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Jana Rodríguez Hertz, fórmula guerrera

Es la primera y única mujer grado 5 en matemática del país. Docente, investigadora, madre y aficionada a la fotografía. Dice lo que piensa y lo fundamenta. Una mirada novedosa acerca de temas por demás polémicos

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01 de julio de 2014 a las 18:16

Tal vez porque nunca me gustó demasiado la matemática, en mi mente prevaleció por un buen tiempo la idea de que quienes la estudiaban tenían una forma de ver el mundo distinta, particular. Esa idea volvió a resonar mientras caminaba rumbo a la entrevista y se quedó ahí, dando vueltas”. La inmensa postal de la bahía montevideana se colaba a través del ventanal del apartamento de Jana. Simpática y enérgica, me contó que desde hace algún tiempo viene experimentando con la fotografía. Señaló un pequeño cuarto donde atesora el equipo fotográfico, que, para tratarse del de una aficionada, parecía bastante bueno. Volví a mirar el ventanal, hice una mueca y nos acomodamos en el sillón.

A todo terreno
“Dra. en Matemática, Gr. 5 Fac. Ingeniería de la UdelaR, Nivel2 SIN. Uruguay precisa invertir en Ciencias Básicas, y hacerlo con criterio”, se lee en su portada de Twitter. No cree que haya una forma matemática de ver el mundo, más bien es de las que piensan que “hay una forma de estructurar lógicamente el pensamiento, que está relacionado con el sentido común, que por estos días falta mucho. Hay pocos chicos que eligen a la matemática como opción por la forma en la que se educa. Y creo que eso es un déficit de nuestra educación y que incluso tiene consecuencias económicas”.
Sin embargo, Jana, ya desde niña, demostraba pasión por la matemática. “Me encantaba jugar con el cubo de rubik aunque también leía mucho, compulsivamente. Era muy salvaje, me trepaba a los árboles y jugaba con los varones. Mi primer acercamiento a las barbies fue experimental, a una, en lugar de hacerle vestiditos, intenté lavarle el pelo y se lo quemé. Y después, obviamente, la desarmé toda para ver cómo eran las articulaciones”.
Nació en Rosario (Argentina), es la mayor de cinco hermanos, y cuando uno conversa con ella se entrevé el espíritu de liderazgo. Su mamá estudió estadística y aunque no ejerció “se notaba su formación en los juegos orientados al pensamiento que hacíamos de chicos. Mi tío, que murió joven, con 37 años, era licenciado en matemática. Casi todos mis hermanos eligieron carreras orientadas a los números…”.


Llegué a Uruguay con 24 años, sin familia. Una mujer sola y sin marido no estaba muy bien vista 20 años atrás, la gente pensaba que eras una loca. Me acuerdo de que iba a estudiar al bar Monteverde y me pedía un whisky. Cuando preguntaba si podía ir al baño, me contestaban que en ese lugar no había baño para damas

Luego de culminar su licenciatura, realizó algunos cursos en Río de Janeiro y finalmente decidió trasladarse a Montevideo para hacer el doctorado. Algo poco común. ¿Por qué Montevideo? Los uruguayos nos vamos al exterior a estudiar y vos, en cambio, elegiste estudiar acá, comento y concluyo mi intervención. “Me gustaba mucho sistemas dinámicos y en Argentina no existía, hasta el día de hoy es un área que está poco desarrollada. Quise ir a Estados Unidos, pero no tenía ningún contacto. Fui a Río de Janeiro, donde tuve la posibilidad de hacer el doctorado, pero yo era muy salvaje... Tenía 23 años y dije: ‘si me quedo acá, no llego viva a los 30 años”, relata entre carcajadas. “Entonces me busqué un país bien conservador, que me cuidara”, remató entre risas.
Pero en el medio hubo amor…, le digo con sutileza y complicidad, y, ni bien deslizo ese comentario, sentencia eufórica: “No me vine por un hombre. No seas machista. Me vine por mi carrera”, y vuelve a reír. “Acá había una escuela de sistemas dinámicos que estaba muy buena.
Llegué a Uruguay con 24 años, sin familia. Una mujer sola y sin marido no estaba muy bien vista 20 años atrás, la gente pensaba que eras una loca. Me acuerdo de que iba a estudiar al bar Monteverde y me pedía un whisky. Cuando preguntaba si podía ir al baño, me contestaban que en ese lugar no había baño para damas. Para que te hagas una idea…”.

