El papa Francisco recordó el Concilio Vaticano II (1962/1965) convocado por Juan XXIII y subrayó que en aquel entonces como ahora existía el peligro de un conflicto nuclear. "Respecto al inicio del Concilio, hace sesenta años, no podemos olvidar el peligro de guerra nuclear que precisamente entonces amenazó al mundo. ¿Por qué no aprender de la historia?", se preguntó el Sumo Pontífice durante el Ángelus en la Plaza de San Pedro.
"Incluso en ese momento hubo conflictos y grandes tensiones, pero se optó por el camino pacífico. Está escrito en la Biblia: 'Así dice el Señor: Deténganse en las calles y miren, infórmense de los caminos del pasado, cuál es el buen camino, síganlo, así encontrarán la paz para su vida'", afirmó el Papa ante los fieles reunidos este domingo en el Vaticano.
De esta forma, Francisco se refirió en forma directa a la guerra en Ucrania y a las amenazas veladas lanzados por Moscú, sobre la posibilidad de usar armas nucleares en el conflicto si la seguridad territorial Rusia se viera amenazada, posibilidad que voceros del Kremlin también plantearon señalando que la doctrina de seguridad rusas contempla el uso de ese armamento de modo defensivo.
Poco antes, durante la homilía de la misa de canonización de ítalo-argentino Artemide Zatti y del italiano Giovanni Battista Scalabrini, que se ocuparon de los migrantes a lo largo de la vida, Francisco había subrayado que "la exclusión de los migrantes es repugnante, pecaminosa, criminal". En ese contexto, llamó a no olvidar a los migrantes “que huyen de la guerra” en la “martirizada Ucrania”. "No abrir las puertas" significa enviarlos "a los campos de concentración donde son explotados y vendidos como esclavos", subrayó el Pontífice.
Tras las canonizaciones, Francisco, dirigiéndose a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro, agregó: “La enfermedad común y la fragilidad hacen caer las barreras y superan cualquier exclusión. Es una imagen hermosa también para nosotros: cuando somos honestos con nosotros mismos, recordamos que todos estamos enfermos del corazón, que todos somos pecadores, todos necesitados de la misericordia del Padre".
En otro tramo de su intervención, el Sumo Pontífice criticó la meritocracia, las divisiones sociales y los prejuicios. "Y entonces dejamos de dividirnos en base al mérito, los roles que cubrimos o algún otro aspecto externo de la vida, y caen los muros internos, caen los prejuicios. Así, finalmente, nos redescubrimos como hermanos", destacó en su mensaje.
En ese sentido, Francisco afirmó “tener miedo” cuando ve “comunidades cristianas que dividen el mundo en buenos y malos, santos y pecadores: así terminamos sintiéndonos mejores que los demás y dejando fuera a muchos a los que Dios quiere abrazar", para finalizar pidiendo a los feligreses que “por favor, incluyan siempre al Iglesia como en la sociedad, todavía marcada por tantas desigualdades y marginaciones”, e insistió en la necesidad de “incluir a todos".