26 de diciembre de 2018 5:00 hs

En Haifa, al norte de Israel, se respira innovación. Esta ciudad portuaria, con cerca de 271 mil habitantes y con tres premios Nobel (sí, tres), puede jactarse de haber logrado un vibrante ecosistema emprendedor, con una articulación potente entre academia, emprendimientos y multinacionales, con un rol muy activo del Estado. Pero Haifa quiere más. Y es la municipalidad en forma directa quien impulsa esa visión. Dicen tener las “mejores mentes” (con base en las reconocidas universidades de Techion y Haifa) y su objetivo es retenerlas. Para eso deben asegurarse de tener desafíos a la altura e impulsar la creación ágil de emprendimientos y su crecimiento, con un foco bien preciso: la tecnología, y en particular, aplicada a la medicina y ciencias de la vida.

Gabriela Malvasio


Para los emprendedores –entre los que se encontraba la uruguaya Mariana Chilibroste, fundadora de Sellin–, esta especie de inmersión en el ecosistema israelí fue el premio por ganar la fase de su país del concurso Experiencia Startup Nation llevado adelante por las embajadas de Israel (en el caso de Uruguay junto a Socialab y la Agencia Nacional de Desarrollo).

Gabriela Malvasio Visita a laboratorios de la Universidad de Technion.
En ediciones anteriores, las encargadas de mostrar el “modo israelí” fueron Jerusalén y Tel Aviv. Este año fue la primera vez para Haifa, y con la intensa agenda desplegada quedó en claro la intención de mostrar sus fortalezas académicas, de articulación y de integración social.
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El CEO de la Corporación Económica de Haifa, Or Shahaf, resumió sin vueltas las ambiciones de la ciudad: ser la capital de las ciencias de la vida de Israel y una Startup City, en clara alusión a Startup Nation, como se ha bautizado a Israel tras el libro homónimo de Dan Senor y Saul Singer, que responde a la pregunta de cómo es posible que un país de 8,7 millones, 70 años rodeado de enemigos, en un constante estado de guerra, sin recursos naturales, produzca más startups que Japón o Canadá.

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A la manera israelí

La pregunta del millón (¿qué combinación de factores llevó a Israel a tener una startup cada 1.400 habitantes?) es abordada desde el inicio mismo de la estadía por el jefe de Innovación y Gestión de Marca del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ran Natanzon, y el jefe de Comunicación de Technion, Gil Lainer; pero será además el hilo conductor de cada encuentro posterior, y estará presente de diferentes maneras en cada intercambio y vivencia. Natanzon dispara las razones: mercado interno limitado con el consiguiente foco en la exportación, vecinos “no tan amigables”, diversidad social que lleva a aunar diferentes maneras de pensar, una mentalidad de desafío a la autoridad y de decir lo que se piensa, una actitud de se puede y aceptación del fracaso; el servicio militar que brinda a temprana edad experiencia en trabajo en equipo, liderazgo y motivación.

Emprendedores junto a Ran Natanzon, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel

Lainer agrega que los israelíes no aceptan un no por respuesta (“Un no es solo el principio de la negociación”); siempre ofrecen su opinión (sea requerida o no); y ven el fracaso de manera diferente: “No es el final como en otras partes. Es el primer paso de un éxito futuro”.

Gabriela Malvasio Premio Nobel de Química Dan Shechtman

En un encuentro en la sede de la alcaldía, con embajadores de todos los países participantes, el premio Nobel de química, Dan Shechtman, reforzará esas razones y agregará otras. “No digo que Israel haga todo bien”, apunta y señala que sí se ha hecho un buen trabajo, que llevó muchos años, en desarrollar un ecosistema para emprendimientos basado en un buen sistema de educación, buenas políticas (“el gobierno tiene un rol clave en apoyar startups”), servicio militar, y una comunidad muy comunicativa. “En Israel hay un grado de separación. Nos hablamos entre nosotros y eso trae nuevas ideas”, apunta.

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Shechtman agrega algo no menor (y que también está en la base del estadounidense Silicon Valley), que es que el factor militar implica también el desarrollo de alta tecnología que luego puede volcarse al área civil. El Nobel, que colaboró en todo este desarrollo al implementar hace décadas una cátedra de emprendedurismo para científicos, opina que hay que enseñar a ser emprendedor y que ese espíritu necesita desarrollarse, ya que no viene de forma natural.

Aprendizajes intensos

La base está en las universidades y su capacidad de investigación. Puede decirse que es posible relacionar a Technion con la mayor parte de los desarrollos tecnológicos de impacto en Israel; y que esta universidad es una muestra del vínculo estrecho entre la investigación y las necesidades nacionales; ya que está ligada desde su creación a la historia del novel estado. Subrayan que su leit motiv es crear trabajo e ingresos para la economía, y ser una especie de motor de crecimiento económico. Hay un intento permanente de estar conectado con el mercado.Y eso puede verse también en el otro centro de investigación, la Universidad de Haifa. Allí, Elka Nir, la CEO de Carmel Economic Corporation, explicará cómo invierten para acortar la brecha entre proyectos científicos y las necesidades de la industria.

Gabriela Malvasio Emprendedor argentino Diego Fridman, cofundador de Inclode, en centro médico Rambam

Un ejemplo práctico lo brinda la visita al Instituto de Investigación Oceanográfica, en el que se experimenta con robots subacuáticos, dado que se necesita conocer y entender más el mar a partir de grandes descubrimientos de gas en el Mediterráneo. “Tenemos muchos desafíos y problemas que podrían interesar a emprendedores”, dice una de las científicas.

