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5 de agosto 2023 - 5:02hs

Todos los días, a bordo de una motoneta Carpella conducida por su papá, Adolfo Barán atravesaba Montevideo para trasladarse desde su trabajo en una fábrica hasta el entrenamiento de Rentistas en el Parque Perrone. Tiempos en los que había que ducharse con agua fría en pleno invierno luego de practicar. "Empezábamos a toser en mayo y terminábamos en octubre", contó el exdelantero, hoy con 61 años. Juan Eduardo Hohberg lo puso en Primera división, integró una de las selecciones juveniles más espectaculares y su ídolo Fernando Morena lo pidió para sustituir a Diego Aguirre en Peñarol.

Barán repasó los goles a Nacional, la vida en Japón y Honduras, cuando se iba manejando con hielo en la rodilla por una lesión que lo tenía a maltraer y su etapa como entrenador.

De los torneos de ADIC a Rentistas

Fito Barán nació en el barrio Pueblo Nuevo, entre la Unión y Villa Española. La zona del Cilindro, hoy Antel Arena. Estudió en el colegio Regina Martyrum y terminó el ciclo escolar en el San Vicente de Paul, donde empezó a jugar al fútbol en los recreos y los sábados de mañana. El liceo lo cursó en el colegio Santa María y continuó el fútbol en los campeonatos de ADIC (Asociación Deportiva de Integración Colegial).

Barán con el equipo del Colegio Santa María, el golero es Javier Baldriz

A la edad de 13 años su papá lo llevó a una prueba de aspirantes en Rentistas, en la cancha de la Escuelita, a cuatro cuadras de su casa. Así empezó su historia con los "bichos colorados".

En aquel tiempo también practicaba otros deportes y sobresalía en los 400 metros llanos, por eso "cuando llegué a Rentistas me colocaron de puntero porque era rápido y tenía la técnica de carrera. Después me fui corriendo para el medio y cuando estaba en Cuarta o Quinta ya era centroforward", recordó Barán.

A los 15 años medía 1,86 metros de estatura y era un plus para jugar en el área.

Cuando empezó en Rentistas entrenó un tiempo en la cancha de la Escuelita, después en otra cerca del Parque Fossa y su generación inauguró más adelante las canchas del que luego sería el Complejo Perrone.

Compartió durante esos años con Martín Lasarte, Germán Oxandabarat, el Loncha Bruzzone, Víctor Rabuñal, entre otros. "Era una muy buena generación, fue un muy linda experiencia; uno tenía la libertad y la posibilidad de quedarse hasta más tiempo corriendo, haciendo tiros al arco que a mi me encantaba hacer".

Adolfo Barán en Rentistas

Pero también eran épocas sacrificadas: "Recuerdo que en Perrone no había había agua caliente y el invierno era cruel, cruel. Arrancábamos tosiendo en mayo y terminábamos en octubre, todo el mundo enfermo. Un frío impresionante. Yo trabajaba en la fábrica Cinoca, de caños y tubos de oxígeno, y mi padre me llevaba desde ahí (cerca del Palacio de la luz) a la práctica en una motoneta Carpella. Yo salía a las 14:30 y practicaba a las 15:30. Se quedaba a esperarme y me llevaba de vuelta a casa. Eso era todos los días. El sacrificio que hizo él y toda la familia fue importante para tener la posibilidad de jugar", destacó Barán.

Así fue diariamente hasta que Barán cumplió 19 años. Un año antes el técnico de Rentistas Juan Eduardo Hohberg lo hizo debutar en Primera división. Alternaba los entrenamientos en Rentistas con los de la selección juvenil dirigida por Aníbal Gutiérrez Ponce, que preparaba el Sudamericano juvenil de 1981.

Hohberg fue un histórico futbolista argentino de Peñarol de la década de 1950, que se nacionalizó uruguayo y defendió a la selección celeste en el Mundial de Suiza 1954. "Era un tipo bárbaro, me dio la chance siendo joven, que en aquel momento no era tan normal. La aproveché y tuve la posibilidad de ir a la selección y consolidarme en el plantel definitivo".

Foto: Leonardo Carreño. Campeón Sudamericano Sub 20 en 1981

Cuando se inició en Primera enfrentó a Walter Olivera y Carlos Peruena, la temible zaga de Peñarol: "Cuando los veo lo primero que pienso es salir vivo de la cancha. Era terrible, siendo gurí era complicado. También un orgullo y fue muy lindo poder jugar con todos esos monstruos en Peñarol. También me tocó en Rentistas practicar en la última etapa con Montero Castillo y después me tocó jugar con su hijo Paolo en Peñarol".

