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20 de febrero 2021 - 5:01hs

Aburrirse de uno mismo es de los peores sentimientos, ¿no? Me estoy aburriendo de mí misma cada vez que debo escribir sobre temas de inequidad de género, pero los datos me obligan a ser una aburrida, porque siento que es mejor ser aburrida que negadora. En todo esto pensaba cuando leí en estos días dos noticias que me volvieron a hacer aterrizar en la realidad de una injusticia que sí, es cierto, ha evolucionado (muy lentamente) pero que aún así sufre retrocesos a veces inesperados, otras no tanto. 

El 80% de los cargos en el Estado son ocupados por hombres, publicó Búsqueda esta semana. En octubre El Observador también había adelantado este dato bajo el título: “Hombres ocupan cuatro de cada cinco puestos de alta conducción en el Ejecutivo”. La brecha de género en 2020 se acrecentó en comparación a 2017. Es cierto que en el Uruguay de 2021 tenemos a la primera vicepresidenta mujer y a una intendenta capitalina, pero al mismo tiempo en el Parlamento hubo un pequeño retroceso en representación femenina. 

Todo lo anterior no es una casualidad y tampoco, por lo menos en la mayoría de los casos, una conspiración. Cuando planteé este tema en redes sociales, algunos me acusaron de conspiracionista; no creo que los hombres que llevan las riendas de este gobierno se reúnan en sociedades secretas para planear la mejor forma de dejar atrás a mujeres talentosas, preparadas y prontas para acceder a cargos de jerarquía, responsabilidad y confianza. Pero la realidad es que no llegan casi nunca. 

En Presidencia de la República el 91% de los puestos más altos son ocupados por varones. Son cargos ocupados por abogados, escribanos, economistas y otras profesiones. De todas ellas egresan más mujeres que hombres en Uruguay. Más del 63% de los egresados universitarios son mujeres.

Con estos datos sobre la mesa escucho ofertas a ver qué argumentos tenemos para explicar esta brecha que sigue abriéndose en vez de acortarse, a pesar de informes, diagnósticos, campañas y buenas intenciones. Será que las buenas intenciones no sirven para eliminar equidades. Se necesitan decisiones.

La buena noticia es que conocemos estos datos porque la Oficina Nacional de Servicio Civil (ONSC) realizó un informe, a través de su Observatorio de la Función Pública -dirigido por dos mujeres, siempre hay excepciones-. El estudio tuvo el objetivo de identificar brechas de género en el acceso a cargos y funciones de conducción. Los números no dejan lugar a dudas: 78% de las funciones de conducción son ocupadas por hombres y 22% por mujeres. En los puestos “medios” la paridad es casi una realidad: 55% están ocupados por hombres y 45% por mujeres.

Por lo cual, todas las bobadas sobre que la biología incide en la decisión profesional y laboral o que las mujeres no tienen ganas de acceder a esos puestos de responsabilidad, se dan por tierra y salta mucho polvo. Lo que sigue sin poder negarse son dos variables: las mujeres son las principales cuidadoras de las sociedades (hijos, padres, abuelos, familiares en general) y los milenios de círculos de poder compuestos en un 99,9% por hombres siguen incidiendo a la hora de promover candidatos y (muy pocas) candidatas para cargos de responsabilidad que en parte son de confianza. 

Esto último no es una conspiración al 100%, es tan solo y tan mucho, una “manera de hacer las cosas” que está inserta casi que en nuestro ADN por el peso de los siglos y las costumbres, tanto en hombres como en mujeres. Sobre estos círculos de poder escribí hace un tiempo en esta columna

Lo que ya no podemos excusar más es que esto sucede de forma “inconsciente”. En los últimos años, tanto organismos internacionales como nacionales, universidades y científicos, han confirmado de todas las maneras posibles que la brecha existe y que se puede cerrar, de a poco (y faltan muchos años), si efectivamente se toman medidas para ello y no solamente nos sentamos a ver números.

En el Estado uruguayo hay más mujeres en ministerios en los que las tareas son “típicamente femeninas”, expresión que aborrezco pero que describe situaciones reales. Esto también es un problema porque reproduce modelos que impiden que una niña o joven elija la carrera que quiera, incluyendo las científicas y tecnológicas en las que seguimos siendo minoría. Las mayores diferencias se dan en el Ministerio de Desarrollo Social (63% mujeres, función cuidados), Ministerio de Educación y Cultura (60% mujeres, función educación).

