18 de abril de 2021 5:00 hs

Por Gustavo Ordoqui Castilla* - Especial para El Observador

A pesar de que la pandemia del covid-19 concentra los esfuerzos del mundo, en la preocupación por la vida de las personas suele quedar un tanto oculto otro problema, no menos grave, que refiere al efecto social, familiar, individual de la soledad por la que pasan quienes deben enfrentar la difícil situación.

Esta comienza cuando se exige no estar en contacto con personas, reducir la movilidad, no salir de la burbuja. Enfrentada la enfermedad, la soledad se impone además, para evitar los contagios. La situación es más grave aún cuando la persona que se enferma, vive sola o en un residencial de ancianos, desplazado por su familia.

Como una medida para contrarrestar esos sucesos, el gobierno de Japón puso en marcha el Ministerio de la Soledad y Tetsushi Sakamoto es la primera persona en ocupar el cargo a partir del 12 de febrero de este año.

Más noticias

En el Reino Unido se creó en 2018 ese mismo Ministerio y desde entonces ha divulgado campañas que buscan que “todos los sectores de la sociedad reconozcan la importancia del bienestar social y tomen acciones para promover y mejorar las relaciones sociales de las personas”. La idea, entonces, es ayudar a que las personas puedan alcanzar una salud completa, entendiendo que esta es un estado físico, mental, social y espiritual y no solamente la ausencia de una enfermedad. La soledad, sin embargo, es distinta al aislamiento social e incluso a efectos como la depresión, y eso hay que tenerlo en cuenta.

El aislamiento social como la falta de contacto con familia, amigos y otras personas a raíz de la coyuntura pandémica debe tener un límite y no debe confundirse con el distanciamiento social que alude a guardar distancias en contacto con otras personas, para evitar el contagio

La soledad y el aislamiento social incrementan la posibilidad de que las personas experimenten resultados adversos en su salud y están relacionadas a condiciones como la presión alta, enfermedades del corazón, obesidad, depresión, deterioro cognitivo, alzhéimer e impedimentos sensoriales y de movilidad. Suele existir una conexión ente la condición del estado físico y la condición del estado mental, como una unidad de cuerpo, mente y emociones. Es algo que se ha vuelto cada vez más común porque existe una tendencia hacia el individualismo. Es el resultado de un mayor nivel de civilización donde se privilegia mucho la autonomía y la independencia como un valor, pero que puede tener riesgos. Cuando las personas envejecen o entran en condiciones de calamidad o desamparo no tienen una red de apoyo que las auxilie y por eso lo preocupante es cuando se rompe una dimensión evolutiva, que es la solidaridad y la cooperación para enfrentar las dificultades y se impone un orden cultural individualizante

Dennis Thomson, profesor de ciencia politica de la Universidad de Havard en su trabajo “El aislamiento y la soledad de los confinamientos son duros para los estadounidenses mayores” señala que los expertos temen que este aislamiento, mientras los protege de una infección potencialmente letal, pudiera estar erosionando su salud de otras formas.

El aislamiento social se ha asociado con un aumento del 50% en el riesgo de desarrollar una demencia, según un informe publicado a principios de año por la Academia Nacional de Ciencias (National Academy of Sciences, NAS).

Hace meses que las personas que están en centros de atención a largo plazo no han podido ver a sus seres queridos debido a los confinamientos por covid-19, e incluso los adultos mayores que todavía viven de forma independiente pasan largos periodos sin ver a sus amigos y seres queridos.

El aislamiento también es duro para el cuerpo. La soledad se ha asociado con un aumento del 59% en el riesgo de deterioro funcional y con un aumento del 45% en el riesgo de muerte.

Como los adultos mayores están implicándose menos a nivel social y menos activos, sin duda están observando cambios en la función social y en la agudeza cognitiva. La soledad que no solo es física sino mental. Además, si esa soledad no está cargada de un proceso de ir hacia adentro, a encontrarse con uno mismo, termina siendo un momento vacío, muerto,

Desde este lado del mundo, la soledad se ha entendido de maneras muy distintas. Se ha visto como algo negativo, por ejemplo, porque somos criaturas sociales y el tema de vivir en sociedad implica estar inmerso en un conjunto donde otro me reconoce y me nombra.

Eso, para quien no asume el tema de la soledad, es un gran problema porque deja de tener un referente y no tiene quien lo esté nombrando. Es la necesidad de un otro que interactúe para que yo pueda existir.

Un panorama, probablemente favorable, sería que las políticas públicas impulsaran encuentros y mayor solidaridad (con todas las medidas de seguridad que implica la pandemia).

En un momento como este, además, donde se presentan síntomas mayores de ansiedad, pánico o depresión, a raíz de la experiencia colectiva que ha derivado del covid-19, hay que estimular la posibilidad del encuentro (incluso virtual) para que las personas no vivan solas estas experiencias No olvidemos que las personas somos en esencia seres sociales y que debemos ser solidarios en nuestra convivencia.

*Gustavo Ordoqui Castilla es profesor de Derecho Médico y asesor personal de Blauco Rodríguez, presidente del Colegio Médico.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos