“Es la economía, estúpido”, el lema que ayudó a Bill Clinton a desbancar a George Bush de la Presidencia de Estados Unidos en 1992, bien podría ser tenido en cuenta por los candidatos presidenciales de Uruguay en la próxima campaña electoral, aunque ya se de por descontado no sin cierto tino que Tabaré Vázquez volverá a cruzarse la banda presidencial. La economía es siempre un tema central. Pese a los sustantivos avances logrados durante los dos gobiernos de izquierda, ayudado por un fuerte viento de cola internacional, el país sigue alejado de los umbrales del gran desarrollo, la producción parece encaminarse a un derrotero menos favorable y la inflación -el “impuesto” que más castiga a los que menos tienen- comenzó a mellar los bolsillos de los uruguayos y eso no debería cambiar sustancialmente. Son cada vez más las voces de economistas independientes que alertan que el final de un ciclo económico está próximo, al tiempo que dentro del oficialismo surgen voces que sostienen que “el modelo” está agotado. ¿Cuáles son las claves de ese modelo? Cuidado de los equilibrios macroeconómicos, ante todo -preocupación por el orden de las finanzas públicas y estricto pago (y aumento en términos absolutos) de la deuda-. Esas fueron las mismas bases que la izquierda uruguaya demonizó y tildó de neoliberal. La diferencia es que el viento de cola internacional que hoy está próximo al final (financiamiento históricamente bajo y precios récord de materias primas) fue de signo opuesto antes y eso sumado a errores graves de política y supervisión redundó en crisis.
Es la economía, estúpido
Por primera vez en casi diez años de gobiernos de izquierda el bolsillo de los uruguayos empieza a sentirse esmirriado