Ahora el Estado uruguayo tiene prueba certera de que en los niveles jerárquicos del 1 al 4, “se tiene casi el doble de chance de llegar siendo hombre”. Si se mira hasta el nivel 3, “las posibilidades de acceder a estos cargos se triplican”. ¿Cuántos pruebas más necesitamos para tomar medidas de discriminación positiva, no tramposas por favor, que permitan al menos jugar un partido algo más justo? 

Estas comprobaciones de la ONSC demuestran un retroceso con respecto a 2017, pero la realidad es que con diferencias mínimas podríamos decir lo mismo con este gobierno, con el anterior y, ojalá que me equivoque, pero también con el que vendrá

Una rendija de oportunidad se abre a partir del artículo 23 que fue aprobado en el Presupuesto de 2020, en el que se establece que el 50% de los cargos de conducción de la Administración Central deberán ser sometidos a concurso, un año después de que se terminen las reestructuras, que tienen como plazo 18 meses desde la aprobación del Presupuesto.  Los funcionarios que no pasen ese concurso, cesarán en sus funciones y “volverán a desempeñar las tareas correspondientes a su cargo y nivel, dejando de percibir la diferencia por la función que desempeñaba”.

“En los pocos casos en los que hay concursos suelen ganar las mujeres, este es un dato que ya tenemos, porque están mejor preparadas que los hombres. Con meritocracia, sin cuota, rompemos el techo de cristal”, me dijo Conrado Ramos. No sé si lo romperá, pero ojalá se haga alguna grieta o agujerito.

El director de la ONSC también confía en que el nuevo sistema de carreras que deberá ser aprobado por el Parlamento en la Rendición de Cuentas, puede favorecer a las mujeres. La vieja estructura escalafonaria de la Administración se cambiará por una en la que lo que cuenta es la ocupación, con descripción de lo que se debe hacer en ese cargo. El 90% no lo tiene actualmente. Así se abrirán más concursos, en los que las mujeres podrán aplicar para ir a puestos de otros ministerios a los que antes solo podían acceder a través del sistema de pase en comisión.

Todo lo anterior no es solución para la gran cantidad de cargos de confianza que existen en el Estado. Pero si funciona será un gran paso hacia la equidad de oportunidades laborales en el Estado.

La pandemia también nos pegó un poco más a las mujeres, en muchos aspectos incluyendo el trabajo. Un informe reciente de la Cepal establece que la participación de las mujeres en el mercado laboral retrocedió el equivalente a diez años en este 2020 de covid.19. ““La crisis del covid ha puesto de manifiesto la injusta organización de los cuidados en América Latina y el Caribe. Antes de la pandemia las mujeres dedicaban a los cuidados remunerados y no remunerados tres veces más del tiempo que los hombres, y ahora con las medidas de confinamiento se han agravado estas presiones”, dijo Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, citada por La Diaria.

La propuesta de Bárcena va por la discriminación positiva, una expresión bien feúcha, pero que puede ser efectiva si se aplica correctamente y durante los períodos necesarios para que lo que no sucede naturalmente se empareje. En el informe de la Cepal se propone que los Estados apuesten por una política fiscal y de empleo “con perspectiva de género y con un enfoque transversal que llegue a todos los espacios de decisión”. 

Las desigualdades son groseras. ¿Seguiremos mirando para el costado? Un tuitero me contestó esto cuando señalé irónicamente que era todo una “casualidad”: “Posiblemente argumenten que en general (salvo Adriana Lima) las mujeres son menos altas que los hombres, por lo que no podrían aspirar a los altos cargos. Realmente, las cifras son demoledoras”. Me río un rato y me desespero otro tanto. 

Escribo esto mucho antes del Día de la mujer, ese que no debería existir si la inequidad que afecta a las mujeres comenzara a evolucionar a un paso un tanto más dinámico. Y así el aburrimiento deja lugar a la indignación. Cuando la inequidad pervade tan profundamente a una sociedad, no solo tiene que ver con hombres y mujeres, tiene que ver con colores de piel, con creencias, con ingresos y posibilidades, con condiciones físicas. Hay pocas inequidades tan estables como las que afectan a las mujeres desde hace milenios. Podemos hacerlo mejor.

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