En el parque tecnológico de Matam, (“la perla de la corona”, cuyo 50% pertenece a la Corporación Económica de Haifa), Tomer Sasson, el CEO en Israel de Intel, el mayor fabricante de circuitos integrados del mundo, habla de la revolución de los datos y la necesidad de monetizarlos. “Hay que sacar conclusiones de los datos, si no son basura. Ahí está el dinero, ahí está la innovación. Muéstrenme los datos y yo les mostraré el dinero”, resume, para luego recorrer laboratorios de control de calidad y ver la diminuta nueva generación ultraveloz de chips.

Matam, fundado en 1970, también alberga centros de investigación y desarrollo de alta tecnología de otras empresas, como IBM, Microsoft, Philips, Google, Qualcomm.
Está claro que a las multinacionales les interesa cada vez más estar cerca de las startups y su innovación. Y fue esto lo que llevó al grupo biotecnológico suizo Lonza a inaugurar hace un mes un centro de colaboración en innovación en el nuevo Parque de las Ciencias de la Vida (que está siendo desarrollado junto a Matam), con el objetivo expreso de “encontrar nuevas tecnologías a través de las startups”.

Gabriela Malvasio Instalaciones de la biotecnológica Pluristem Therapeutics en el Parque de Ciencias de la Vida

Este parque está en construcción. El primer edificio de los cinco que se proyectan cuenta con empresas como Pluristem Therapeutics, que desarrolla tratamientos a partir de células de placenta. En el parque se invertirán más de US$ 150 millones y el objetivo es crear oportunidades de trabajo nuevas en un sector prometedor debido al aumento de la expectativa de vida de las personas.

Uno de los grandes ejes es justamente la tecnología médica y la medicina personalizada. En ese segmento el hospital estatal Rambam es un socio y un actor destacado del ecosistema; es un nexo entre los estudiantes y egresados universitarios y la industria. Después de mostrar videos con desarrollos como la píldora-cámara, que sustituye la colonoscopía, o robots de cirugía, el director de Rambam, Rafi Beyar, lo explica con claridad: además de estar al servicio de unos dos millones de personas, el complejo hospitalario forma parte de un hub de innovación, es socio de Technion y la Universidad de Haifa, además de tener parte en la incubadora de salud digital Mind Up, que los ayuda a comercializar, y uno de los objetivos es colaborar con la industria para llegar a nuevos desarrollos.

Gabriela Malvasio Nan Kham Li (Birmania) junto al emprendedor israelí Adam Yaron de Fast Applications
En la incubadora MindUp, su CEO Dan Shwarman, explica que se trata de crear un diálogo directo, además de oficiar como un “vivero” que invierte en startups. La incubadora es una joint venture entre Medtronic, IBM, Pitango Venture Capital, Impact 1st Investments y el centro médico Rambam. Han visto unos 350 proyectos de los que invirtieron en siete.

Gabriela Malvasio Visita a la escuela de diseño Tiltan y a incubadoras y fondos de inversión ubicados en el centro de Haifa
Las últimas visitas son en el centro de la ciudad de Haifa, y entre tiendas y grafitis, sorprende de repente entrar a un edificio y encontrarse con una pujante empresa, una incubadora, una escuela de diseño o un espacio de innovación conjunta, donde antes había una discoteca.

Gabriela Malvasio Yael Mittelman, CEO de la aceleradora de negocios hiCenter
La charla más interesante resulta ser la de Yael Mittelman, CEO de la aceleradora y fondo de inversión hiCenter. Habla del modelo de compartir riesgos entre la municipalidad y los privados en materia de inversión en emprendimientos. Y, después de haber visto tantas startups, asegura que es crucial decidir quién va a liderarla y tener un acuerdo por escrito desde el inicio.

Gabriela Malvasio Yogev Katzir, director del laboratorio de innovación abierta infraLabs

Negocios en coexistencia

El CEO de la Corporación Económica, Or Shahaf, reconoce que la coexistencia con los árabes es un tema en Israel pero asegura que no para Haifa, que se presenta como un ejemplo de convivencia. “La paz es un buen ambiente para los negocios”, sentencia.

Dos momentos especiales marcan que este tema es también un eje. Por un lado, una recorrida por un barrio árabe junto al director del Centro Cultural Árabe Judío de Haifa, Asaf Ron, que explica cómo se utiliza el arte para acercar, y cómo se pone un gran esfuerzo en que “la gente escuche y respete todas las narrativas”, y se genere “una zona segura para intercambiar”.

Gabriela Malvasio Empresario Imad Telhami, fundador de Taqwin, fondo e incubadora para startups árabes

Otro es la visita a Takwin, una incubadora y fondo de inversión exclusivos para emprendedores árabes. Fundado por el empresario árabe, Imad Telhami, tiene como socios a dos fondos de origen judío. Su CEO, el judío Itzik Frid, explica que a pesar de haber incrementado su conocimiento tecnológico, los jovenes árabes tienen miedo al fracaso, no cuentan con historias de éxito y “son a pesar del entorno, no debido al entorno”.

Según Telhami para triunfar hay dos elementos claves: saber escuchar a fondo, y tener pasión.

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