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24 de marzo 2023 - 5:01hs

Fue el preludio del exterminio sistemático de personas: hace 90 años, los nazis establecieron el primer campo de concentración en Dachau, al noroeste de Munich, a menos de 20 kilómetros del centro de la capital bávara.

No habían pasado aún dos meses de la llegada de Hitler al poder, el 30 de enero, cuando el 22 de marzo de 1933 llegaron al campo los primeros 150 prisioneros.

En el grupo inicial hubo opositores al régimen nacionalsocialista: comunistas, cristianos comprometidos, judíos, gitanos (sinti y romaníes), testigos de Jehová y homosexuales.

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"Dachau representa todos los campos de concentración que los nacionalsocialistas instalaron en su esfera de influencia", sintetizaría más tarde Eugen Kogon (1903-1987), un respetado politólogo, editor y sobreviviente del Holocausto.

Lo que es mucho decir, ya que el régimen nazi instaló 1.200 centros de exterminio en toda Europa.

El terror nazi

De hecho, Dachau fue una especie de modelo para otros campos de concentración y exterminio. Allí "se inventaron las reglas para todos los campos de concentración posteriores", explicó el historiador Wolfgang Benz.

Los prisioneros se encontraban, sobre el portón de entrada, con el eslogan "El trabajo libera", una expresión de burla a los reclusos que anticipaba su deshumanización.

En 2014, desconocidos robaron la puerta de hierro con la cínica inscripción nazi en Dachau que luego se replicó en todos los campos de exterminio. El portón apareció en Noruega en 2016 y fue devuelto en 2017. Las circunstancias del robo nunca se aclararon.

Al igual que en otros grandes campos, Dachau tuvo zonas satélites. En muchos lugares de la región, ya sea en la construcción de carreteras o en la remoción de escombros, la población civil podía encontrarse con los reclusos, naturalizando la presencia de trabajo esclavo.

En los doce años que funcionó el campo, hasta su liberación por el ejército de los Estados Unidos el 29 de abril de 1945, más de 200 mil personas de toda Europa fueron encarceladas en ese centro.

El balance al final de la guerra fue que en el campo murieron más de 32.000 personas, aunque investigaciones más recientes estiman que hubo más de 41.000 muertes.

Alrededor de una cuarta parte de los prisioneros, unos 11.250, fueron judíos, un número escalofriante pero pequeño ante el millón de asesinados en las cámaras de gas de Auschwitz-Brikenau.

Pero también en Dachau se vieron por primera vez los prisioneros con trajes de a rayas con una estrella de David pegada en el pecho.

Los curas del campo

Una característica singular en Dachau fue el llamado "bloque de los sacerdotes". En 1940, los nazis reunieron a clérigos de varias denominaciones de 20 países, traídos desde otros campos del Reich alemán.

La mayoría eran sacerdotes católicos, en su mayoría de Polonia, un total de 3.000. Cuando estalló el tifus en ese campo, a principios de 1945, los clérigos se ofrecieron como voluntarios para cuidar a los enfermos y perdieron la vida en el proceso.

Semanas después de que los soldados estadounidenses lo liberaran, el campo de exterminio permaneció cerrado y en estricta cuarentena debido a la epidemia. Más de 10.000 prisioneros, debilitadas por las privaciones y el acoso de los años de encarcelamiento, sucumbieron en esos días a la enfermedad, incluidos varios cientos de sacerdotes católicos.

Entre los encarcelados en Dachau estuvieron el teólogo evangélico y destacado antinazi Martin Niemöller (1892-1984) y el carmelita holandés Titus Brandsma (1881-1942), quien murió en la enfermería de Dachau víctima de experimentos médicos y es venerado como santo por la Iglesia católica desde 2022.

El último sobreviviente de este grupo fue el sacerdote de Münster Hermann Scheipers (1913-2016), ordenado en 1937, que llegó al campo de concentración como "enemigo del Estado" y estuvo allí durante más de cuatro años hasta 1945. Con más de 90 años, Scheipers aun acudía a clases y eventos escolares para dar testimonio de los crímenes cometidos en el campo donde había estado preso.

El extenso monumento, construido en 1965 pero que se piensa extender para 2025, es visitado por cerca de un millón de personas de todo el mundo cada año.

Para Charlotte Knobloch, otra sobreviviente nonagenaria de Dachau, éste sigue siendo el lugar donde comenzó la "barbarie en nombre de Alemania". Y advierte que se debe "detener a tiempo a los que promueven nuevamente la barbarie en la Alemania de hoy".

(Con información de DW)

 

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