El comportamiento en la vida cotidiana > EL COMPORTAMIENTO EN LA VIDA COTIDIANA

De lo antiguo y de lo nuevo

Las normas del comportamiento instruyen sobre temas que les son propios. Un refrán un poco antiguo expresa: “buenas palabras y buenos modales abren todas las puertas”.

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30 de noviembre de 2018 a las 05:02

Isidro de María en su “Montevideo antiguo” nos lleva a momentos de la historia que vivieron nuestros mayores con su fe y su trabajo. Bien sé que los tiempos pasados no siempre fueron buenos aunque se silencien los sufrimientos y sacrificios. Por eso, varias veces pensé en titular esta nota de otra manera. Cuando hablamos de vida cotidiana se me ocurre que es una epopeya. Son hechos dignos de ser cantados cuando muchos añoran los tiempos idos.  

Una maestra añosa atesoraba recuerdos y sonría al pensar en un niño -¿qué habrá sido de él?- que ante los temas más elevados decía que aquello estaba “elevado al árbol”. Ingenuidad, sencillez o espontaneidad eran adjetivos  quizás correctos para marcar distancia.

En la vida cotidiana se da el comportamiento aunque espontáneo. El comportamiento no nos hace maniáticos. Las normas de la cortesía tienen algo de gestos rituales: saludamos, nos levantamos de un asiento, cedemos el paso. En nuestra vida cotidiana se dan los gestos.

No me pongo trascendente si recuerdo a Heidegger, el filósofo. El nos dice que las mujeres y los hombres somos los únicos seres que hacemos del silencio un gesto característico y afirma que el silencio es un modo de hablar.

En la vida cotidiana se dan las ceremonias. Una ceremonia es un acto humano rodeado de determinadas formalidades. Esos actos materializan nuestra intimidad, lo espiritual. Los símbolos ocupan un sitio privilegiado y entre ellos están las banderas de Estados soberanos e independientes. No son señales ni signos artificiales.

A lo mejor y sin darnos mucha cuenta utilizamos las palabras “anfitriona” y “anfitrión”. Son dos sustantivos en un verdadero canto a la cortesía. Un refrán un poco antiguo expresa: “buenas palabras y buenos modales abren todas las puertas”. No me refiero a las normas del Protocolo sino al comportamiento corriente. Es como el valor que se supone en una niña que practica saltos hípicos o en el coraje de un cirujano que debe oprimir un teclado en una delicada intervención quirúrgica.  

Antiguamente cuando los hombres se presentaban para ser soldados, debían rellenar una papeleta donde figuraban preguntas muy simples. Al final de las mismas aparecía la palabra “valor”  y después de dos puntos estaba impreso lo siguiente: “Se lo supone”. Por eso quienes se dedican a la organización de actos y ceremonias suponen bien arraigado todo cuanto el comportamiento social conlleva.

Las normas del comportamiento instruyen sobre temas que les son propios. Por eso, si un comensal de un banquete comienza a tomar los cubiertos más próximos a su plato, pondrá de  manifiesto que no sabe comportarse. Testigo fui de un sucedido en un almuerzo elegante. Uno de los invitados comió todo lo que había en el plato del pan que estaba a su derecha. Cuando el perjudicado se lo advirtió con delicadeza, recibió las sencillas palabras de “lo que es no saber”.

Amables lectoras y amables lectores de este blog. Hoy me apartado intencionalmente de nuestros encuentros semanales. ¿En qué ando? Procuré recordar la apasionante vida cotidiana.

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