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Lidia Fernández y Mary Abeldaño eran amigas y cuñadas,

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Cinco se contagiaron de covid-19 pero dos no volvieron: Mary, Lidia y una familia unida ante el covid-19

Cinco personas enfrentaron la enfermedad en la familia, juntos tratan ahora de afrontar las pérdidas causadas por una enfermedad que “te quita hasta el duelo”

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11 de marzo de 2021 a las 05:04

¿Cómo se transitan dos pérdidas simultáneas? Se intenta. Y se hacen preguntas, aunque no siempre haya respuestas.

Desde el 13 de marzo de 2020 los uruguayos se fueron acostumbrando a convivir con cifras y estadísticas, números y cálculos fríos, incluso cuando se trata de vidas perdidas.  

La historia de María Lidia Fernández apareció en el informe epidemiológico del Sistema Nacional de Emergencias el lunes 25 de enero, cuando se reportaron 14 muertes por covid-19. Tenía 60 años y una alegría contagiosa. Murió en el Hospital Español después de resistir los daños de la enfermedad durante 16 días en cuidados intensivos. Dos semanas después, el 9 de febrero, murió su cuñada, Mary Abeldaño

Una de las preguntas que sigue sin respuesta es cómo el covid-19 llegó a la familia y contagió a cinco integrantes. “Es como dicen en la tele, que se pierde el hilo epidemiológico, no sabemos de dónde vino”, dice Laura Di Pascu, sobrina y ahijada de Lidia, como la llamaban sus seres queridos.  

Los síntomas que provoca el coronavirus no eran ajenos para Lidia, una mujer que según cuenta su sobrina solía recuperarse esporádicamente de neumonías invernales a causa de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) que tenía hacía ya varios años. “Ella estaba agitada y con la voz tomada. En un paciente de EPOC y de asma como ella era habitual escucharla con falta de oxígeno o que se agitara para hablar”, explica Laura, y recuerda que ante la insistencia de la familia para contactar a un médico Lidia aseguraba que se encontraba bien. Fue ella quien llamó a la emergencia móvil para su madrina, que la llevó directamente al Hospital Español, el centro hospitalario de referencia en covid-19. Al día siguiente, un hisopado confirmó la sospecha: resultó positivo al coronavirus.

No saben cómo ni cuándo llegó, pero el avance del covid-19 en la familia fue rápido y silencioso. Después del primer resultado positivo, los médicos concluyeron que otras cuatro personas habían sido contagiadas y los tres mayores requirieron internación simultánea: Lidia en el Hospital Español, su hermano Nacho en el Casmu y Mary en la mutualista Médica Uruguaya. Dos no volvieron.

“Caramba, nunca estuve así", recuerda que pensó Nacho Fernández cuando notó que empezaba a faltarle el aire. Ese mismo día llamó a la emergencia. “La presión estaba perfecta, el corazón perfecto, pero el médico que me estaba auscultando miró a la enfermera y dijo: 'Tenemos que llevarlo'. Y fue así, me llevaron”. En una semana pasó por una internación con "cuidados excelentes" que lo devolvió recuperado de una neumonía. Nacho no cree en el miedo, dice que para él existe el "temor a lo desconocido" pero que "la muerte es la única herencia que tenemos", por eso no le teme. "Siempre pensé que iba a salir curado", asegura. 

Lo que no sabía es que al mismo tiempo su esposa y su hermana enfrentaban una lucha más compleja.

Él fue el primero en la familia que estuvo internado. Hasta que se fue de su casa su esposa y su hermana estaban bien, cansadas y algo agitadas, pero bien. Tres días después de que le dieron el alta médica recibió la noticia de que su hermana había muerto a causa de los daños que le provocó el coronavirus, una "falla generalizada". Su esposa seguía en cuidados intensivos con intubación por lo que no era posible hablar con ella. "Vaya a saber cómo sería ese momento de vida que tenía, no quiero ni imaginar", dice ahora el hombre que la acompañó por más de 40 años, aunque esta vez los médicos le recomendaron que "no se acerque" al sanatorio donde estaba su esposa.

