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Las manifestaciones de los ambientalistas de Gualeguaychú llegaron a congregar a más de 40 mil personas

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De misiles a Bailando por un sueño: cómo se cubrió el corte de puentes por el conflicto de Botnia

La instalación de una planta de celulosa en Río Negro generó desafíos en la cobertura periodística

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24 de octubre de 2021 a las 05:00

Una cancha de fútbol. De un lado, 11 actores del sistema político argentino; del otro, 11 uruguayos. En el medio, un conflicto internacional por la instalación de una planta de celulosa en Fray Bentos. Esa imagen metafórica, publicada en El Observador en pleno conflicto internacional, resume la forma en que se vivió, en ambas márgenes del río Uruguay, el conflicto por la instalación de Botnia y el corte de puentes fronterizos por parte de manifestantes argentinos. 

La pelea diplomática que se volvió causa nacional tanto en Uruguay como en Argentina generó desafíos para los periodistas. Así lo recuerdan los que cubrieron el tema para El Observador. Informar bien, sin caer en nacionalismos ni dejarse llevar por los intereses del gobierno uruguayo, fue uno de los desafíos que recuerda Federico Sierra, entonces subeditor de la sección Actualidad, que siguió el tema de cerca. 

Pero quien viajó varias veces a la frontera entre Río Negro y Gualeguaychú, y acompañó al presidente Tabaré Vázquez a varias cumbres del Mercosur por esos años fue Pablo Solari, el periodista que por entonces seguía los asuntos de gobierno. Cubrir los cruces por la instalación de Botnia (hoy UPM) era encontrarse con posiciones exacerbadas por un patriotismo despertado por el conflicto internacional. 

“Apareció cierto nacionalismo de los dos lados y había que tener cuidado. Era muy fácil caer en esa dinámica y escribir tomando partido”, dice y recuerda que los ambientalistas argentinos solían reclamarle a la prensa uruguaya que “contara toda la verdad”. 

El conflicto tuvo de todo: un juicio en una corte internacional, puentes fronterizos cortados, amenazas de atentados, actos con miles de personas, una relación diplomática tensa con momentos de enfrentamientos directos y hasta una protesta de la reina del carnaval de Gualeguaychú en bikini en el medio de una cumbre presidencial en Europa.

Evangelina Carrozo habla con la prensa luego de manifestarse en una cumbre presidencial de mandatarios latinos y europeos en Viena

Y la lista podría seguir. Fue el tema excluyente durante varios meses, particularmente entre fines de 2005 y todo 2006, y llegó hasta la pista de Bailando por un sueño, el programa que conducía Marcelo Tinelli y que era la referencia ineludible del entretenimiento masivo por aquel entonces. 

Todo eso muestran las tapas y las notas de El Observador (sí, también lo de Bailando por un sueño) sobre el conflicto entre Uruguay y Argentina por la instalación de una planta de celulosa en Fray Bentos, a orillas del río Uruguay. 

Empezó durante el gobierno de Jorge Batlle y terminó en el de José Mujica, pero los años más intensos del conflicto transcurrieron durante la primera administración de Tabaré Vázquez.

De todos los hechos políticos, en la memoria de Solari quedaron grabados al menos tres. El supuesto misil con el que los ambientalistas de Gualeguaychú iban a atentar contra la planta, el acto del presidente argentino Néstor Kirchner en la cabecera argentina del puente y un encuentro de mandatarios del Mercosur en Valparaíso, Chile. 

“En la previa del acto de Kirchner recorrimos el centro de Gualeguaychú. Todos los manifestantes hablaban del misil y lo encontramos. Resulta que estaba de adorno en una vidriera de un comercio que ni siquiera vendía armas”, recordó el periodista. El rumor del presunto atentado, que ya se había expandido en los dos países, no solo no quedó ahí sino que una señora argentina de 88 años ofreció inmolarse para detener la construcción de la planta que afectaría a generaciones y generaciones por una presunta contaminación ambiental. Años más tarde, nos enteraríamos que Vázquez le pidió ayuda al presidente de Estados Unidos de aquella época, George W. Bush, por la posibilidad de un conflicto bélico.

