19 de junio de 2014 20:39 hs

Presión asfixiante a los creadores ingleses, referencias personales que obligaron a un esfuerzo extremo de algunos jugadores. Tabárez había anunciado cuál era el plan, y el equipo lo cumplió a la perfección. Tanto que esa presión endiablada le permitió robarle la pelota al rival y, como pocas veces en el proceso del DT ante rivales de primer nivel, controlar el partido y proponer.

Tabárez armó el equipo tomando algunas referencias del conjunto inglés. El fondo presentó una línea de cuatro (por el lesionado Diego Lugano ingresó José María Giménez y por el expulsado Maximiliano Pereira lo hizo Álvaro Pereira), con Egidio Arévalo Ríos pegado a los defensores, barriendo siempre a los laterales y siguiendo de reojo los movimientos de Rooney. La ductilidad de Cáceres le permitió al técnico en esta oportunidad utilizarlo como marcador de punta derecho.

Delante de Egidio, tres hombres, Tata González, Lodeiro y Cebolla Rodríguez. Un poco más adelantado Cavani, que hizo un desgaste tremendo porque fue sobre Gerrard, el hombre pensante de Inglaterra. Cavani no tuvo reparos en marcarlo.

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Arriba Suárez, por momentos muy solo, se las ingenió para marcar la diferencia. Una bestia del gol. Acomodó el cuerpo en movimiento para golpear de cabeza el centro de Cavani en el primer gol y sacó un derechazo terrible para agujerear a Hart en el segundo.

Para el complemento entró Stuani y pasó a Tata González al mediocampo para colaborar con Egidio, dejando a los dos volantes por afuera. Después, cuando entró Fucile, fue Palito Pereira el que subió unos metros. Su despliegue erizó la piel, porque continuó en la cancha a pesar de que un rodillazo en la cabeza lo dejó mareado. Por su costado llegó el gol inglés, pero igual dejó el alma en cada pelota.

Al final, más allá de esos aciertos tácticos, fue esa entrega al límite lo que le permitió a Uruguay celebrar un triunfo épico.

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