30 de septiembre 2019 - 5:00hs

En los últimos tiempos, varios estudios confirman que la localización de una parte importante de la inversión extranjera se ubica en los países en los que pueda pagar lo menos posible de impuestos antes que en aquellos en los que habrá de desarrollar la actividad productiva correspondiente.

En estos días, cerca de un 40% de la inversión extranjera en el mundo se canaliza a través de sociedades “de escritorio”, que no desempeñan una actividad productiva. Más bien son un vehículo de ingeniería financiera que permite reducir la carga fiscal que deberían tributar las empresas multinacionales.

Para peor, esta tendencia ha venido creciendo desde el 30% de principios de la última década, en especial en algunos países como el Reino Unido, en contraste con la baja registrada en otros, como Suecia y Bélgica.

Cerca de la mitad de la inversión extranjera de “fachada” está domiciliada en Luxemburgo y los Países Bajos. En Irlanda, otro de los países preferidos por el capital internacional, cerca de dos terceras partes de la inversión está en el balance de empresas que, sin embargo, no tienen una actividad productiva en el país.

En Francia, el bajo nivel de ganancias sobre el que pagan impuestos las empresas multinacionales tecnológicas que operan en su mercado interno indujo a su gobierno a aprobar hace algunos meses un impuesto específico sobre ellas.

Aunque no está aún en vigencia, este impuesto tuvo una resistencia inicial de Estados Unidos, pero luego forzó al resto de los países del G7 a intentar un acuerdo conjunto para abordar el problema.

En la actualidad, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico prepara un proyecto de reforma para establecer una base mínima de tributación sobre las empresas multinacionales. Se espera que el proyecto pueda ser aprobado a comienzos del año próximo.

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