Cuidacoches expresaron sus reclamos en jornadas educativas de la IM

Una treintena de cuidadores de vehículos participaron de la segunda edición de talleres de capacitación en la Intendencia

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04 de octubre de 2017 a las 18:55

"Sabés lo que pasa? Que la Policía nos trata como si fuéramos delincuentes, del primero al último", interrumpió la clase José Luis (47), y sus compañeros, una treintena de cuidacoches con rostros serios y enojados, asintieron en voz alta. "¡Es verdad!", dijeron casi a coro y empezaron a aplaudir. Hacía diez minutos que había comenzado la segunda edición de los talleres de capacitación socioeducativa que coordina la Intendencia de Montevideo junto a los ministerios del Interior y Desarrollo Social, dirigidos a los ahora denominados "cuidavehículos", para instruirlos en nociones de seguridad vial, social, laboral y buen relacionamiento con los ciudadanos.

A ese reclamo, siguieron varias anécdotas individuales que ilustraban distintas clases de destrato o atropello policial –según sus propios relatos– a pesar de que Sandra Estévez, la docente del Centro de Formación y Estudios de la comuna, encargada de abrir la jornada este miércoles por la mañana, había solicitado expresamente que se omitieran los relatos personales.

Lo mismo pidió quien la siguió después, Paolo Baillo, inspector de tránsito del Centro de Educación Vial, que pasó al aula a explicarles todos los derechos y obligaciones que, como peatones que son cuando desempeñan su labor, tienen en el tránsito.

"Ellos encuentran en este momento una oportunidad para descargar muchas cosas que afrontan todos los días, pero no entienden que nosotros no somos los que podemos solucionárselas, aunque podemos ayudarlos", sostuvo Baillo a El Observador minutos antes de ingresar a la clase, en el edificio anexo al palacio Municipal.

El inspector les mostró una serie de diapositivas que mostraban diversas situaciones irregulares en el tránsito, en muchos casos teniendo a los cuidadores como directos protagonistas: caminando por el medio de la calzada, sentados en el capó de los autos, encapuchados recibiendo propina de conductores, sentados en butacas reservando ilegalmente estacionamiento, entre otros ejemplos. Las reacciones más frecuentes de los asistentes eran de comprensión, pero también había de las otras, y ahí la clase se detenía.

"Tenemos que caminar sí o sí por el medio de la calle, si no, no cobramos", exclamó uno, ante el consejo de Baillo de situarse siempre en la vereda.

También fue polémico cuando les recordó que ellos no tienen "potestad" de detener el tránsito para permitir la salida de autos estacionados. "¿No les pasó alguna vez que por intentar hacer eso les tiran el coche encima?", les preguntó. La respuesta fue al unísono: "¡Miles de veces!". "Entonces –explicó– no lo hagan, porque no tiene la autoridad y porque son ustedes los que salen perdiendo".

Mala imagen

Desde la Intendencia se asume como una realidad la "imagen negativa" que tiene la ciudadanía sobre la figura de los cuidadores de vehículos. "Queremos mejorarla, pero no solamente cambiándole la cara, sino también capacitándolos para que sepan desenvolverse mejor en sus propios espacios", dijo a El Observador Fabiana Goyeneche, directora de Desarrollo Social, sobre el propósito de estos cursos. Porque, según explicó, también son referentes barriales en algunas zonas, y deben seguir siéndolos. "Para muchos vecinos, son sus colaboradores en el tránsito y en la convivencia del espacio público, ya que conocen el área y todo lo que pasa a su alrededor", dijo.

Pero también hay de los otros, los “oportunistas”, que representan dolores de cabeza en muchos barrios, admitió la jerarca. En ese sentido, el responsable de la Unidad de Cuidadores de Vehículos, Hugo Belli, dijo que la comuna trabaja en la elaboración de una planilla electrónica con todos los cuidadores registrados –750 hasta el momento–. Y próximamente, informó, sus datos estarán disponibles en la web de la Intendencia para la constatación de todos los ciudadanos que duden de la legalidad de los trabajadores de sus cuadras. Asimismo, adelantó que todos los trabajadores incluidos en el sistema, estarán “georrefenciados”, lo que facilitará el control departamental.

Además, la comuna también trabaja en una línea telefónica gratuita para recibir las denuncias sobre cualquier tipo de improcedencia o maltrato. “Por ejemplo, nadie está obligado a dar propina; y si el cuidador la exige, es una falta que debe ser sancionada”, aseguró.

Estigma

El último módulo del taller tal vez sea el que más recordarán los asistentes. Allí, aunque poniendo ciertos límites, el capitán de la Guardia Republicana Washington Pereyra les permitió, a todos los que quisieran hacerlo, que se desahogaran y se desquitaran –como sucedió en la mayoría de los casos– con la Policía. Hubo lágrimas, largos reclamos, se contaron historias de discriminación, golpes, detenimientos y calabozos. El común denominador que sustentaba todos los relatos fue el “prejuicio” que, entendían recibían como “cuidacoches”. “Para la Policía –insistió José Luis, cuidador desde hace 22 años–, somos unos pordioseros, unos pichis, unos malandros”.

El objetivo de Pereyra fue esclareciéndose a medida que se sucedían los turnos para hablar: tocar fondo en “las generalizaciones” que los trabajadores hacen de los policías, para que entendieran que es la misma que la población hace con ellos. “Eso es lo que tenemos que cambiar todos –les dijo–. Nosotros y ustedes. Y tenemos, además, cifradas esperanzas de que mediante este programa sean visualizados y referentes de la seguridad: que ese Juan Pueblo, que hoy los mira con desdén, pueda estar seguro que dormirá tranquilo con su presencia”.

Luego de los aplausos, los saludos y agradecimientos, Pereyra destacó a El Observador que el Ministerio del Interior, cuando participa en instancias interactivas de este tipo, lo hace para “construir seguridad”. Y, en este caso, para “escuchar” a un grupo social, asociado a situaciones conflictivas, que “está sufriendo y mucho”. “Casi que no se sienten personas –lamentó–. Basta con escuchar las cosas que cuentan. Por eso tienen desconfianza en nosotros y en el sistema que los comprende. Es comprensible”.

Para el capitán, este trabajo interinstitucional, que busca desestigmatizarlos, debería ser complementado desde la educación “y el acercamiento a las comisiones locales y barriales, porque de otra forma es imposible cambiar algo”. José Cabrera (66), cuidador desde hace más de dos años, agradece “infinitamente” haber conocido este trabajo, por el “aprecio” que se ganó en el barrio donde trabaja, que valora como nada. Pero lamenta que el público “desconozca” la importancia de su trabajo”.

Reconversión socioeducativa

La Intendencia se trazó el objetivo de formalizar e instruir a todos los cuidadores de vehículos de la ciudad para fines de 2019. Actualmente, hay 750 inscriptos y se llegará al final de la semana a más de 130 formalizados. La comuna y el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) pretenden que los trabajadores aporten como monotributistas. El ingreso diario de los cuidadores es muy variable; depende del día, el clima y el barrio, pero todos acuerdan en que, en una jornada normal, cobran entre $500 y $1.200.


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