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Bienvenido a casa: los mejores anfitriones uruguayos

En pleno crecimiento de la plataforma Airbnb en Uruguay, hay algunos propietarios que se destacan por su capacidad en recibir y agasajar de forma cálida a un grupo de completos extraños

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26 de julio de 2015 a las 05:00

Mariano es un músico uruguayo de 25 años y abandonó recientemente el apartamento en el que vivía con sus padres. No se fue muy lejos. Apenas unos pocos metros de su antiguo hogar. Ahora vive solo en un apartamento que su familia alquilaba en la zona sur de Parque Rodó, cerca de la pista de patinaje El Cuadrado. Tras la mudanza y la disposición de los muebles, tuvo una idea para darle un uso a la habitación sobrante del apartamento de dos dormitorios. No era emplearlo como escritorio ni biblioteca, sino alquilarlo a través del servicio online Airbnb.

La idea no es original, si se considera que el servicio ya está asentado en Uruguay. Airbnb registra cerca de 2.520 alojamientos en el país, de los cuales 1.350 se encuentran en Punta del Este y 660 en Montevideo. El resto de las ofertas, que abarcan casas, apartamentos, ranchos y cabañas en la playa, se dividen entre la zona de la Costa de Oro de Canelones y los departamentos de Colonia, Rocha y otros balnearios a lo largo de Maldonado.

La popularidad de la plataforma, ingeniada en 2008 en California por los diseñadores Joe Gebbia, Brian Chesky y Nathan Blecharczyk, todavía no preocupa a los agentes inmobiliarios uruguayos como lo hace en Estados Unidos o países europeos como Francia.

De todas formas, a medida que la demanda crece, cada vez son más los uruguayos que se esfuerzan por ser mejores anfitriones para los turistas que decidan probar su suerte visitando Uruguay. Gran parte del éxito que ha tenido Airbnb a nivel mundial ha sido explotar cierto factor de comunicación "boca a boca" entre sus clientes, generando perfiles de usuarios y alojamientos que contienen las evaluaciones de sus visitantes.

Dentro de esas herramienta, Airbnb maneja la categoría Superhost, que se traduce como "superanfitrión". Según se explica en el sitio oficial, a esos usuarios se les "reconoce la labor de los anfitriones que cumplen con una serie de requisitos de compromiso, rapidez de respuesta a los viajeros, experiencia ofrecida y calidad del alojamiento". En otras palabras, suelen ser las mejores opciones para quienes opten por esa oferta de hospedaje no tradicional.

En Uruguay, ya son varios los usuarios que ganaron este prestigioso rango en sus perfiles, representado a través de una pequeña medalla dorada. Y pese a que Airbnb tiene sus reglamentos para otorgar la mención de honor, al final del día uno de los factores más importantes –además de las cualidades del alojamiento– es el buen trato y relación entre los huéspedes y sus hospedantes. Para ello no hay una receta o manual escrito, aseguran algunos de los superanfitriones uruguayos.

Cobijo esteño

Con más de 90 evaluaciones, Sara Notley (38 años) y Leonardo Maiche (35) son dos de los anfitriones mejores reseñados en el país. Ella es inglesa y él nació en Montevideo. Se conocieron hace una década en España y hace 4 años que viven en Uruguay. La voz y acento de Notley no la delata como inglesa y asegura que se enamoró del país la primera vez que vino de visita. Menciona a Rocha, sus dunas y a la palabra "superrústico" como los factores que la motivaron a venirse y emprender un negocio.

Ambos construyeron una cabaña en Punta del Diablo, que luego se transformó en un complejo de tres llamado Cabañas Las Bossas. La idea de alquilarlas a través de Airbnb fue gracias a la recomendación de unos amigos británicos de Notley, cuando la plataforma ya estaba en auge en el exterior. Mientras que en temporada alta es el público uruguayo y argentino que llega a las cabañas vía portales online de turismo, durante el año son las visitas internacionales las que se aventuran hasta Rocha. "Te abre la puerta al público extranjero de Estados Unidos, Europa y hasta países como Australia", señala Notley. "Con nuestro perfil y con Sara, que es una inglesa viviendo acá, sienten mucha confianza", agrega su pareja.

Maiche cree que en el departamento esteño los extranjeros suelen sentirse "muy perdidos", por lo que ellos abordan la plataforma como una forma de establecer un vínculo más directo con los inquilinos. Como anfitriones, aseguran ir más allá de la mera "entrega de la llave". Notley explica que con aplicaciones como WhatsApp, suele estar en contacto constante con sus visitas, para informarles lugares para ir a comer, recomendarles paseos y resolver problemas como dónde encontrar piñas para prender la estufa o dónde conseguir pescado fresco.

Incluso cuando están en Punta del Diablo al mismo tiempo que sus huéspedes, no tienen tapujos en compartir comidas u otras actividades con ellos. "Airbnb tiene una parte de conocer. Empezó con gente ofreciendo una habitación en su casa. Era una manera de crear una comunidad de gente viajando. Es tan importante el lado social como el alojamiento", explica Notley.

La pareja dice que las cinco estrellas que suelen dejar en sus evaluaciones también los han ayudado para explotar la herramienta en sus dos formas: no solo para que los huéspedes recomienden sus habitaciones, sino también para viajar a través de Airbnb en Europa y América Latina a la casa de otros anfitriones, igual de acogedores que ellos.

