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Gabriel Capurro: “Sin gente en el campo no es posible el desarrollo del país”

El flamante presidente de la ARU puso el foco en dos problemas para el medio rural: el despoblamiento y la inequidad para quienes allí se educan

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29 de octubre de 2018 a las 22:02

“Sin gente en el campo no es posible el desarrollo del país”, enfatizó Gabriel Capurro, quien asumió en la noche de este lunes como presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU). Tras recibir el mando de parte del ahora expresidente, Pablo Zerbino, el nuevo titular de una de las gremiales de mayor peso en el sector local de los agronegocios priorizó considerar dos temas entre los que preocupan a la ARU, el despoblamiento en el medio rural y la inequidad que hay en ese ámbito del territorio nacional para que los niños que allí nacen se puedan educar.

Responsabilidad, tranquilidad, convicción y reconocimientos

Capurro destacó, al inicio de su oratoria, que es un honor que lo hayan escogido para presidir la centenaria institución, por la que pasaron “tantos y tan brillantes dirigentes rurales”.

Dijo que asumía la presidencia con responsabilidad, pero también con tranquilidad y convicción, por lo que implica hacerlo en compañía de “un excelente grupo de dirigentes rurales” y “un excelente equipo de funcionarios que tienen la camiseta puesta de la institución”, señalando que la han defendido de gran manera.

Capurro hizo un reconocimiento a la gestión de Zerbino y la directiva que presidió, considerando que luego de años y ejercicios complicados para la institución “lograron equilibrar los resultados, todos sabemos que eso no es tarea sencilla”, destacando también por eso a los funcionarios. “Han dejado la casa en orden”, graficó, tras lo cual solicitó un aplauso para los directivos salientes y los funcionarios de la gremial.

Anécdotas, recuerdos y sonrisas

Luego, generando varias sonrisas, recordó que nació en un establecimiento ovejero, como otros lo hicieron entre los caballos o las vacas: “a mí me tocó entre las ovejas”, señalando que sus tíos y sus padres le trasmitieron esa pasión, por lo que advirtió que puede llegar a tener algún “desvío”. También recordó, a modo de anécdota, que cuanto tenía 10 años un vecino que iba a comprar carneros en la cabaña familiar, El Aguará, le preguntó a su padre si a él lo había parido la madre o una oveja, porque cada año lo encontraba invariablemente en los bretes, entre los ovinos.

Dijo que a los 18 años un tío tambero le pidió que se ocupe de sus ovejas y así empezó. Posteriormente, al terminar sus estudios de agronomía, por concurso ingresó al Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), “el sueño del pibe” dijo, donde se desempeñó durante 35 años y compartió labores con otros productores que, también directivos de la ARU, a quienes recordó (Guzmán Tellechea y Jorge Bonino, allí presentes). En el SUL, recordó, trabajó 10 años en el departamento de extensión, en Durazno y en Florida, luego fue jefe del área de extensión, luego fue cuatro años gerente del departamento y finalmente estuvo otros cinco años como gerente general. Todo eso que contó sirvió para una nueva anécdota: le prometió al cabo de esos 35 años a su esposa que cuando se jubilara se iba a ir a vivir tranquilo al campo, para disfrutar de los nietos, pero sucesivos presidentes de la ARU (Ruben Echeverría, Ricardo Reilly y Zerbino) y le fueron pidiendo su compañía en la directiva y si bien fue pidiendo cada vez que lo pusieran en un lugar más reservado en la lista, de menor protagonismo, como suplente, esta vez hubo uno que llegó más lejos, nuevamente Zerbino, quien fue a la estancia y le propuso que asuma la presidencia, en una entidad gremial caracterizada por la continuidad de las gestiones, encabezando Capurro una nueva lista única.

“Vamos a hacer” porque “esto es un equipo”

Tras ese relato y luego de decir que finalmente “acá estoy”, comentó que cuando los amigos le preguntaban hace poco qué iba a hacer ahora, el respondía diciendo “qué ‘vamos’ a hacer, esto es un equipo”.

Objetivo: hacer lo que se hace desde hace 147 años

“Vamos a hacer lo mismo que la institución ha hecho durante 147 años”, lo que está establecido en el primer artículo de sus estatutos y lo recordó: “Vamos a trabajar por el desarrollo del país, defendiendo los intereses del sector agropecuario y de las agroindustrias, promoviendo al trabajador rural en el plano económico, ético, moral y cultural”.

Dijo que primero que nada está el país, pero aclaró que desde su parecer los intereses sectoriales están íntimamente alineados con los del país y que en el caso de los trabajadores rurales están alineados con ambos, porque “al final nosotros trabajamos por la gente y por nuestros trabajadores”.

