El 30 de noviembre, desde su cuenta de Twitter, el general retirado y hoy senador electo Guido Manini Ríos difundió un editorial del semanario “La Mañana”, titulado “El fenómeno Manini”.
“Interesante artículo de La Mañana”, comentó el excomandante en jefe del Ejército.
Dicho “interesante artículo” contiene el que quizás sea el párrafo más lleno de desprecio sobre los periodistas que yo recuerde haber leído en Uruguay desde 1985.
“El domingo pasado, un lindo día primaveral, en una jornada excepcional que hizo honor a nuestras mejores tradiciones cívicas de nuestro país, varios periodistas amanecieron con una pregunta preparada de antemano para ser formulada a todos los entrevistados con que se encontraban. Era tan uniforme la arremetida y con tanta vehemencia organizativa, que no dejaba duda que esta legión de comunicadores había sido mandatada por sus respectivos empleadores, bajo pena de perder el empleo sino la acataban. Escuchamos una y otra vez preguntar “¿qué opina del video de Manini?”, seguido de una serie de opiniones destinadas a influenciar a los oyentes. Información cero, manipulación al máximo”.
Diego Battiste
Es decir, para la dirección de “La Mañana” los periodistas recibimos órdenes de los dueños de los medios, que nos amenazan con echarnos si no las cumplimos, y como no tenemos ni ética ni escrúpulos ni pensamiento propio, salimos a cumplir los mandados del patroncito, muertos de miedo con perder el empleo.
Tras leer el editorial del semanario oficioso de Cabildo Abierto, lo primero que se me ocurre es enviar mis condolencias a los colegas que hoy trabajan en “La Mañana” con jefes que piensan de esa manera.
Me gustaría preguntarle al editorialista si así se manejan las cosas en “La Mañana”. Si hablan por experiencia propia.
¿Los directores de “La Mañana” le dan órdenes a sus periodistas para que sesguen la información? ¿Los amenazan con despedirlos si no acatan?
Si uno se guía por el editorial, hay dos posibilidades: o la dirección de “La Mañana” se maneja de ese modo delincuencial y mafioso o no se conduce así, pero piensan que ellos son una excepción y una isla de decencia en un periodismo uruguayo delincuencial y mafioso.
También me gustaría preguntarle a la dirección de “La Mañana” y a Manini Ríos (“interesante artículo”) si creen que los dueños y directores de los medios coordinan entre sí con “vehemencia organizativa” las órdenes que le dan a sus periodistas. Me gustaría saber en qué ámbito se produce esa coordinación.
El editorialista esgrime esa visión tan despectiva del periodismo y de los periodistas porque no encuentra motivos para que el famoso video de Manini Ríos generara una inquietud e interés periodístico legítimos.
Según ha dicho, Manini Ríos grabó el video llamando a los soldados a no votar a Daniel Martínez a pedido de unos allegados indignados por un puesto montado por el Frente Amplio en la entrada al Hospital Militar, denunciando los altos salarios de los oficiales.
Lo grabó a pedido y solo para consumo de los soldados. Seguramente asesorado por gente tan lúcida como el editorialista de “La Mañana”, a Manini se le escapó que hoy en las redes sociales todo vuela y los mensajes llegan al público deseado y al no deseado también. Se le escapó la carambola con el editorial del semanario de extrema derecha Nación, que tan inocentemente propala el Centro Militar. Se le escapó la sensibilidad que lo militar provoca en un país que vivió una dictadura de las fuerzas armadas que se prolongó 12 años y cuyas heridas aun no cerraron. Se le escapó la evidente disonancia del mensaje grabado con el tono y el contenido general de la campaña de Lacalle Pou y de los otros cuatro partidos de la coalición. Se le escapó que su mensaje era un regalo del cielo para un Frente Amplio que buscaba en forma desesperada algún recurso en los descuentos de la campaña.
La visión de la realidad del editorialista de “La Mañana” es tan sesgada, que dice que Manini Ríos habla en el video en un “tono coloquial”, cuando lo que se ve es una arenga de franco tono castrense.
Los políticos suelen rodearse de alcahuetes que les pasan la mano por el lomo y les cuchichean que todo lo que hacen y dicen es maravilloso. El costo escuchar a los voceros de ese microclima y de no tener mejores aperturas a la sociedad, suele ser muy alto. El video de Manini a los soldados es un buen ejemplo.
Después, cuando las cosas obviamente salen mal, culpar a la prensa siempre es un recurso a mano. Lo usan todo el tiempo los partidos ultraderechistas xenófobos de Europa, que azuzan el desprecio por el periodismo, lo mismo que el editorialista de “La Mañana”. Y lo usan también los populistas en América, la del Norte y la del Sur. El citado párrafo de “La Mañana” podría haber llevado la firma de Maduro o Bolsonaro y no sorprendería a nadie.
Lamentablemente, esa visión conspiranoica de la prensa ya fue exhibida por Manini Ríos otras veces.
Antes de ir al juzgado a declarar por el caso Gavazzo, por ejemplo, Manini Ríos grabó otro video. Allí dijo: “Iremos contra la prepotencia, contra la manipulación de la justicia, contra el uso de los medios para cambiar el foco de la discusión política y de las necesidades de la gente”.
Camilo Dos Santos
Es decir: Manini Ríos cree que el escándalo que se generó por la confesión de los crímenes de Gavazzo fue algo inducido por un periodista, por la prensa, una maniobra distractiva. No cree que los derechos humanos importen tanto. No cree que la gente quiera saber lo que pasó en la dictadura. No considera valioso para una sociedad el saber histórico. No cree que la confesión de matar a un prisionero en un cuartel y tirar su cuerpo a un río provoque la indignación honesta en miles de personas. Es solo la todopoderosa prensa desviando la atención de los “problemas reales”.
El editorialista del “interesante artículo” de "La Mañana" termina sugiriendo que los periodistas nos movemos por “inconfesables intereses”, repitiendo un vacío latiguillo de su líder.
¿Por qué “La Mañana” no nos ilustra en forma clara y concreta cuáles son tales “inconfesables intereses”, y nos cuenta a quién o a quiénes se refiere, con casos específicos, con nombres y apellidos?
Quedamos esperando.