27 de junio de 2014 19:51 hs

La herida está abierta. Lugano le dijo a Maradona que están con un dolor inmenso. El presidente Mujica expresó el sentimiento del pueblo chico al que se lo golpea constantemente. Las caras de los jugadores cuando llegaron a Rio de Janeiro denostaban el impacto recibido. Hubo despedidas con lágrimas. Todo fue tocando profundo.

No fue un hecho más. Se trata del jugador más representativo del equipo. El villano que se convirtió en héroe. El que lloró cuando se lesionó acompañado de su señora y sus hijos. El que peleó por volver contra todo. Masticó la bronca del debut y le devolvió el alma al cuerpo al país cuando volvió.

Ya no está ese hombre. Ya no está Luis. Se tiene una medicina menos en el blíster. La pastilla más valiosa, la que termina curando definitivamente al paciente. Y quedan 10 en el paquete. Que tendrán que surtir el efecto justo y necesario para calmar el dolor que siente todo el país.

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El Mundial ya no es lo mismo. Pero los uruguayos en estas circunstancias, cuando todo está en contra, se sobreponen con una enorme entereza.

No fueron muchas las ocasiones en que las que el equipo tuvo que jugar sin Suárez. Pero curiosamente hay un antecedente y es aquella goleada en contra en Barranquilla, contra el rival de esta tarde. Era otro partido. Otro escenario.

El Mundial es distinto. Suárez tenía otro peso. Los colombianos, cuando se pongan la camiseta en el vestuario, sabrán que del otro lado no estará el hombre más peligroso de la Copa del Mundo.

Mientras que los uruguayos tendrán que adaptarse nuevamente a una fórmula sin el referente ofensivo.

¿Qué implica su baja? Muchas cosas. Además de que Luis es un foco permanente de atención para los rivales, a los cuales no les permite jugar con tranquilidad. Es el que tiraba la presión bien arriba. Eso marca pautas. Todo el equipo sabe que cuando Luis va, hay que adelantar las líneas.

Pero no es lo único. Uno de sus fuertes es jugar de pívot. De espaldas al arco es seguro. Los defensas respiran tranquilos cuando se la tiran porque saben que no la va a perder. Además, esta virtud le permite descargar la pelota para los laterales.

El Cebolla Rodríguez no tendrá al hombre con quien tiraba paredes y se la devolvía redondita. No es sencillo reemplazar a un jugador de tamañas condiciones. Pero acaso el punto más alto es el instinto asesino de Luis en el área.

Desde el golero Fernando Muslera, que lo buscaba con una pelotazo largo desde el arco, hasta el último jugador de campo, sabía perfectamente que allá arriba estaba el terror de los defensas rivales. El hombre que les quitaba el sueño, que no los dejaba jugar con tranquilidad.

Ya todos saben que Luis es mañero, molesto, quejoso, que perturba con su sola presencia. Uruguay no cuenta en su plantel con ningún jugador de estas condiciones. Suplirlo será la tarea. Hacerlo olvidar no será sencillo.

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