Campeón juvenil con una generación de grandes cracks

Barán fue campeón sudamericano juvenil con Uruguay en 1981, integrando un plantel espectacular: Javier Zeoli, Enzo Francescoli, Jorge Da Silva, Alexis Noble, Jorge Villazán, Carlos Berrueta, Nelson Gutiérrez, Santiago Ostolaza, entre otros.

Por una situación especial, estuvieron casi dos meses en Quito, Ecuador: "Fuimos un mes antes para aclimatarnos a la altura porque Gutiérrez Ponce tenía contactos, había dirigido en Ecuador. Cuando estaba por empezar el torneo, se atrasó 15 días por un conflicto entre ese país y Perú. El arranque fue complicado, pero enseguida nos enderezamos y en la Liguilla final contra Brasil, Bolivia y Argentina ganamos los tres partidos". 

El último contra Argentina, la selección de Uruguay lo ganó 5-1 con goles de Barán, Jorge Da Silva (2), Enzo Francescoli y Jorge Villazán.

Para el Mundial que se jugó en Australia la selección fue dirigida por Raúl Bentancor y entraron al plantel Carlos Aguilera y Enrique Peña. "Tuvimos la mala suerte en el Mundial, porque podíamos haber llegado a jugar la final, pero en cuartos de final nos eliminó Rumania, con dos tiros libres de la mitad de la cancha. Los peloteamos todo el partido pero no se pudo dar".

Foto: Leonardo Carreño. Con la camiseta celeste

Barán regresó a Rentistas y en 1982 fue cedido a préstamo al Deportivo Cúcuta, donde jugaban Sergio Santín y Julio Noble. La idea del equipo era salvarse del descenso. "Cúcuta no era lo que es ahora, era un lugar bastante pueblerino, mucho calor. Me fue bien y no solo nos salvamos del descenso, sino que clasificamos a la liguilla final".

Volvió a Rentistas y lo compró Bella Vista, dirigido por Bentancor. Defendió al equipo papal durante seis temporadas, donde pasaron jugadores como Víctor Rabuñal, Juan Larre, el Indio Molina, el Pato Castro, Jorge Cabrera, Cecilio de los Santos.

"Tuvimos la chance de jugar Copa Libertadores dos años seguidos y de tener buenas presentaciones en general. El profe (Ricardo) De León me colocó de enganche, como 10, porque decía que tenía buen panorama y jugué un año en esa posición", contó.

De estar arreglado con Wanderers a Peñarol

Cuando terminó el sexto año en Bella Vista estuvo a punto de pasar a Wanderers que tenía plata dulce porque había transferido a Enzo Francescoli a River argentino, pero surgió la posibilidad de cumplir un sueño y cambió el destino.

"Wanderers quería comprar mi pase y estaba casi todo cerrado. Hasta yo había hablado con Wanderers. Faltaban pequeñeces y dos días antes de terminar el período de pases me llama el presidente de Bella Vista, porque Peñarol se había interesado en mi. Ellos habían cerrado y faltaba que arreglara yo. Hablé con Peñarol y firmé el mismo día que cerraba el período de pases. La gente de Wanderers quedó molesta con la situación que se dio, pero para mi era cumplir el sueño de ir al cuadro del que soy hincha", dijo Barán.

Bella Vista de 1986: Cecilio De los Santos, Fredy Clavijo, Julio Ribas, Gustavo Lucas, Sergio Panzardo y Horacio Ponce (parados); Jorge Cabrera, Juan Larre, Adolfo Barán, Víctor Púa y William Castro

Lo que más sentido le dio a esa vuelta de tuerca en la negociación es que lo había pedido Fernando Morena: "Como 9 para mi Fernando Morena era Dios. Yo era hincha de Peñarol y todavía que me pidiera él siendo el técnico, ya está. Peñarol venía de ganar la Libertadores en el 87, se había ido Diego Aguirre y precisaban un 9, Morena me eligió y fue un orgullo".

Como jugador de Bella Vista lo había enfrentado al final de la carrera de Morena, en una liguilla.

Durante su pasaje por los aurinegros Barán disputó 90 partidos y marcó 60 goles, seis de ellos a Nacional.

"Cuando llegué a Peñarol lo primero que me dijo Fernando fue: 'vos en Bella Vista bajabas a jugar, querías participar del juego, todo bárbaro, pero acá en Peñarol tenés que estar en el área, picante en esa zona y no bajar tanto, porque en Peñarol tenés que hacer goles. No les va a importar que juegues bien si no haces goles'. En los dos primeros partidos no pude convertir. Cuando estaba en Bella Vista me exigía que cada dos o tres partidos tenía que hacer un gol. Al tercer partido en Peñarol por suerte convertí dos goles y se me hizo más fácil. En los clásicos que es el partido más importante de la institución, me tocó convertir y la gente me recuerda por los goles que le hice a Nacional".

