Si hay algo que consiguió Tabárez desde que desembarcó por segunda vez en 2006 en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), fue imponer un estilo. El suyo. Admirado y cuestionado –muchas veces más cuestionado que admirado–, estableció los parámetros a partir de lo que considera es la concepción futbolística más apropiada para la historia del fútbol uruguayo. Así lo expresó en la última década, y en diferentes ocasiones ante los medios. Una forma que eligió porque consideraba estaba robustecida por los pilares de la centenaria Celeste, sin sentirse un esclavo de la historia.
En camino al Mundial
Pasó Argentina, se apretó la tabla, pero Uruguay se afirma en la carrera por llegar al Mundial