Espectáculos y Cultura > Entrevista a Walter Tournier

Creador de los Tatitos: "En vez de vivir del cine, creo que hemos logrado sobrevivir"

La vida del realizador transcurre entre su última película, la presidencia de Egeda, la escultura y una difícil situación económica 

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18 de febrero de 2019 a las 05:00

Hay que meterse entre las palmeras y los helechos abundantes, entre la vegetación sin contención que serpentea a los costados del empedrado, para encontrar el taller. Semi oculto, espera en el fondo del fondo de la casa, que es enorme, vieja y cuenta historias en cada rincón. El taller, en tanto, bien se podría confundir con el de un carpintero o un herrero más; recién cuando se identifican los primeros destellos de artesanías esa suposición primaria desaparece. Al visitante primerizo le bastará encontrarse con los ojos eternamente fijos de los muñecos sentados en las estanterías para volver a recordar que allí dentro funciona un ecosistema creador de mundos. En ese taller en el que se amontonan las herramientas y la luz entra limpia, el oficio siempre estuvo al servicio del arte. Allí dentro, al amparo de los matorrales, nacieron los Tatitos y Selkirk. También los cortos que, todavía hoy, hacen llegar minúsculas regalías a la casona de la calle Anzani. 

“¿Querés que haga chispas para la foto?”, dice el dueño y creador de todo, divertido. Y así, Walter Tournier, arrastrando los 74 años pero con el pulso firme y la caminata decidida, toma un hierro y lo aprisiona en una máquina. El disco de la amoladora comienza a girar y la lluvia de chispas ilumina su rostro desprotegido. Delante de él, la capa de polvo de una fila de tatitos también resplandece.

Tournier es, y todo el mundo concuerda, el gran impulsor de la animación en Uruguay y en América Latina. Es el creador de personajes que ya son patrimonio cultural del país. Su trabajo ha abierto puertas dentro y fuera de fronteras. Sin embargo, su realidad, hoy, es complicada. El realizador está, básicamente, en la misma situación en la que ha estado siempre: peleando, tironeando fondos para concretar producciones a plazos eternos, luchando con una de las formas de producción más caras de la industria audiovisual: el stop-motion, técnica de la que es precursor y maestro. Su última película, Selkirk: la verdadera historia de Robinson Crusoe, se estrenó en 2012 y si bien puede valorarse como un éxito, ya es uno lejano. Su último corto, Alto el juego, lo hizo hace tres años y con mucho esfuerzo, pero dice que será el último. 

Ahora tiene el proyecto Pueblo Chico entre manos junto a su esposa y socia Lala Severi. Es un largometraje pero no hay fecha de finalización. Dice que está cansado, que los problemas económicos son demasiados y que la edad le pesa. Pueblo Chico será, seguramente, una conclusión para su carrera. 

Pero Tournier tiene, de todas formas, más peleas en su frente. Una es personal: será con las posibilidades de expresarse a través del arte y las esculturas. La otra, es con el sector audiovisual: el cineasta es el presidente de Egeda Uruguay, una entidad que llegó al país en 2007, que busca defender los derechos de los productores audiovisuales locales y que, desde hace años, tiene varios litigios con el Estado y entes privados. Ambas cuestiones, principalmente la primera, lo motivan por estos días. La posibilidad de expresarse por fuera del cine lo inquieta y lo sacude, aún cuando a veces le parece que ya no hay demasiado por lo que entusiasmarse en el horizonte. Así, vuelve a aflorar su pasión por la creación, esa que lo hizo reconocido y que cuenta ya varias décadas. Para Tournier, la pulsión por el arte no tiene fecha de caducidad.

¿En qué estado se encuentra su próximo proyecto?

Hacer cine es complicado. Se puede, pero cuesta. Y hacer animación más todavía. Hace ya unos años que estamos con Pueblo Chico, que es un largometraje. Estamos en la etapa de consolidar la coproducción. Tenemos un coproductor en Argentina y otro en Brasil. Estamos consolidando los acuerdos para que se pueda presentar el proyecto en cada uno de los países a los distintos fondos. No estamos ante la mejor situación, porque no se sabe bien cómo va a ser el apoyo en esos dos países a la producción de cine con los cambios en los gobiernos. Pero tanto los coproductores como nosotros tenemos esperanzas de que se pueda concretar y podamos llevar a buen puerto este proyecto. Por supuesto, no es inmediato; este año vamos a tener que seguir batallando con los fondos. 

La palabra “batallar” era una definición acertada para definir al cine local hace un tiempo. ¿Lo sigue siendo?

Y sí. Hay que seguir peleando, porque las producciones no son baratas y hay muchas. Hay muchos estudiantes y egresados que están haciendo cine, y los fondos siguen siendo exiguos para tanta cantidad de proyectos. Ahora está este apoyo fuerte del Estado, que ha logrado separar US$ 4 millones para el desarrollo del cine, y se va a dividir en dos partes. Todavía se está trabajando en la implementación y la idea es hacerlo entre este año y el que viene.

