Temas > COLUMNA NATALIA TRENCHI

Cómo presentar a los hijos una pareja nueva

Es fundamental respetar el tiempo que el pequeño necesite para adaptarse al cambio

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13 de diciembre de 2017 a las 05:00

Todo padre divorciado o separado tiene derecho a rehacer su vida con una nueva pareja, pero muchas veces los hijos son los que se sienten más desconcertados con el cambio. Si se muestran molestos, e incluso agresivos, es porque en el fondo lo que tienen es un miedo profundo a quedarse sin un lugar en el corazón de sus padres o madres.

También es común que los hijos crean que existe un problema de lealtad hacia el otro padre, lo que puede incidir en la relación con la nueva pareja.

Es aconsejable no forzar el vínculo. Es necesario dejar pasar un poco de tiempo para que lo acepten a su ritmo.


¿Cuál es la mejor formar de transmitirlo como padre?

Primero es fundamental que el niño se entere por el progenitor involucrado y en el tiempo adecuado.

Ese es uno de los errores más frecuentes de los padres. Cuando las parejas se separan, ya vienen procesando la crisis de mucho tiempo atrás. Pero la realidad es que los hijos no suelen ser conscientes de ese proceso previo a la separación.

En estos casos, cuando no lo esperan, se produce un shock al recibir la noticia que lleva su tiempo de reacomodo. Es entonces que empieza un período de duelo por lo que se perdió. Este momento es imprescindible, necesario y normal. Los niños están tristes y es normal que hagan muchas preguntas. Hay que darles tiempo para encontrar un nuevo equilibrio.

Muchos padres ya tienen una nueva pareja cuando deciden separarse o la encuentran muy pronto y enseguida se la presentan a los hijos. Eso es interrumpir un proceso. Los niños no estaban prontos todavía para aceptar o entender una nueva pareja de los padres.


¿Qué deben hacer los padres si el niño no se muestra preparado?

Primero, no apurarse y respetar los tiempos. A veces se puede observar que los papás o las mamás, con el entusiasmo lógico de estar en una nueva relación y de sentirse enamorados nuevamente, quieren compartirlo y quieren hacer vida de familia. Pero es necesario ser cautos, no apurarse.

Por más que una pareja parezca brillar, el incorporar los hijos a esa relación implica un grado de seguridad importante del lado de los adultos. Implica un mayor grado de compromiso y estar lo más razonablemente seguros posible de la pareja nueva.


¿Qué pasa cuando la expareja no acepta la nueva pareja? ¿Cómo se puede ayudar a los niños?

Los adultos tienen el control de esto. Si no pueden tener un buen matrimonio deben hacer lo posible para tener una buena separación. Lo más sabio es ponerle fin antes de odiarse.

Existen distintos factores que llevan a la ruptura de una pareja. No es una buena manera separarse porque aparece un tercero. Esas son cosas que, evidentemente, después son muy difíciles de remontar.

Una buena separación, un buen divorcio, tiene que permitir que prevalezca el respeto por el otro. Cuando las cosas se hacen de esa manera, es menos probable que el otro papá se ponga en contra.

En ocasiones cuesta un poco procesarlo, pero cuando se actúa con respeto hacia el otro, todo marcha mejor. Si no es así, lo mejor es hablarlo, porque no es sano -ni para los niños ni para los grandes- quedar atados o envenenados con algo que uno puede superar.

Cuando se trata de niños pequeños, se crea una competencia natural con la nueva pareja, quien piensa tener más derecho sobre sus padres. Entonces comienzan a probar su amor, a ver quién es verdaderamente más importante para ella o él.

Si los hijos ya son adolescentes, una buena actitud a tomar puede ser decirle: "Algún día tú también vas a formar pareja con alguien que te quiera y no me parece justo que en ese momento tengas que estar pendiente y hacerme compañía".

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