político. En este sentido, ¿qué lecciones puede extraer Uruguay de lo acontecido en Argentina?

La primera lección para tener en cuenta es no hacer promesas incumplibles, en este sentido los políticos son proclives, durante la campaña, a anunciar que no se subirán impuestos, que las tarifas van a bajar, que el gasto se ajustará sin tocar a los más débiles etc., y terminan siendo rehenes de sus propias promesas, “país normal”, “pobreza cero”, fueron algunos de los eslóganes de campaña de Macri. En esta era de la información, todo lo que un candidato dice queda registrado para la posteridad, por lo cual, se precisan más políticos dueños de sus silencios, que esclavos de sus palabras.

Otra lección fundamental es explicitar lo que se recibe, la sociedad generalmente no es consciente de las dificultades hasta que es demasiado tarde y le cuesta mucho asumir el sacrificio que impone una política de ajuste. No obstante, si de inicio se le explica claramente el estado presente de las cosas, las medidas que se van a tomar para subsanar la situación y los beneficios que éstas traerán en el mediano y largo plazo, probablemente la gente sea más receptiva y acepte a regañadientes pagar el costo. Macri jamás explicitó la herencia que recibió de Cristina Kirchner. Lo más cerca que estuvo de eso, fue con la publicación de un documento titulado “El estado del Estado”, a cargo de la Sigen (Sindicatura General de la Nación), un texto de más de 200 páginas, sin un solo gráfico, prácticamente ilegible para el común de la población.

No obstante, una vez que se gana la elección, a pesar de las promesas incumplibles, a pesar de no decir qué país se recibe, si el ajuste es impostergable, la tercera lección es que sea la propia clase política la que se ajuste a sí misma. Viáticos, partidas de prensa, sueldos de legisladores y jerarcas, cargos de confianza, etc. Por sí solos los gastos de la política no hacen parte relevante del déficit fiscal, pero como decía San Agustín “No hay contagio más intenso, que el contagio del ejemplo”.

Es vital que, si a la sociedad se le exige un sacrificio, aquellos que lo piden hagan también lo propio de su parte: esto es lo que da la autoridad moral necesaria para hacer lo que hay que hacer.

Cuarta lección, el gradualismo no funciona. En el caso de Macri, el gradualismo terminó en inacción, un gobierno que recién comienza su gestión tiene un enorme crédito de parte de la ciudadanía, por ende, lo mejor es aplicar de inicio, durante el primer año, aquellas políticas más difíciles de digerir para la sociedad y confiar en que los efectos favorables de las mismas se harán sentir con fuerza durante el resto del mandato.

Generalmente cuando el buen rumbo de la economía se deteriora, el sector privado es el primero que reacciona: reduce sus inversiones, sustituye mano de obra, deja de contratar gente, etc., anticipándose a escenarios más adversos. En el caso del gobierno, éste, además de no haber ahorrado en tiempos de bonanza, una vez que es consciente del enfriamiento de la economía, tiende a elevar la presión fiscal sobre el sector privado vía suba de impuestos o tarifas, con la finalidad de compensar caídas en la recaudación y paliar su siempre presente déficit, con lo cual lo deprime aún más. Y ello nos lleva a la quinta lección, no hay que ajustar siempre y sólo al sector privado. En este aspecto, el caso de Macri es paradigmático: pese a que fue elegido Presidente con el apoyo de la clase media y los sectores empresarios, en lugar de, apenas asumir iniciar una fuerte reestructura en un sector público caracterizado por enormes ineficiencias y claramente superpoblado, terminó aplicando retenciones a las exportaciones y ajustes de tarifas públicas que afectaron directamente a la clase media y empresaria, erosionando su propia base electoral.

El primero de marzo del año próximo, comienza para Uruguay un nuevo periodo de gobierno. Independientemente del color político que éste tenga, los desafíos están a la orden del día. Superarlos requiere, como diría el sabio Peter Drucker no sólo hacer las cosas correctas, sino y sobre todo hacer correctamente las cosas. En este sentido, Argentina es un excelente ejemplo que no debemos seguir. 

*Obtuvo el Premio Academia Nacional de Economía 2015

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