“Hay muchos estudiantes y egresados que están haciendo cine, y los fondos siguen siendo exiguos para tanta cantidad de proyectos” 

¿Ese apoyo es significativo?

Sí, sobre todo comparado con otros fondos. Pero igualmente, diría que no alcanza. Pueblo Chico, por ejemplo, es un proyecto de más de 2 millones de dólares. Claro, es de los proyectos más caros por el hecho de la animación. De todas formas, vos podés hacer películas con presupuestos acotados, pero vas a estar limitado. La calidad va a ser mejor si tenés un presupuesto más alto. Por eso, es muy bienvenido todo esto, pero creo que seguimos adoleciendo de montos mayores para la cantidad de producciones que hay.

Lo que sí está claro es que cada vez se hacen más películas en Uruguay. 

Sí. Fijate que hay más de 3 mil estudiantes de cine. Esas personas van egresando y quieren producir, hacer cosas.

¿Que haya tantos estudiantes responde a que hay un camino allanado en el rubro?

Creo que se logró demostrar que en Uruguay es posible producir cine, hacer nuestro cine. Y muchos jóvenes ven ahora que es una oportunidad o una posibilidad para poder expresarse. Pero a esos jóvenes hay que dotarlos de posibilidades para que crezcan, no solamente para que terminen de estudiar y se vayan del país o se dediquen a ser taxistas. 

“Se logró demostrar que en Uruguay es posible producir cine, hacer nuestro cine”

¿Cómo ve el éxito que ha tenido el cine uruguayo en el exterior últimamente?

Es fenomenal. Lo de Lucía Garibaldi, que es una gurisa joven, fue divino, impresionante. Me alegré muchísimo. Los jóvenes tienen que tener esa posibilidad. Leí por ahí que ella decía ‘ojalá que esto sirva para tener más trabajo’, y me parece que tiene toda la razón del mundo. Y se suma a lo de Álvaro Brechner. Estamos demostrando que podemos hacer un buen cine, que puede ser reconocido a nivel internacional y con premios importantes. Ni Sundance ni el Goya son poca cosa.

Que se puede hacer buen cine uruguayo queda claro. ¿Pero se puede vivir de eso?

En mi caso está complicado. Siempre digo que soy un privilegiado dentro de América Latina por haberme dedicado a hacer animación y por haber vivido, de alguna manera, de ello. Pero no es nada fácil. En vez de vivir, creo que lo que hemos logrado con Lala es sobrevivir. Estamos sobreviviendo. Logramos solucionar la vivienda gracias al trabajo que se hizo hace años con Selkirk. Pudimos levantar la hipoteca por la película. Pero hoy no tenemos una entrada fija de dinero. Fijate que pasaron siete años de mi última película y todavía no logro conformar otro proyecto. Hice un par de cortos en el medio, pero eso no te da para vivir, te da para solucionar momentáneamente. Mi último corto lo hice hace unos tres años y conseguí financiación nacional, de un crowfunding en donde varios amigos nos ayudaron, y de Paraguay. Increíble pero un instituto de la infancia se enteró y puso la mayor parte del dinero. Esa plata nos permitió producir y pagarle a todos, porque en el corto anterior la mayoría había trabajado gratis. Así, en parte, hemos ido solucionando el problema económico. Pero no tenemos capacidad de ahorro en absoluto, vivimos al día. De vez en cuando recibimos algunos euros. Hace poco nos llegaron 170 de una exhibición de unos cortos en España. Cuesta mucho vivir del cine por la falta de continuidad en la producción. Todo es muy lento. Por eso ahora estoy haciendo esculturas. Voy a hacer una exposición a partir de marzo en mi casa, y Lala está haciendo pinturas.

¿Esas cuestiones lo desalientan o lo hace pensar en el retiro?

Tenemos el proyecto de Pueblo Chico, que lo vamos a hacer. Pero ya no estoy haciendo más cortos. Llega un momento que cansa. Por eso, lo de hacer esculturas me colma mucho. No dejo de lado el otro proyecto, pero no puedo estar sentado cruzados de brazos. Soy muy inquieto, tengo un taller, estoy haciendo otras cosas. Pero me cansa. No tengo ideas para hacer series ni cortos. No estoy motivado. Sí tengo la motivación del largo, pero ya está. Y la edad pesa.

Cambiando de tema ¿Por qué y en qué circunstancia aceptó ponerse al frente de Egeda Uruguay?