Dos de los temas que le quitan el sueño a la ARU

Posteriormente, Capurro dijo que no era el momento para insistir sobre la visión que tiene la ARU en relación a temas como la competitividad, aludiendo a que Zerbino fue claro al respecto durante su discurso en la reciente Expo Prado. Por lo tanto, optó por referirse a otros dos temas que mucho le preocupan a la gremial que ahora comanda por lo que inciden en el futuro de Uruguay: el despoblamiento del sector rural y la educación en el medio rural.

Capurro informó, por un lado, que en los últimos seis años Uruguay perdió 48 mil trabajadores en el sector, bajando de 180 mil a 135 mil.

“Cuando yo empecé a trabajar en el SUL, hace más de 40 años, éramos más de 80 mil productores y hoy quedamos menos de 40 mil”, enfatizó, tras lo cual expresó una de las frases que más celebrada fue entre los presentes cuando se generó, tras el discurso, el intercambio sobre las primeras palabras de Capurro en su nuevo rol: “sin gente en el campo no es posible el desarrollo del país”.

Admitió que se trata de un problema de escala mundial, que la gente se va del campo, pero que en general los países se preocupan de sostener a la gente en el campo, porque cuando se va a las ciudades se generan problemas sociales, de infraestructura. Dijo que al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) le preocupa el tema, que tiene programas que lo abordan, para mantener a las familias rurales en el campo, “pero los resultados, a nuestro juicio, ameritan revisar las estrategias”.

Una abultada transferencia de titularidad de la tierra

Señaló, aportando otro dato contundente, que entre los años 2000 y 2016 se vendieron en Uruguay ocho millones de hectáreas, más de la mitad de los algo más de 15 millones de hectáreas productivas y que casi la mitad de las hectáreas fueron vendidas por productores que tenían menos de 1.000 hectáreas que “no pudieron sostener a sus familias y aspirar a una vida digna y a una educación de sus hijos porque los resultados de sus establecimientos no se lo daban”.

Dijo que “es difícil” que en esas condiciones Uruguay aspire a un desarrollo razonable.

La mitad de esas hectáreas, añadió, fueron comercializadas a sociedades anónimas, por lo que no se puede identificar el origen de quienes compraron. El resto, complementó, fue vendido a personas físicas, el 61% a extranjeros y el 39% a productores uruguayos.

“Creemos que en el momento actual en el entorno del 35% de la superficie de Uruguay está en manos extranjeras. Y que nos entiendan bien, no estamos en contra de la inversión extranjera, estamos a favor (…) solo queremos que las mismas condiciones que se le dan a las industrias que vienen a instalarse y a los productores extranjeros se las den a los productores uruguayo”, dijo, citando que actuar de ese modo es “una justicia que debería tenerse hacia lo que es la producción de Uruguay y las agroindustrias de Uruguay”.

Otro dolor: inequidad en la educación en el medio rural

Pasando a la consideración del otro tema, el de la educación rural, recordó que en la primera edición de la revista de la ARU ya la gremial pedía más escuelas rurales.

“Durante 147 años los productores y los trabajadores rurales hemos colaborado con el mantenimiento de las escuelas rurales, con beneficios, donaciones y jornadas de trabajo dedicadas al mantenimiento”, comentó, cuando “hoy vemos que por un efecto de la poca gente que vamos quedando en el campo muchas escuelas rurales cierran, comprendemos la situación”.

Lo que preocupa, remarcó, “es la inequidad que hay en las oportunidades de educación para los niños que nacen en el campo”, aludiendo a los hijos de trabajadores rurales y de pequeños y medianos productores rurales, señalando el costo que esa educación implica para esos trabajadores.

“La educación es la base de la libertad de las personas”, afirmó, para reflexionar enseguida que una persona sin educación hoy, dependiendo de la voluntad de alguien para recibir un subsidio, “no es libre totalmente”.

“La mayor justicia social que puede haber en un país es igualdad en las oportunidades”, lo que significa igualar la educación, no es igualar los ingresos, porque “igualar los ingresos puede ser una gran injusticia”, instando a “igualar las oportunidades al inicio de la vida productiva de las personas”, porque “esa es la verdadera justicia social que nosotros creemos que el país debe atender”.

Agregó que se entiende desde su visión que en el sector rural hay una gran inequidad en las oportunidades de educación y en los costos que hay para los niños que nacen en ese medio.

“Vamos a tener que trabajar en eso y duro”, sintetizó al respecto.

Así concluyó su discurso, señalando finalmente que la institución que ahora preside tiene las puertas abiertas para recibir sugerencias. Luego, un gran aplauso y decenas de abrazos acompañados de deseo de suerte en la gestión que comenzó este lunes 29 de octubre y que se extenderá durante los próximos dos años, hasta la primavera de 2020.

En el acto, como es tradicional, el traspaso de mando se simbolizó con la entrega de la campanilla de bronce con la que se "pone orden" en las reuniones de directiva. Zerbino, tras su discurso de cierre, pasó la campanilla a Capurro. Por su parte, el expresidente recibió como obsequio un cuadro y colocó en la solapa del saco de Capurro el pin oficial de la ARU.

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