Nadie con la tristeza al hombro

Cuatro décadas pasaron desde el día en que Nacho le preguntó a Mary si quería ser su novia. En esa época sus respectivos hermanos eran pareja y ellos decidieron seguir el mismo camino. Desde entonces fueron inseparables. "Somos una familia muy unida, por eso le doy gracias a la vida", comenta Nacho.

Hace tres años Mary tuvo un accidente laboral y desde entonces esperaba por una operación de cadera. Aunque le habían anunciado que no podría volver a caminar, al año estaba de pie. "Tenía un espíritu de lucha impresionante, miraba por los hijos, por los nietos e inclusive por mí también", cuenta su esposo y agrega: "Su forma de ser, su ímpetu, esas ganas de vivir y de andar que veía todo el mundo le dio impulso hasta el momento que el cuerpo dijo no va más y hay que internarse".

"La alegría tiene que estar en la manera en que uno la recuerda, ¡porque ella era alegre, eh! No dejaba a nadie con la tristeza al hombro, entonces hay que acordarse de eso. Yo siempre me acuerdo de la alegría" - Nacho Fernández

Mary y Lidia eran compinches, así las definen sus familiares. Cuñadas, amigas y hasta vecinas. Vivían en casas separadas por apenas unos pasos. Por eso, cuando debieron reducir sus contactos, decidieron formar parte de la misma burbuja familiar.

Pese a que Nacho es el mayor de los tres hermanos siempre se sintió cuidado por Lidia como si fuera el más pequeño. En eso concuerda Laura, que de alguna forma se sentía que su madrina había adoptado a todos sus sobrinos y ahijados. "Estaba súper pendiente todo el tiempo de que estuviéramos bien; pero era así con todo el mundo: con sus hermanos, con su familia, con sus empleadores", dice su sobrina y asegura que Lidia "estaba todo el tiempo con ganas de vivir, ganas de estar y ganas de seguir". 

Las dos fueron internadas dos días consecutivos y transitaron la enfermedad en simultáneo, por eso en el momento de las despedidas no se enteraron del destino de la otra.

Más allá de los aplausos, una pancarta en reconocimiento al personal de salud

“Los médicos siempre fueron súper sinceros y atentos, estuvieron todo el tiempo cuidando la salud de ella y también nuestra salud emocional", reconoce Laura, quien desde el primer día supo que de alguna forma quería hacer llegar su agradecimiento al personal que estuvo acompañando a su madrina durante las tres semanas de internación. Eligió una forma de estar presente sin exponerse: una pancarta en la entrada del Hospital Español. 

La familia de Lidia Fernández colgó una pancarta en la puerta del Hospital Español como agradecimiento al personal de salud

"Gracias a todo el equipo médico, enfermeros y funcionarios del Hospital Español por su dedicación". El cartel, firmado por los familiares de María Fernández, se mantuvo sobre el portón de la Avenida Garibaldi como una señal de agradecimiento a las personas que supieron acompañarlos con empatía un momento tan doloroso como la partida de Lidia. "Nunca me hicieron sentir que era un paciente más, todo el tiempo estaban dándote a entender que la estaban peleando junto a ella y a nosotros", explica Laura.

La actitud del personal del Hospital Español fue clave para la familia. "Estas cosas van más allá del cuidado, es un tema de humanidad", considera su sobrina y recuerda: "Estuvieron todo el tiempo arriba de ella. Lo sé porque por su condición Lidia no hubiera resistido tanto tiempo; ahí se nota un esfuerzo sobrehumano del cuidado hacia ella. También son seres humanos, también tienen sentimientos y a ellos se les mueren pacientes todos los días por esto".

El duelo: un acto de fe

En una familia unida la muerte no se concibe en soledad. Por el contrario, el coronavirus es una enfermedad que te aísla sin importar cuántas manos quieran sostener las tuyas y ese es uno de los aspectos más dolorosos de las despedidas.

