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Bolsonaro, las dudas sobre el vínculo con Uruguay y el rumbo del Mercosur

El flamante presidente brasileño plantea cambios de conducción que pueden convertirse en un arma de doble filo para Uruguay

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29 de octubre de 2018 a las 05:00

Si algo está claro es que el triunfo de Jair Bolsonaro en las elecciones presidenciales de Brasil trae cambios de conducción en distintos frentes. En lo político, deja definitivamente atrás más de una década de conducción progresista a cargo del Partido de los Trabajadores (PT) –seguida de una presidencia de centroderecha de Michel Temer– y llega con una ideología diametralmente opuesta a la de Lula. Desde el punto de vista comercial ha mostrado su disposición para firmar acuerdos bilaterales eliminando o reduciendo barreras arancelarias a las importaciones, pero sin hacer menciones durante la campaña al Mercosur. Para algunos, las diferencias políticas entre el gobierno brasileño y el uruguayo podrían generar tensiones y complicar el relacionamiento. Por el lado cambiario y económico, la percepción es que habrá un período de calma, aunque los vaivenes pueden instalarse de nuevo a partir de 2020.

“Hay que poner arriba de la mesa el tema ideológico, hay mensajes de cuál es su posición, está claro cuáles son las diferencias ideológicas de Bolsonaro con el actual gobierno uruguayo: son muy grandes, muy difíciles de salvar”, dijo a El Observador el integrante del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Universidad Católica, Gonzalo Oleggini.

Por esa razón, para el experto el relacionamiento con Brasil “va a ser muy complejo, por lo menos hasta las elecciones del año que viene y dependiendo de quién gane, pero va a ser tensa al menos por un año”.

A su vez, recordó que durante la campaña Bolsonaro no hizo ninguna referencia al Mercosur, por tanto se desprende que el bloque regional no es un elemento que tendrá en cuenta para desarrollar sus planes comerciales. “Lo positivo es que la idea de Bolsonaro de avanzar en acuerdos comerciales es algo que Uruguay pide hace 10 años; el tema es cómo quiere esos acuerdos, si a través del Mercosur o sin tenerlo en cuenta”, expresó.

En la misma línea opinó el economista de CSC Consultores Marcos Soto. Indicó que el presidente electo habla de la eliminación o reducción de alícuotas arancelarias para promover las importaciones y eso define al comercio internacional como motor de desarrollo. “Sin embargo, la palabra Mercosur no la nombró nunca”, señaló a El Observador.  

Además, esa liberalización comercial puede convertirse un arma de doble filo. “Uruguay tiene condiciones de acceso a Brasil que prácticamente no tiene casi ningún país del mundo; si se abre al mundo van a entrar otros países a competir en ese mercado con condiciones parecidas”, sostuvo.

Para Oleggini la intención de fomentar el comercio a través de tratados con otros países puede tener una fuerte oposición interna de parte de la Federación de Industrias de San Pablo (Fiesp), una de las organizaciones empresariales más poderosas y con mayor poder de lobby en Brasil. “Bolsonaro habla de una liberalización del comercio pero Brasil es uno de los países  más proteccionistas que hay en el mundo, y una de las razones para serlo es porque las empresas así lo quieren”, explicó.

Dos años económicos diferentes

Según la visión de Soto, los primeros dos años del gobierno de Bolsonaro serán económicamente diferentes. “Los mercados no votan pero hablan, y están hablando a favor del programa de gobierno de Bolsonaro, al menos desde el punto de vista económico”, dijo.

“Están percibiendo cierta estabilidad macroeconómica y también una expectativa de crecimiento y de llegada de inversiones”, expresó.  Eso generará, para el economista, que el tipo de cambio atraviese una etapa de calma, diferente a los últimos tiempos donde el dólar se disparó a raíz de una desconfianza económica afectada por la incertidumbre política. Pero la situación puede revertirse en 2020.

“En caso de no producirse los cambios que el país necesita va a renacer la idea de riesgo”, alertó. Uno de los principales escollos a superar será el abultado déficit fiscal que anteriores administraciones no lograron contener.

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