La candidata Luisa González, de Revolución Ciudadana (RC), el espacio del expresidente Rafael Correa, y Daniel Noboa, hijo del hombre más rico del país y candidato por Acción Democrática Nacional (ADN), cerraron sus campañas con promesas de cambio de cara a la segunda vuelta electoral que se celebrará mañana, en un momento en que el país atraviesa una profunda crisis institucional y una ola de violencia criminal sin precedentes.
En los últimos días, los candidatos recorrieron el país para intentar captar a los 5 millones de electores que no votaron por ninguno de ellos en la primera vuelta, votos que según los observadores locales serán decisivos para determinar quién será el próximo presidente hasta 2025, luego que el conservador Guillermo Lasso convocara a elecciones generales anticipadas para evitar su destitución.
La contienda, que se anticipa ajustada, transcurre en un contexto caracterizado por la violencia de las organizaciones dedicadas al narcotráfico, escalada que costó la vida de ocho políticos, entre ellos un alcalde, dos concejales municipales, un candidato a diputado y un dirigente local del correísmo, y también al presidenciable Fernando Villavicencio en la víspera de la primera vuelta.
"Hay un contexto que hace que esta elección sea particular, de hecho, es absolutamente inédita en Ecuador", explica Pablo Medina, de la Universidad San Francisco, con relación a la crisis institucional que derivó en la disolución del Congreso y la salida anticipada de Lasso.
González centró sus últimos actos en socializar sus propuestas en materia de seguridad, salud y empleo. "No es una elección cualquiera. En esta elección nos jugamos la vida", sostuvo la candidata, delfín del exmandatario Correa (2007-2017), vestida con un chaleco antibalas desde una tarima y fuertemente custodiada por policías en el barrio Cristo del Consuelo, en Guayaquil, donde operan los miembros de las bandas criminales más violentas.
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Por su parte, Noboa, autoproclamado de centroizquierda, cerró su campaña con una recorrida por tres ciudades acompañado por Marlon Vera, la estrella ecuatoriana de la UFC, las artes marciales mixtas, y llenó las calles de muñecos de cartón con su imagen. También publicó en sus redes un breve video que se volvió tendencia y en el que se lo ve simulando un combate como sparring de Vera.
"La juventud hoy en día tiene voz y tiene voto, y los grupos desatendidos también importan y deberían ser tomados en cuenta por el Gobierno central, que ha dejado abandonado a su pueblo en los últimos años", declaró Noboa, vestido con un chaleco antibalas, durante un breve discurso en el que apeló a los jóvenes y consideró que cambió la forma de hacer política.
Por lo pronto, los analistas locales señalan que gane quien gane, el país marcará hitos con su nuevo gobernante: Noboa, con 35 años y apoyado por fuerzas de derecha, sería el presidente más joven de la historia del país; mientras que González, con 45, sería la primera mujer electa en votación popular y su victoria significaría, además, el regreso a la política activa de Correa, en el exilio y condenado a ocho años de cárcel por corrupción.
Aunque rige la veda para la publicación de sondeos, varias consultoras prevén un cabeza a cabeza por el repunte de Noboa, luego del primer turno del 20 de agosto pasado, cuando alcanzó el 23% de los votos contra el 34% de González.
Los casi 17 millones de ecuatorianos habilitados para votar, en un país en el que el voto es obligatorio, irán a las urnas bajo un clima de miedo por la violencia que imponen las numerosas bandas de narcotraficantes, que dejaron un saldo de unos 4.000 asesinatos en lo que va del año, según el Observatorio Ecuatoriano del Crimen Organizado.
"En esta elección se puede marcar el antes y el después de la dignidad de los ecuatorianos. Nos sumieron en la violencia, en la pobreza. Hay 280.000 hijos, padres, que han migrado en dos años, y eso queremos que pare", dijo Gonzáles, ocasión en la que llamó "¡hasta la victoria siempre!", citando el tradicional saludo del Che Guevara con el que se identifica la candidata.
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Según lo pautado, el nuevo presidente tomará posesión en diciembre para terminar el periodo inconcluso de Lasso y gobernar hasta mayo de 2025. La ley permite que se presente a las siguientes elecciones (2025-2029), y que además se postule a la reelección (2029-2033). En un país donde está permitida la reelección por una sola vez, lo que abre una posibilidad inusual de extender el mandato.
Según los observadores locales, la posibilidad marcará el estilo del próximo gobierno. Señalan que el ganador va a estar prácticamente todo el tiempo en campaña, promocionándose para la presidenciales de 2025, lo que despierta muchos desafíos en términos de gobernabilidad, pero también muchas expectativas por parte de la sociedad.
Amante de los tatuajes, deportista, cristiana y defensora de los animales, González, madre de dos hijos y criticada por sectores feministas por su postura antiaborto cuando fue congresista, promete el regreso de un Estado más solidario, luego de los gobiernos de derecha que siguieron a Correa. Abogada con maestrías en economía y administración de empresas, admite que el exmandatario será su principal asesor, aunque asegura que mantendrá la independencia.
Noboa, casi un desconocido en la política y la sorpresa electoral de la primera vuelta, aspira a la presidencia luego que su millonario padre lo intentara sin éxito en cinco ocasiones y perdiera en 2006 contra Correa. Taciturno y de pocas sonrisas, el empresario bananero promete enfrentar la violencia criminal con mano dura y dijo que creará barcos prisiones en alta mar para aislar a los presos, propuesta que tiene tantos adeptos como contradictores.
“Será un duelo entre izquierda y derecha, que se traduce en correísmo versus anticorreísmo", explica David Chávez, profesor de la Universidad Central. El académico, además, destaca que el triunfador gobernará sin mayoría absoluta en el Congreso y durante un breve período, lo dificultará hacer realidad las reformas prometidas, en un país en el que la pobreza aqueja a un tercio de la sociedad, la economía está dolarizada y en el que las dos principales preocupaciones de los ecuatorianos son la seguridad y el desempleo.
(Con información de agencias)