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Cuando en el equipo hay un fotógrafo como el Tano: la foto de Paul McCartney

                                                                        

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25 de octubre de 2021 a las 05:20

Por Gabriel Pastor

Ex subeditor jefe 2012-2014

El profesor de periodismo Andrew DeVigal, experto en innovación periodística y narración transmedia, como exeditor multimedia de The New York Times, pudo darse cuenta a tiempo del papel decisivo de las plataformas tecnológicas y la experiencia de la interactividad para transformar con éxito un diario de la era del papel hacia otra digital. Pero lo más importante, dicho por él mismo, sin lo cual el plan hubiera fracaso, fue la “colaboración y trabajo en equipo” del periódico neoyorquino.

Y eso es algo que siempre aprecié de El Observador: el trabajo en equipo y la actitud siempre abierta a la retroalimentación de los diferentes saberes de una redacción, conformada por periodistas, reporteros gráficos, maquetadores, correctores de estilo.

Tengo en mi memoria muchas anécdotas que viví o protagonicé en Cuareim y Guatemala, en la Aguada.

Una de ellas ocurrió el sábado 14 de abril de 2012. Me tocaba formar parte del equipo de guardia de ese día. Como ocurre en casi todos los diarios del mundo, los fines de semana se trabaja con un grupo muy reducido, pues la mayoría del contenido ha sido preparado con anterioridad.

Casi todo está organizado, hasta una impresión en tamaño natural en blanco y negro, de las páginas ya listas para conformar, en este caso, la edición del año XXI, número 6.954, de 64 páginas y a $ 40,00.

Hay que controlar que todo esté presentado lo mejor posible. Detectar errores u horrores de todo tipo, tipográficos, de ortografía y de gramática, siempre ha sido el consejo de María José Caramés, una gran correctora de estilo, pero, sobre todo, una compañera muy querida.
Llegué a la redacción sobre las dos de la tarde, habiendo visto las principales páginas ya terminadas y que podían ser temas para destacar en la portada. Recuerdo un informe de Fernanda Muslera sobre el peligro en el que se había convertido la circulación de unas 900 mil motocicletas en Montevideo, previsto para las páginas 2 y 3.

Otra nota, firmada por Leonardo Luzzi, sobre el promedio de 300 uruguayos por mes que retornaban a Uruguay desde Estados Unidos y países europeos por la crisis económica de 2008.

En página 6, una noticia de alto impacto entonces, como la de los dos enfermeros procesados por el homicidio de 15 pacientes.

Nos faltaba foto para la tapa, una potente marca registrada de El Observador que había que honrar todos los días.

¿Y por qué descartar la VI Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias, que había empezado ese día y las agencias internacionales ofrecían buenas fotos de Barack Obama? Me parecía más que suficiente para la apertura de la sección internacional, pero para la tapa, solo si no había más remedio.

Pero esa guardia fue para mí una bendición de los dioses. Tener que hacer el cierre con Pablo Mancione, cuyo cargo de coordinador de edición dice poco sobre su papel clave en la redacción, y el gran Nicolás “Tano” Scafiezzo en fotografía, que tristemente falleció este año por covid-19, generaba un exceso de confianza en que, de un modo u otro, surgiría una (buena) foto.

Pero estaba nervioso. Pablo intuyó mi inquietud y me dijo: “¿Por qué no intentamos conseguir una foto de Paul McCartney que ya llegó a Uruguay?”. “Puede estar bueno”, acotó por lo bajo. Me había olvidado del concierto del exbeatle previsto para el lunes próximo y menos tenía presente que ya estaba en Montevideo y que en esas horas llegaría al Estadio Centenario (supongo que para realizar pruebas de sonido).
En eso, Pablo y yo vimos al Tano mirando fotos en su computadora y ambos, casi al unísono, le dijimos sobre la posibilidad de conseguir una foto a McCartney. El Tano reaccionó con escepticismo, pero igual le pareció bien hacer el intento ¿Y si se asoma por una ventana? ¿Y si rompe el protocolo del caso y podemos sacarle una foto por lo menos, aunque sea a mucha distancia? Nunca se sabe.

Pasaban los minutos que parecían horas, y no sabía nada del Tano. Pablo me tranquilizaba, confiado en las habilidades de uno de nuestros principales fotógrafos.

Finalmente, el Tano apareció en la redacción con su sonrisa tan característica, un gesto de satisfacción que no necesitaba de las explícitas palabras de que había conseguido las ansiadas fotos de McCartney.

El mérito del entrañable Tano fue doble: “salvó” la tapa dominical y, si no me falla la memoria, logró el único registro fotográfico de ese momento del exbeatle en Montevideo.

La foto de Nicolás “Tano” Scafiezzo

*Este artículo forma parte de la edición especial 30 años de El Observador.

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