Barán y su ídolo, rival y entrenador, Fernando Morena

Durante el año 1989 Barán fue unos meses a préstamo a Defensor después de tener un enfrentamiento con el técnico aurinegro de ese momento, Walter Roque. "Con Dito Da Silva llegamos de la selección y ni siquiera hacíamos fútbol interno. Inquietos por ese tema le preguntamos el motivo. Nos dijo que habían traído un par de jugadores y querían que jugaran ellos. También tuve un inconveniente con el dirigente que había llevado esos jugadores y preferí irme en préstamo a Defensor. Estaba Raúl Möller de técnico y me pidió para jugar la segunda parte del año y la Liguilla".

Los goles ante Nacional salvaron a Menotti

Ganó una liguilla y cuando regresó a Peñarol en 1990, el técnico era el argentino César Luis Menotti. Jugando solo el Clausura aquel año, Barán fue el goleador del Campeonato Uruguayo con 13 goles.

"A Menotti lo tenían rotulado como técnico que no ganaba clásicos y a mi me tocó hacer goles en dos clásicos seguidos, entonces siempre me agradecía y me decía, 'me salvaste'".

Al principio Menotti no lo tenía en cuenta porque no le gustaban los delanteros altos, a los que asociaba con torpeza: "Hasta que me lo gané viendo que yo tenía posibilidades de jugar, de tirar una pared, aparte de la altura. Y tuve la posibilidad de que me fue metiendo de medio tiempo y hacía goles, hasta que me puso de titular".

Foto: Leonardo Carreño.

El sistema de juego del argentino, utilizando el achique en defensa, le generó muchos problemas a Peñarol. Sin embargo, Barán rescató cosas positivas del DT: "A mi me quedaron muchas cosas como técnico que él manejaba, era muy inteligente, la parte técnica y ofensiva las manejaba muy bien, muchas cosas que él hacía las adapté cuando me tocó dirigir".

Terminado el ciclo en los aurinegros pasó a Independiente Santa Fe y en 1993 jugó en el Toshiba de Japón. Lo llevó el empresario Gustavo Pulleiro, junto al Bomba Villar y Eduardo Acevedo. Un año bueno deportivamente y que tuvo un desenlace que aún recuerda como una equivocación personal.

"Con el tiempo me di cuenta que cometí un error porque tenía la posibilidad de continuar y dije que no. El club quería renovarme, pero por una situación económica de Japón, que tenían que bajar los costos, querían bajarme el sueldo y no acepté. Tendrían que subirme, porque me fue bien, decía yo. Pero no tranzaban en eso. Ellos calculan todo con cinco años de antelación y decían que los ingresos iban a bajar 20%. Tendría que haber seguido porque era una buena posibilidad igual, pero me quedé en Uruguay y tuve que esperar para conseguir cuadro porque no estaba abierto el período de pases", repasó.

Si bien la vida social en Japón es distinta a la de Uruguay, la experiencia le resultó muy buena. "Acá estamos acostumbrados a las reuniones con amigos, a las charlas; allá íbamos en el tren con compañeros del equipo y a veces te saludaban y a veces no, el trato era muy seco. Por suerte éramos tres uruguayos y entre nosotros nos juntábamos cada tanto. No fue fácil la adaptación en ese sentido. En lo futbolístico también era distinto, porque me tocó en un momento tener una lesión, decirle al técnico que me dolía y no podía jugar, y el técnico quería que jugara igual. No entendían y discutí por ese tema".

Defendiendo al Santa Fe de Colombia

Un contexto diametralmente opuesto al que vivió en Honduras en 1996, cuando jugó en el Real España: "Cuando llegamos nos recibieron muy bien, pero era un clima más peligroso. Estábamos en San Pedro Sula, una ciudad complicada por ser frontera. No tuve ningún problema grave, pero sí lo tuvo gente que estaba cerca nuestro. Viendo la situación, a los dos meses le dije a mi señora que se volviera a Uruguay con los gurises que yo iba a tratar de irme cuando cumpliera la mitad del contrato".

La lesión en la rodilla y la etapa de entrenador

Antes de Centroamérica jugó en Rentistas nuevamente. Con los bichos colorados lograron el ascenso a Primera en 1994. Ese año Barán se lesionó la rodilla y ya no se pudo recuperar. "Me rompí los cruzados y por prescripción médica y por edad me decían que no era recomendable operar porque se perdía un año de recuperación. Con musculación pude seguir, a veces mejor otras peor con el dolor. Practicaba y me volvía manejando con la bolsa de hielo porque se me inflamaba. Así y todo pude jugar algunos partidos. Seguía porque tenía la suerte de hacer algún gol".

