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El rublo se fortalece pese a las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea

La apreciación de la moneda rusa desde que se inició el conflicto con Ucrania fortalece las reservas pero puede tener consecuencias indeseables para la economía de Rusia

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26 de junio de 2022 a las 05:04

En marzo, cuando comenzaron a concretarse las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea contra Rusia por la invasión a Ucrania, eran necesarios 139 rublos para comprar un dólar.

El miércoles pasado, ese tipo de cambio había descendido a 54,2 rublos por dólar.

Según Moscú, la drástica apreciación del valor del rublo contra el dólar sería una prueba de que las sanciones instrumentadas contra Rusia no están funcionando como se esperaba.

El presidente Putin ha expresado durante el reciente Foro Económico Internacional en San Petersburgo que la idea de aplastar la economía rusa simplemente no ha funcionado.

Ni bien iniciada la guerra en Ucrania, ante una caída significativa del rublo, Rusia duplicó la tasa de interés bancaria, llevándola al 20% contra el 9,5% que regía hasta ese momento. A partir de ese momento, el valor del rublo se ha fortalecido de tal manera que ha sido necesario bajarla nuevamente la tasa de interés que ya a fines de mayo estaba en 11.5 %.

De hecho, la revalorización del rublo ha sido tan intensa que el Banco Central de Rusia se vio en la necesidad de tomar medidas para lograr una cierta devaluación por el temor de que las exportaciones se tornen menos competitivas, afectando la balanza de pagos y por consiguiente la disponibilidad de divisas.

Rusia es actualmente el más grande exportador de gas del mundo y el segundo exportador de petróleo, básicamente a la Unión Europea que viene pagando miles de millones de dólares por la energía rusa mientras, paradójicamente, aplica sanciones económicas contra su principal proveedor.

La situación es cuando menos extraña: la Unión Europea está pagando por el gas, el petróleo y el carbón rusos, sumas superiores que las enviadas en concepto de ayuda a Ucrania. Pese a las sanciones, Rusia sigue teniendo ingresos récord por sus ventas de hidrocarburos, beneficiadas por el aumento del 60% del crudo Brent durante el último año.

Según el Centro para la investigación de la Energía y el Aire limpio, basado en Finlandia, en los primeros cien días de guerra, Rusia ha tenido ingresos por 98 mil millones de dólares por sus exportaciones de combustibles fósiles y más del cincuenta por ciento de esa cifra, alrededor de 60 mil millones, corresponden a ventas a la Unión Europea.

Varios países de Europa están intentando cortar o disminuir su dependencia de las importaciones energéticas de Rusia, recurriendo a otros proveedores, reinstalando el uso de carbón o acelerando la transición energética hacia fuentes renovables. Pero esas iniciativas pueden llevar mucho tiempo y grandes inversiones y entre tanto, el bloque europeo sigue importando de Rusia el 41% del gas y el 36% del total que necesita.

Otro hecho que explicaría la fortaleza del rublo es el estricto control de capitales, el límite que las autoridades económicas han establecido para la salida de divisas del país, combinado con la reducción de ciertas importaciones rusas debido a las sanciones, lo que disminuye la necesidad de divisas para su pago.

Para algunos analistas norteamericanos y europeos, la fortaleza del rublo no refleja necesariamente la fortaleza de la economía rusa, acechada por las sanciones y la salida de empresas e inversores extranjeros del territorio ruso lo que se ha traducido en un aumento de la desocupación que se espera sea del 7 % para 2022. La caída en el nivel de empleos y eventualmente el aumento de la pobreza, pueden ser uno de los síntomas de la llamada “enfermedad holandesa”, un proceso en el que el súbito aumento de los ingresos por exportaciones, la apreciación monetaria y la acumulación de reservas disminuye la competitividad de las exportaciones y afecta a los sectores menos productivos de la economía.

Finalmente, la fortaleza o debilidad del rublo y de la propia economía rusa dependen en gran medida de la evolución de las consecuencias geopolíticas del conflicto en curso y de la capacidad de las autoridades para ajustar su política a esa evolución.

 

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