Cuando llegó Egeda en 2007 yo estaba dirigiendo ASOPROD (la Asociación de Productores y Realizadores de Cine del Uruguay). Tuvimos el ofrecimiento de formarlo en Uruguay a partir de un acuerdo con Egeda España, que nos daba la representación de toda la producción y además protegía nuestros derechos de producción fuera de Uruguay. Entonces se constituyó Egeda con personería jurídica, pero no funcionó durante muchos años. Ahora hace un tiempo que funciona dentro de su cometido. La mayoría de los que conformamos la directiva somos productores uruguayos y pensamos que a través de Egeda podemos defender nuestros derechos y tener otra fuente de ingreso. Estoy vinculado desde el inicio. Para la presidencia me propusieron a mí y dije que sí, porque creo que es necesario.

“Creo que lo que hemos logrado con Lala es sobrevivir. Estamos sobreviviendo. Vivimos al día. Cuesta mucho vivir del cine por la falta de continuidad en la producción”

¿Están desprotegidos los derechos de los productores en Uruguay?

Sí. Están desprotegidos en dos puntos: en la retransmisión a través de los cables de aire, y en la utilización en espacios públicos del cable. A mí no me gusta que mi película se pase por un canal de cable sin que yo haya hecho ningún acuerdo con ese canal, por ejemplo. Cuando vos ibas a un videoclub y alquilabas un video, no armabas un cineclub en tu casa con esa película. Era algo familiar. Esto es lo mismo, el cable es familiar. No es para poder utilizarlo en comercios. Cualquier actividad comercial en el que se lo utilice tendría que pagar un monto mínimo. Pero no solo con nuestras películas; nosotros tenemos la representación hasta de las novelas turcas. De eso, un 20% se queda en Egeda para apoyo de la producción nacional, y el resto va todo a los productores de la obra.

¿En qué situación está la defensa de esos dos puntos?

Está complicado, hace años que estamos en problemas. Tenemos juicios con los cables, nadie quiere pagar porque es algo nuevo. Es una situación compleja, la presión es muy fuerte.

¿Quién presiona?

Los operadores de cable, los hoteles, Cambadu, los grandes clubes deportivos. Son cámaras comerciales fuertes que presionan al Estado.

¿Cómo es la relación de Egeda con el Estado?

Hace tres años que tenemos una auditoría que no se cierra. Por qué no se cierra, no sabemos. Los juicios los tenemos desde hace tres o cuatro años. Nosotros creemos en la Justicia y en que estamos haciendo una actividad totalmente legal, y esperemos que se dirima esta situación de una vez. Se nos viene una año electoral y complica todo, además.

Básicamente lo que quiere hacer Egeda con el cine es lo que hace Agadu con la música. ¿Por qué cree que existe esa resistencia?

Agadu hace 60 años que existe, seguramente al principio haya sido igual. Trabajaron muy bien y lograron que se reconozcan los derechos de los músicos. Agadu hizo un trabajo permanente y fuerte, que es lo que estamos tratando de hacer, pero nos está costando. ¿Por qué pagas derecho por la música y no por la imagen? El mayor obstáculo de Egeda es la falta de comprensión en la población, la falta de comprensión y apoyo del Estado, y la falta de diálogo. Estamos dispuestos a dialogar con quien sea, pero no se dan las instancias. No nos podemos sentar a hablar y no sabemos por qué. Estamos peleando por derechos que están en la constitución.

Otra veta: la escultura
Dado que Tournier y su esposa se encuentran en una encrucijada artística y económica, decidieron retomar la creación de arte. Mientras que Tournier realiza esculturas en hierro y madera, Severi pinta. En ese sentido, durante cada uno de los sábados de marzo los realizadores expondrán estas obras en su casa, así como todos los elementos relacionados a sus dilatadas carreras como animadores.  La idea es aprovechar las posibilidades que la enorme casa les da para armar un circuito atractivo.
“Siempre me gustó”, dice Tournier. “De hecho, había hecho algunas esculturas esporádicas. Y ahora, ante toda esta situación que estaba viviendo, pensé que tenía que hacer algo. Ahora tengo más de 40 esculturas hechas. Estoy contento con eso. Siento que hago algo que está muy vinculado a mí. En el cine buscaba dar ciertos valores, pero acá es simplemente busco expresarme artísticamente”. La exposición se inaugura el 2 de marzo y estará abierta los sábados de ese mes de 11 a 14 horas. La dirección es Anzani 2015, en Buceo.
La hoja de ruta
En diciembre de 2018, el MEC, el Ministerio de Economía y Finanzas y Transforma Uruguay lanzaron un proyecto con el que pretenden dotar de US$ 4 millones al sector audiovisual para su desarrollo. “La mitad será para la gente que viene a contratar servicios al Uruguay, a los que se le devuelve determinado monto para, justamente, fomentar su llegada. El otro monto sí tiene más que ver con la parte de producción nacional, ya que iría a los proyectos nacionales sin necesidad de reembolso”, explicó Tournier.
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