Cada vez que alguien se presenta o es presentado como conservador, conviene preguntar qué quiere conservar. Hoy en el mundo, muchos “conservadores” parecen esforzarse por conservar los supuestos avances de los “progresistas”. Esquemáticamente, la “izquierda” hace avanzar la revolución política, social y metafísica (contra Dios, la Patria, la familia, la propiedad privada, etc.) y la “derecha”, muy a menudo, sólo desacelera o detiene ese avance, sin intención de contrarrestarlo.
En mi artículo anterior1 argumenté que en gran parte del mundo los partidos o sectores políticos que no son de izquierda tienden en líneas generales a una de las siguientes dos corrientes ideológicas contrarias: progresismo moderado o conservadurismo populista y nacionalista. Ahora pretendo aplicar ese mismo análisis al Uruguay, centrando la atención en el mayor integrante de la actual coalición de gobierno: el Partido Nacional (PN).
¿Cómo se sitúa hoy el PN en torno a los temas principales que enfrentan a esas dos grandes corrientes políticas: 1) el rol del Estado en la vida económica y social; 2) la globalización y la soberanía nacional; 3) la participación política de todos los ciudadanos; 4) la actitud del Estado hacia la religión y la ley moral natural?
Por falta de espacio para analizar los primeros tres de esos temas, que son muy complejos, me limitaré aquí al cuarto tema, que permite llegar más fácilmente a una conclusión: el PN parece inclinarse hoy más bien hacia el polo del progresismo moderado. Tras tres gobiernos del Frente Amplio (FA) de signo progresista radical, que embistieron con fuerza contra el derecho humano a la vida y los derechos naturales de la familia, el actual gobierno, liderado por el PN, ha optado por dejar intacta la “agenda de derechos” impuesta por el FA. Por ejemplo, pese a que el Presidente Lacalle Pou prometió que su gobierno sería provida, hasta el momento éste no ha hecho nada notable para disminuir la cantidad de abortos, que el año pasado ascendió a 10.110. Recordemos que se trata de abortos financiados por nuestros impuestos.
A la luz de este hecho básico, las palabras iniciales del programa de gobierno de Lacalle para la elección interna de 2019 (“Ni refundación ni marcha atrás: evolucionar”) podrían ser interpretadas así: no vamos a desandar el camino de la reingeniería social anticristiana impulsada por el FA; seguiremos más o menos ese mismo camino, pero con más calma y prudencia y con mejor gestión. En los últimos años varios dirigentes nacionalistas manifestaron que, en su opinión, el PN necesita renovarse haciendo suyos algunos de los postulados y objetivos del progresismo.
Dentro de ese panorama general, un asunto concreto aparece hoy como un mojón fundamental para determinar hacia dónde se dirige el PN. En el Parlamento uruguayo se están considerando dos proyectos de ley2 que buscan la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido, y no pocos legisladores del PN parecen dispuestos a apoyar esa legalización. Mientras tanto, el Presidente de la República, que ya ha vetado una ley sobre la forestación, no se ha comprometido a vetar una eventual ley a favor de la eutanasia.
La vida humana es la condición necesaria de toda actividad humana y de toda convivencia social. Tiene un carácter inviolable y nadie puede disponer de ella a capricho. Nadie puede atentar contra la vida de un hombre inocente sin violar un derecho fundamental, irrenunciable e inalienable, y sin cometer un crimen de extrema gravedad. El suicidio es tan inaceptable como el homicidio. Aunque a veces intervengan factores psicológicos que pueden atenuar o incluso quitar la responsabilidad moral, el suicidio es una negación de la natural aspiración a la vida y una renuncia frente a los deberes hacia sí mismo, hacia el prójimo, hacia diversas comunidades y hacia la sociedad entera. Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente. Además, a nadie le es lícito pedir este acto homicida para sí mismo ni para otros. Ninguna autoridad puede imponerlo ni permitirlo legítimamente. Se trata de una ofensa y un crimen contra la dignidad humana.
Las súplicas de los enfermos graves que invocan la muerte no deben ser entendidas como expresión de una verdadera voluntad de eutanasia; son casi siempre peticiones angustiadas de asistencia y de afecto. Además de los cuidados médicos, lo que necesita el enfermo es el cuidado y el amor con el que pueden y deben rodearlo sus familiares y amigos, y también el personal médico, cuya vocación profesional es curar o al menos aliviar, no matar.
Opino que, si se diera la hipótesis de una ley de eutanasia aprobada con algunos votos blancos y no vetada, ello sería muy malo, no sólo para el Uruguay, sino también para el PN, incluso desde un punto de vista egoísta, meramente electoral. Un eventual giro a la izquierda del PN le haría ganar pocos votos (porque en Uruguay ya hay muchas ofertas de izquierda moderada y de centroizquierda, y la gente tiende a preferir los originales a las copias) y le haría perder muchos votos por la derecha, probablemente hacia Cabildo Abierto o hacia el voto en blanco. Muchos votantes cristianos o conservadores del PN se sentirían profundamente decepcionados con ese partido3.
Una breve reflexión final. El pluralismo político exige que haya varios partidos políticos, cada uno con su ideología, no que cada partido político acoja en su seno a todas las ideologías. Si un partido está dividido en torno a los principios fundamentales, a la larga su unidad no podrá subsistir.
Otros escritos del autor en https://danieliglesiasgrezes.wordpress.com
1El gran dilema de la “derecha” (El Observador, 20/06/2022).
2Uno presentado por legisladores colorados y otro por legisladores del FA.
3Full disclosure: me incluyo entre los ciudadanos cuya adhesión al PN pende de ese hilo.