Así pasó por Everton de Chile, Basáñez y Racing. "En Basáñez me

 

 

 

 

 

 lastimé los meniscos y a partir de ahí la rodilla me complicó. No tenía ligamento cruzado, un menisco, y tenía que seguir jugando".

Durante la temporada 1997 en Racing sufrió bastante y al cabo de aquel año el técnico argentino Óscar Mendoza lo recomendó para que tomara su cargo en 1998. "Racing atravesaba una situación especial, complicada en el tema económico y jugamos prácticamente con juveniles y alguno que se pudo traer. Me tocó comenzar a dirigir a algunos que habían sido compañeros mios el año anterior".

El pedido de los dirigentes para ese primer año fue no descender a la C. Racing se clasificó a la liguilla final por el ascenso. Al año siguiente logró el ascenso a Primera contra Rampla en el Parque Central y a raíz de un convenio con un grupo de empresarios, el técnico en la A sería un argentino.

Barán salió del club de Sayago y lo contrató Bella Vista, que había aumentado sus cuentas por la venta del paquete de jugadores integrado por Diego Alonso, Leonel Pilipauskas, Adrián Berbia, Alejandro Lembo y Guillermo Giacomazzi a Francisco Casal.

Barán en su segunda etapa en Rentistas, con sus hijos

"El club compró el complejo, invirtió y querían mejorar juveniles. Estuve seis años ahí, con muy buenas campañas, jugando finales de la Copa Uruguaya. Salieron muchos jugadores, el Chengue Vera, Pablo Castro, Federico Pérez, Hernán Figueredo", entre otros.

A mediados de 2007 Víctor Púa es nombrado Coordinador de divisiones juveniles en Peñarol y la casualidad rebotó a favor de Fito Barán. Había ido a dirigir unos partidos a Wanderers de Artigas en lugar de Mario Saralegui, quien fue contratado desde Ecuador como comentarista de un torneo. Dirigido por Barán Wanderers llegó a la final del Campeonato del Interior y Púa junto a su ayudante Claudio Listur viajaron a Artigas para observar jugadores.

"Con Púa nos conocíamos porque jugamos juntos en Bella Vista. Le llevé jugadores de Wanderers y charlando me preguntó si no quería trabajar en Peñarol y le dije que si". De manera que Barán regresó a los aurinegros, ahora como entrenador de juveniles, y permaneció seis años.

Luego fue contratado por Rentistas para conducir al plantel principal en la B. La idea era ascender en dos años, pero lo hicieron en el primero. Al siguiente lo clasificó a la Copa Sudamericana, por primera vez el rojo participaba de un torneo internacional.

También logró el ascenso en Atenas de San Carlos y con Colón, su último club en 2020, clasificó a la liguilla final. "De ningún lugar me fui porque me echaran, sino porque no me sentía cómodo en ese momento con distintas circunstancias. Me fui porque la situación no era la adecuada y hay temas en los que no tranzo".

Foto: Leonardo Carreño. Barán con sus hijos más grandes en Racing

Barán es entrenador y también gerente deportivo, analista en marketing y administrador deportivo. "Trato de prepararme. Lo mío es dirigir, sentir esa adrenalina de estar al borde de la cancha, me siento feliz y capaz en eso. De repente hago todo lo demás porque he tenido que cumplir tareas que no son específicamente de un técnico", dijo.

Además, siempre trabajó paralelamente a su carrera en el fútbol. Después de aquellos primeros tiempos en Cinoca, trabajó en la fábrica de alfajores Punta Ballena, propiedad de la familia de su esposa, y tuvo una camioneta para trasladar pasajeros.

Nicolás, su primer hijo nació cuando jugaba en Peñarol. Actualmente es preparador físico en Boston River. Santiago nació un año después y hoy juega en la liga Montevideo. El más chico, Agustín, defiende a Bella Vista.

"Voy a verlos a ellos y eso me ayuda para ver rivales, cómo juega cada equipo, ver jugadores, para estar al día con el fútbol mientras espero que surja algo", contó Barán.

Trayectoria
Como jugador: Rentistas, Cúcuta, Bella Vista, Peñarol, Defensor, Independiente Santa Fe, Racing, Basáñez, Everton de Chile, Real España y Racing. Campeón juvenil con Uruguay en 1981.
Como entrenador: Racing, juveniles de Bella Vista, juveniles de Peñarol, Rentistas, Atenas y Colón.

Temas:

Peñarol Adolfo Barán

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