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El peligro de tener razón

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20 de abril de 2022 a las 11:44

Gracias por estar del otro lado de la pantalla de la compu o del celular, gracias por tu tiempo de lectura y tus comentarios, que tanto valoro cuando me llegan a mi email. No te voy a decir que empezó el año porque pasó el último ciclista, porque es una frase que no me gusta nada (y que, sin embargo, vuelvo a reproducir). Te voy a decir que el año empezó hace tiempo, que hay mucho por descubrir, curiosear y disfrutar, y que este Pícnic! es un intento por acercarte alguna de esas fuentes de conocimiento que ojalá te permitian vivir mejor.
 
“Hasta dónde llega la gente decente cuando está segura de que tiene razón”. Esta frase me quedó resonando mucho después de que terminé de ver la serie The Dropout, que ya te recomendé hace un tiempo, en la que se cuenta la historia real de una joven mujer decidida a cambiar el mundo a través de la ciencia, que terminó sin embargo estafando a inversionistas y –mucho peor– a quienes pusieron su salud en manos de su empresa. La frase la dice en el último capítulo George Schultz, uno de los inversionistas e integrantes del directorio de Theranos, la empresa en cuestión, cuando se da cuenta de que él mismo ha llegado demasiado lejos y terminó lastimando a mucha gente, incluyendo a su propio nieto, como consecuencia de su empecinada confianza en Elizabeth Holmes, la fundadora de la iniciativa que terminó en un enorme desastre.
 
Schultz no era un inversor cualquiera y ciertamente no tenía ni un pelo de distraído; había sido secretario de Estado y del Tesoro de Estados Unidos y había invertido en muchas otras compañías. Hasta que llegó una mujer joven y pasionalmente convencida de que su objetivo mesiánico, salvar al mundo con una gota de sangre, era posible. Una vez que le creyó nunca dio marcha atrás, ni siquiera cuando se acumulaba evidencia de que las cosas andaban muy mal.
 
En tiempos de unicornios, burbujas tecnológicas y grandes objetivos que en su inicio pueden ser realmente innovadores y con objetivos loables, el desastre de Elizabeth Holmes y Theranos me hizo pensar en el peligro enorme de creer que tenemos la razón, impulsados por una pasión y un convencimiento que nos vuelve ciegos. Apple acaba de estrenar otra serie, We Crashed, que muestra un camino similar: el del fundador de We Work, la cadena de coworks que revolucionó la forma de trabajar en el mundo, que comenzó como un sueño para cambiarle la vida a la gente y terminó con muchos abandonos en el camino. En ambos casos los impulsores de estos proyectos de billones de dólares, a los que el mercado, los medios y los espectadores miramos con admiración y convertimos –por un rato– en semidioses, no dudaron y así cometieron sus peores errores, con o sin mala fe de por medio.
 
En mi terquedad suelo intentar siempre hacerme preguntas sobre lo que creo que es intocable e indudable, porque casi nada lo es. Igual siempre cuesta. Soy Carina Novarese y te agradezco la compañía, con o sin dudas.

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