A Lidia la internaron un domingo y desde ese día su familia no volvió a verla. Durante las tres semanas que estuvo en el Hospital Español sus familiares pudieron comunicarse con ella dos veces antes de que la intubaran para facilitarle la respiración. "La llamamos a su celular y pudimos hablar con ella, nos encargamos de decirle que la amábamos y que estuviera tranquila", cuenta su ahijada. 

Lidia Fernández y su ahijada Laura Di Pascu

A pesar del contacto que mantenían con los médicos, la información y la delicadeza con que intentaban actualizar a la familia sobre el estado de salud de Lidia, ya no tuvieron contacto con ella desde el tercer día. Desde ese martes Laura comenzó a despedirse con la sensación de que no la volvería a ver, pero la esperanza de que la situación se revirtiera.

"Es muy difícil estar en tu casa sabiendo que tenés un familiar que amás y que siempre fue tan unido a vos perdiendo la vida de a poquito sin saber cómo está pasándolo. Es muy complicado. Creo que nadie se da cuenta de lo que es esto, nadie llega a darse cuenta del peligro que es" - Laura Di Pascu

"No tenés la posibilidad de despedirte, ni cuando todavía estaba ni cuando ya no estuvo", explica Laura. La Dirección General de Salud del Ministerio de Salud Pública recomendó a las empresas fúnebres que los velatorios de personas que murieron por coronavirus se realicen con el féretro cerrado y asegurando un máximo de cinco personas. Esta decisión hizo aún más difícil la despedida para la familia. "Te priva hasta de poder llorar porque no sabés a quién estás llorando", cuenta Laura.

"Esto no se torea"

La familia Fernández se cuidaba. Desde que comenzó la emergencia sanitaria tomaron las precauciones necesarias para evitar contagiarse, pero aun así tuvieron que lamentar las pérdidas: "un golpe detrás del otro", como lo define Nacho. 

"Creo que hace falta que la gente reaccione de la manera que puedan hacerlo. Porque para reaccionar y tomar conciencia de lo que esto es hay que pasar por una situación extremadamente límite; no hay necesidad de que nadie más tenga que pasar por esta situación porque es un dolor muy grande, un dolor que no sabés si lo vas a poder curar en algún momento", dice Laura y asegura que las personas que tuvieron que pasar por su situación "tienen que aprender a cuidarse el triple". "El que no lo vivió tiene que ver que hay gente que sufre, porque sufre el que está solo y sufre el que está en la casa. Es dificilísimo poder entender cómo no puedo estar dándole la mano cuando en realidad sé que tiene miedo", explica Laura.

"El miedo más grande que te provoca esto es saber que la gente no se cuida" - Laura Di Pascu

Hoy es difícil para Laura estar en contacto con otras personas sin tener presente que puede enfermarse y enfermar a su familia, cuenta que ahora en la cartera cambió el perfume por un recipiente de alcohol. Nacho observa los detalles y no entiende cómo hasta las mismas personas que piden que la población respete las medidas sanitarias se rodean de gente sin tapabocas ni distancia interpersonal, tampoco comprende por qué hay personas que participan de aglomeraciones. "Una cosa es cuidarse y tener un accidente con la enfermedad, otra cosa es torearla y esto no se torea", concluye.

 "Tengo una hermosa familia, vivo por ellos y la cuido con mi vida. Me cuido tratando de cuidarlos a ellos, es la mayor fortuna que puedo tener" - Nacho Fernández

"Para que la gente se concientice tiene que darse cuenta y mirar un poco alrededor y hablar más allá de su burbuja. Hablar nada más. Es muy triste saber que hay mucha gente que no se cuida  y saber que hay gente que nos cuidamos y que tenemos que pasar por esto", lamenta Laura.

En tres semanas la vida se dio vuelta para la familia Fernández. Ahora continúan, recordando la alegría y procesando un duelo en medio de una pandemia que a un año de su llegada sigue circulando en el país y el mundo.  

*Esta nota forma parte de la serie Vidas rotas por el covid-19: las historias detrás de los números

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