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El chocolate, un alimento de los dioses

El cacao tiene bien merecido su nombre y, además de complacer a paladares golosos, podría servir para contrarestar el envejecimiento de las células cerebrales

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19 de octubre de 2012 a las 00:00

Si hay una planta cuyo nombre científico es más que merecido, esa es la de cacao, con cuyas semillas se hace el exquisito chocolate, bebida preferida de los antiguos mayas, del emperador azteca Moctezuma, de su probable victimario, Hernán Cortés, del emperador Carlos V y de los monarcas franceses.

El chocolate, convertido después en una delicia sólida por confiteros ingleses, franceses, suizos o belgas, es un alimento apreciado en todo el mundo no sólo por su notable gusto sino también por sus propiedades.

El naturalista sueco Linneo llamó con toda razón al cacao Theobroma, que en griego significa “alimento de los dioses”.

Es notorio que tiene un alto valor energético, poder antioxidante e incluso se le atribuyen virtudes antidepresivas.

Por si fuera poco, ahora un reciente estudio del Departamento de Geriatría del hospital italiano de Avezzano y de la Universidad de L’Aquila, divulgado por Hypertension, publicación de la American Heart Association, indicó que el cacao puede servir para contrastar el envejecimiento de las células cerebrales y mejorar la capacidad cognoscitiva de los ancianos.

Ya en épocas precolombinas los mayas habían apreciado las virtudes del cacao, al que llamaban cacau y lo mismo ocurrió con los mexicas, que lo denominaron cacahuatl. El emperador Moctezuma y su corte consumían diariamente grandes cantidades de xocoatl, una bebida (caliente o fría) confeccionada con las semillas molidas del cacao, agua, miel silvestre o jugo dulce de arce, vainilla y algo de chile. Con esa bebida, que es ni más ni menos que el chocolate, allá por 1520, Moctezuma invitó a Cortés, quien pronto se dio cuenta del valor del cacao y de la bebida producida con estas semillas.

En su primera carta al emperador Carlos V, el conquistador español se refirió al cacao –que los aztecas usaban no sólo como alimento sino también como moneda- como “una de las cosas más valiosas halladas en el imperio mexicano”. Asimismo, escribió que bastaba una taza de la bebida indígena llamada xocoatl para sostener las fuerzas de un soldado durante todo un día de marcha. Uno de los primeros obsequios que Cortés envió a Carlos V, junto con hermosas esmeraldas de gran tamaño, fue la de semillas de cacao y las instrucciones necesarias para hacer el chocolate.

Poco después, el chocolate, mejorado por religiosos jesuitas, que le quitaron el picante, era a mediados del siglo XVI la bebida preferida por los nobles de la Corte española, que la consideraban energética y fortificante. De España pasó a Francia como obsequio al rey y de allí a la corte austríaca, donde la emperatriz María Teresa la puso de moda. Cuando en 1728 el rey Felipe V vendió a una compañía extranjera el derecho a comerciar el cacao, éste y su producto, el chocolate, comenzó a difundirse por todos los países europeos.

A principios del siglo XIX el holandés Van Houten descubrió un método para extraerle al cacao su manteca, sin privarle por ello de su sustancia estimulante, la teobromina, y consiguió elaborar un polvo seco y soluble en el agua, que es el chocolate en polvo que se consume actualmente en grandes cantidades. En Inglaterra nació la idea de disolver el cacao en polvo en leche y después, en varios países europeos, empezaron a producirse varios tipos de chocolate en forma sólida. Tiene merecida fama el chocolate de ese tipo hecho en Suiza y Bélgica. No tanto el producido por esta parte del mundo.

Actualmente el chocolate, en su versión de bebida caliente ideal para mitigar el rigor del frío invernal, no tiene en el Uruguay la difusión y la preferencia de antes. Pero en los primeros tiempos de Montevideo era inevitable una taza de chocolate caliente bien espeso en los cafés y bares de entonces. Hasta mediados del siglo XX había en Montevideo algunas chocolaterías –una de ellas en Andes y Mercedes, cerca del auditorio del SODRE- donde esa bebida, acompañada con churros, era habitualmente consumida, sobre todo en invierno y a la salida del teatro o el cine. Quizás ahora, gracias a las reiteradas noticias sobre los beneficios para la salud que implica su consumo, se vuelva a poner de moda entre nosotros.

Crédito de imagen: Flickr

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