Sabor local

A casi 300 kilómetros de las cabañas de Notley y Maiche, José Lopez (36) también se encuentra entre los anfitriones mejores evaluados de Airbnb, aunque de Montevideo, donde la competencia es más feroz debido a la cantidad de ofertas disponibles.

López es diseñador web y un entusiasta de los viajes. Escuchó sobre la plataforma hace años en un programa de radio que no recuerda y utilizó el servicio por primera vez cuando viajó con su esposa en 2012 a París. Fascinados por la experiencia, al otro año decidieron poner su propio apartamento en Montevideo (ellos viven parte del año en La Floresta) bajo un nuevo uso.

El inmueble situado en Parque Rodó cerca de la zona de boliches como Living y El Nuevo Bar Rodó, está en una zona codiciada. López suele recibir muchas personas jóvenes, aunque afirma haber recibido inquilinos de todas las edades. Tiene una rutina muy clara a la hora de atender a sus invitados, una tarea que según él exige mucha dedicación si se quiere hacer bien.

"El proceso es complejo y a medida. Lo mínimo es coordinar una hora de llegada y salida. Luego depende. Yo he invitado gente a comer asados y salido a andar en cuatriciclo. Se define según lo que ambas partes tengan ganas y si hay receptividad del otro lado", indica.

Según López, ya no es tan común que los turistas pregunten por las típicas atracciones turísticas en Uruguay. En cambio, recurren a aplicaciones de viajes en donde los paseos también cuentan con la puntuación y evaluación de otros visitantes. De todos modos, son los "piques" de un uruguayo con los que asegura que los visitantes queden encantados, incluyendo consejos prácticos como dónde ir a lavar la ropa. "Esa es la experiencia que está buena de Airbnb. Vos experimentás sabor local", comenta.

Tanto en el rol de huésped como anfitrión, cree que siempre hay lugar para la sorpresa. No recuerda experiencias negativas en las cerca de 60 parejas que han pasado por su apartamento. Sobre el secreto detrás de ser un buen anfitrión, para Lopez se reduce en una simple oración: "Tener ganas de recibir gente y no hacerlo exclusivamente por el dinero".

Retiro con gusto

A diferencia de López, Selene Soler (69), quien es huésped desde 2010, ya se cansó de ser anfitriona y planea retirarse. El nuevo integrante en la familia, su nieto, se ha vuelto la prioridad de su vida y señala que la tarea de ser hospedadora le quita demasiado tiempo. Habla de la experiencia como " algo fabuloso" y afirma que la vinculó con personas que jamás hubiese imaginado conocer en su vida.

A Soler le gusta presentarse como una anfitriona servicial. Le gusta que antes de recibir a sus huéspedes esté todo pronto y les brinda información básica sobre el transporte, la gastronomía y las atracciones del lugar. Luego desaparece por completo, asegura. "Tengo 69 años y no tengo ganas de hacer sociabilidad. Un poco puedo conversar pero depende de los temas", agrega.

Para disminuir la mayor cantidad de dudas posibles de sus huéspedes, tiene todo preparado. Las instrucciones del microondas y el horno están en varios idiomas. Además, tiene un compilado de información turística pronta para cualquier duda que pueda tener la visita.

Soler, quien se desempaña como diseñadora de joyas, habla de un cambio en los usuarios desde 2010 hasta ahora. Al subir los precios de su hogar, ubicado en la Costa de Oro, la cantidad de tiempo de las visitas ha mermado. "Empieza a venir gente más joven que viene por pocos días, no semanas. La relación es de un rato", señala. De todas formas, comenta que el vínculo comercial muchas veces se termina de convertir en una relación epistolar con varios de sus visitantes, con lo que intercambia correos hasta el día de hoy.

Entre las razones por las que plantea retirarse, además de los conflictos tributarios que están surgiendo en el sector inmobiliario, está la necesidad de volver a habitar en su casa de una forma sencilla. "Me cansé un poco. De alguna manera, por más agradable que sean (las visitas), es tu casa pero no".

Ellos

Esa dicotomía hogareña no representa un problema para Mercedes Pou (27), una arquitecta uruguaya que también cuenta con el cargo de superanfitriona de Airbnb. Pou es capaz de armar y desarmar su hogar en merced de si tiene visitas o no. La posibilidad de mudarse al apartamento de su hermana mientras alberga gente es un gran elemento a favor, aclara.

Pou recibe a los turistas en un apartamento en Pocitos, cerca de la rambla. Tras vivir la experiencia de la plataforma en un viaje a Nueva York, se animó a arrendar su propio hogar durante un viaje a Europa. Desde 2013 no ha dejado de hacerlo.

Una vez que las evaluaciones se van acumulando, Pou indica que un anfitrión se convierte en alguien más codiciado dentro de la comunidad de Airbnb. Así como López y Soler, tampoco se preocupa mucho por servir de guía turística y confía en que gracias a internet sus huéspedes se las arreglarán. Pero como arquitecta, dice amar las cualidades de Montevideo y ser capaz de recomendar los lugares y rincones no muy conocidos.

"Quienes llegan a ser huéspedes no lo hacen por casualidad. Llegás por ganas y entusiasmo. Vos te hacés tu historia y los inquilinos forman parte de ella".

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