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De la Unasur al Prosur, ¿mismo error?

Chile y Colombia proponen la creación de un nuevo organismo regional

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15 de marzo de 2019 a las 05:04

El próximo 22 de marzo se realizará en Santiago de Chile una reunión regional para dar formato a la creación de una nueva organización suramericana, la que tiene por objetivo sustituir a la paralizada Unasur. Se trata de una idea impulsada principalmente por los gobiernos de Chile y Colombia.

Cabe recordar que, en abril de 2018, seis países miembros de la Unasur decidieron dejar de participar en dicho ámbito debido a la polarización política generada a partir de la crisis en Venezuela, lo que hace imposible avanzar con el cumplimiento de los objetivos de una organización que opera por consenso. 

Lo cierto es que las diferencias entre los miembros de las distintas instituciones regionales en temas tan centrales como los valores democráticos, no solo afectó el funcionamiento de la Unasur, sino también el de otros organismos y foros como la OEA, la Celac o el propio Mercosur. Al respecto de este último, si bien se llegó a un acuerdo entre los miembros sobre la suspensión de Venezuela del Mercosur aplicando la Cláusula Democrática, se está lejos de alcanzar un consenso sobre la gravedad de la crisis. De hecho, Uruguay y Bolivia siguen reconociendo y apoyando al régimen de Maduro.

Vale la pena remontarse a los orígenes de la Unasur para intentar evitar la creación de más institucionalidad replicando los errores del pasado. La misma se formalizó en 2008 y se encuentra plenamente vigente desde el año 2011. Los antecedentes de la institución se remontan a la Declaración de Cusco firmada por los presidentes suramericanos en 2004 y que dio vida a la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN). En sus primeras dos cumbres, realizadas en Brasilia en 2005 y en Cochabamba en 2006, se fue dando paso a la conformación de la Unasur finalmente constituida en la Cumbre Energética Suramericana de Isla Margarita realizada en 2007.

En su momento, la constitución de la nueva organización abrió un amplio debate en la región, en primer lugar, porque los objetivos económicos y comerciales inicialmente planteados para el caso de la CSN, fueron migrando para alcanzar una meta mucho más amplia, que reflejaba principalmente los intereses políticos de algunos de los gobiernos con el marcado liderazgo de los presidentes Lula da Silva, Néstor Kirchner y Hugo Chávez.

Como resultado, se dejó prácticamente de lado la convergencia entre los dos principales procesos de integración de América del Sur, entre otras cosas, porque la Comunidad Andina ya enfrentaba una profunda crisis por el alejamiento de Venezuela y las diferencias respecto a la política comercial común de sus socios. Cabe recordar que tanto Perú como Colombia, buscaron acuerdos comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea, mientras que otros miembros siguieron diferente camino, rompiéndose como resultado la política comercial común inicialmente pretendida por el bloque, lo que además derivó en la creación de la Alianza del Pacífico.

Además del vacío de los objetivos económicos y comerciales, en su momento, se cuestionó si era necesaria una nueva organización para los países latinoamericanos, especialmente si se tiene en cuenta que ya se contaba con un número importante de instituciones que podían cumplir con las mismas funciones. En los hechos, cuando se creó la Unasur, existían en la región el Mercosur, la Aladi, la Comunidad Andina, el SELA, el Grupo de Río (luego Celac), la CAF, el BID, el Iirsa, la OEA, entre tantas otras. En este marco, la Unasur sería una nueva organización que generaría una superposición de objetivos con otras instituciones y ámbitos regionales ya existentes.

A partir de la creación de la Unasur, también se generó un debate en términos geopolíticos, porque la misma perseguía fundamentalmente los intereses de Brasil en la región, en especial en su apuesta a ocupar un lugar de privilegio en el escenario internacional, lo que lo obligaba a contar con un liderazgo regional más amplio que el que le daba el Mercosur. Por otro lado, la limitación de la organización a países suramericanos excluía a México, la otra gran potencia de América Latina. Asimismo, los primeros pasos de la Unasur fueron confirmando el interés de algunos de los gobiernos en disociar sus funciones de otras de corte similar como la OEA, lo que tenía que ver con el despliegue de una política antiestadounidense y no tanto por una necesidad real.

En definitiva, debido a la crisis atravesada por la Unasur, se pretende ahora la creación de una nueva institución denominada Prosur, lo que lleva a preguntarse si no se está cerca de repetir, una vez más, el mismo error. Más aún cuando, lo esperable sería que las organizaciones internacionales no se diseñen por intereses políticos coyunturales, sino que deberían sustentarse en necesidades y demandas específicas de los países de la región. 

 

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