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Caballero, Caballero Rojo...

El Caballero Rojo fue, en una època perdida en el tiempo, uno de los referentes que marcaron a una generación de pibes adictos a las patadas voladoras

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18 de junio de 2013 a las 00:00

Crónica escrita en marzo del 2007, unos días después de la muerte de el Caballero Rojo

Se murió el Caballero Rojo. ¿Quién se murió? El Caballero Rojo, el luchador más admirado de la troupe de Titanes en el ring, el programa de lucha libre que condujo Martín Karadagian en las décadas de los 60 y 70, y que encantó a una generación de niños y adolescentes. La noticia ni siquiera fue registrada por los más jóvenes -los del "¿quién se murió?"- pero sembró nostalgia entre quienes lo vieron pelear contra El Vikingo, El Cavernario o Benito Durante.

La máscara que cubría su rostro escondía también una historia menos fascinante que la que escribía arriba del ring. Se llamaba Humberto Reynoso, y sus músculos enfundados en un traje de color rojo intenso eran el resultado del trabajo que ejercía como estibador portuario.

Murió un jueves 14 a los 72 años en la localidad de San Pedro de Buenos Aires. Los niños que lo vieron pelear nunca conocieron la cara detrás de la máscara. Sabían que el Caballero Rojo jamás se había enfrentado con La Momia -por lo que se sospechaba que también personificaba a ese luchador- y que era "el paladín de la verdad y el defensor de la razón".

Aquellos Titanes en el ring llenaban el Luna Park, eran vistos por miles de personas por la televisión y hasta tenían un luchador, el Mercenario Joe, que de verdad había peleado con el Che Guevara en la Sierra Maestra. La revista Panorama decía por entonces que Titanes. era "el mejor programa de la televisión por su frescura, su vitalidad y su invención, que roza -a nivel primitivo pero auténtico- el surrealismo más desaforado".

Un día, como casi todos sus compañeros, el Caballero Rojo se bajó del ring, se perdió de vista y se quedó en el imaginario de su público. Es decir, hasta que se demuestre lo contrario, el que murió el jueves fue Reynoso. Del Caballero Rojo no se supo más nada.

"Abrazáme. Hoy estás más linda que nunca", fueron las últimas palabras de Reynoso dedicadas a su esposa. Y los negocios del pueblo de San Pedro bajaron sus persianas durante 24 horas en señal de luto.

Lo poco que se conoce de este hombre es que tenía una casa en el balneario La Paloma. Un día, dos periodistas uruguayos de paso por el balneario se enteraron de la presencia del ex luchador y fueron a saludarlo. Mientras conversaban en la puerta de la casa con un caballero en pantalones cortos y chancletas, unos ladrones intentaron robar el auto de los visitantes.

Reynoso, ya despojado del personaje pero no de su sueño de justicia, pegó un pique corto y ahuyentó a los malos de turno. Surrealista, bizarro y kitsch, el Caballero Rojo hubiera aprobado desde su mundo de llaves Doble Nelson y patadas voladoras.

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