Ese tipo de actitudes, que marcan la diferencia de carácter entre uruguayos y argentinos, también se reflejaba, recuerda Solari, en la actitud de los presidentes. El periodista contó que en una cumbre del Mercosur en Chile en 2006, Kirchner bajó al café del hotel donde se alojaba y habló durante una hora y media con periodistas de los dos países. 

El mandatario aclaró más de una vez que se trataba de una conversación fuera de micrófonos y fue entonces que dijo que Vázquez le había manifestado, cuando todavía era presidente electo, una postura contraria a la instalación de Botnia en Uruguay.

“Habló a calzón quitado. Después hubo medios que citaron a Kirchner. Nosotros lo habíamos manejado como fuente”, recordó Solari y agregó que Vázquez también tenía esas instancias con los periodistas pero era mucho más medido en sus dichos. 

Al exacerbado nacionalismo de ambos lados y los infinitos intereses que estaban en juego, se le sumaba la información que se generaba del lado argentino, de más difícil acceso. “Una vez ENCE (entonces propietaria de lo que hoy es Montes del Plata) hizo una conferencia desde la Casa Rosada. Obviamente no estábamos ahí”, recordó Sierra. 

El apagón en el ciber

Solari no fue el único periodista que cruzó la frontera. En tiempos de cibercafés y Nokias 1100, a María Eugenia Dupin, una joven de 19 años que hacía sus primeras armas en el periodismo, también le tocó ir a Gualeguaychú como enviada del diario. Con el objetivo de “tomarles la temperatura a las calles” de la localidad argentina, llegó a la provincia de Entre Ríos una tarde de calor insoportable. “No había nadie en la vuelta”, recuerda. 

Los cortes de puentes generaron importantes perjuicios para el turismo uruguayo

Recién cerca de las siete de la tarde, Dupin logró reunir algunos testimonios y se metió en un cibercafé para redactar la nota entre los nervios de la inexperiencia y la cada vez más cercana hora de cierre. En cuanto empezó a teclear la crónica, un corte de energía apagó todas las computadoras del lugar. 

La nota (“Gualeguaychú está en pie de guerra contra las papeleras”) salió gracias a que Dupin la dictó por teléfono mientras el periodista Leonardo Pereyra tipeaba en la redacción en Montevideo. 

El bailando

El conflicto se volvió causa nacional y un uruguayo compitiendo en Argentina era un embajador, a tal punto que el programa de Marcelo Tinelli entró de lleno en la disputa. Javier Rojas, bailarín uruguayo, competía por aquel entonces en Bailando por un sueño y tenía como pareja a Evangelina Carrozo, la reina del carnaval que se había aparecido en bikini con un cartel contra las papeleras durante una cumbre presidencial en Austria. 

En una de las galas del programa, Rojas, que defendió en más de una oportunidad la posición de Uruguay durante el programa, y Carrozo avanzaron gracias al voto del público. Ese día, 110 mil mensajes de texto fueron enviados desde Uruguay en respaldo al compatriota. 

Javier Rojas y Evangelia Carrozo en la tapa de El Observador

“Rojas se siente embajador popular de su país en el peor momento de las relaciones entre Uruguay y Argentina”, decía la crónica del periodista Javier Alfonso y destacaba en un recuadro que el mediático Gerardo Sofovich había renunciado al programa por su polémica con el bailarín, “firme defensor de la pastera”. Tinelli desplegaba toda su capacidad como generador de contenidos y era visto por millones de personas en ambos márgenes del Río de la Plata. 

Pero no solo esa nota, que fue destacada en tapa en la edición del 22 de noviembre de 2006, mezclaba política y programas televisivos. La incidencia del presentador argentino en la agenda político mediática era tal por aquel entonces que hasta el presidente Vázquez lo mencionó en más de una intervención pública. “Es un poco como hace Tinelli en su programa, vamos a un corte y volvemos”, bromeó el entonces mandatario antes de mostrar a la prensa un regalo que había recibido durante un acto en el Hospital Evangélico. 

La resolución del Tribunal de La Haya, que dio la razón a Uruguay, comenzó a cerrar un conflicto que tuvo otros vaivenes pero que nunca volvió a la intensidad de aquellos años. Mientras, en el centro del país, avanza la construcción de la tercera planta de celulosa.

*Este artículo forma parte de la edición especial 30 años de El Observador.

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