Nerds, ¿quiénes?
Al poco tiempo de estar en el país consiguió un cargo para dar clases en la Facultad de Ingeniería, trabajó en el Centro de Matemática y en la Facultad de Ciencias Económicas. Actualmente investiga sistemas dinámicos parcialmente hiperbólicos y asegura que es muy bueno estudiar en Uruguay, aunque reconoce la falta de recursos para las ciencias. “Tenemos una escuela muy buena, mucha gente dedicada a diversos temas, gente joven que está trabajando en el área y publicando en el mundo. La investigación en matemática en Uruguay para los recursos y el tamaño que tenemos es muy buena. Y no sé cuánto se sabe de eso. Cuando acá se hacen congresos, vienen personas con mucho peso y lo hacen porque les resulta interesante la escuela que hay. Pero es innegable que los recursos son muy pocos”, reconoce. Para ella, la dificultad de amalgamar la docencia con la investigación pasa por una multiplicidad de factores, entre ellos, la falta de estímulo a la investigación, incluso dentro de la Universidad, y las escasas becas de doctorado. “Investigar es caro porque esa persona debe haber pasado por Primaria, Secundaria, la Universidad y recién ahí, luego de doctorarse, puede acceder a ser investigador. Pienso que a estos recursos humanos no se los trata con el cuidado que se debería. Hay gente que cree que va a consumir indefinidamente conocimiento y en algún momento uno tiene que pasar de ser consumidor a cazador, para luego poder producir”.
“Una de las cosas que me propuse en Twitter es mostrar un poco cómo es la vida del investigador por dentro. No soy una rata de laboratorio. Tomo Aperol en el Adriático. Esa es también mi vida de investigadora. Obviamente que a nadie le resulta atractivo terminar como un nerd de The Big Bang Theory, pero te aseguro que si te muestro los lugares a los que he viajado, genera mucho más envidia que pena. En un lapso de dos años, estuve en la Ciudad Prohibida de Pekín y en la Gran Muralla China. Pero eso no se muestra, no se conoce… y estoy segura que a más de un chico le gustaría”.
Jana tiene una intensa actividad en la red social Twitter y lo que arrancó como un hobby se convirtió en un trabajo más. “Antes de entrar estuve mirando durante un año cómo tuiteaban los argentinos, viendo la mecánica. Empecé a tuitear y, al cabo de un tiempo, se armó una bola de nieve y se me fue de control. Subestimé lo que iba a generar todo esto de Twitter, y este año fue de mucho desgaste. Hoy es mi nuevo trabajo”, y estira su mano para ofrecerme mate.


La investigación en matemática en Uruguay para los recursos y el tamaño que tenemos es muy buena. Y no sé cuánto se sabe de eso. Cuando acá se hacen congresos viene gente de mucho peso y lo hacen porque les resulta interesante la escuela que hay. Pero es innegable que los recursos son muy pocos

Apocalípticos y aggiornados
“Me acerqué al tema educación en Uruguay, hace tres años. Aunque me falta muchísimo por conocer. La educación uruguaya forma parte de la educación en el mundo, y toda ella está en crisis. Eso hay que tenerlo en cuenta porque si no, viene el apocalipsis zombi respecto a nuestra educación”. ¿Por qué crees que pasa eso? “Porque hay un cambio de paradigma. Creo que ya se está percibiendo. El mundo pasó de la era industrial a la digital y la educación que se requiere es diferente, no tiene nada que ver. Ya tenemos poca gente preparada para la educación de la era industrial y ahora hay que parar todo porque precisamos una educación que ni siquiera sabemos cuál es. Hay programas novedosos, como el Plan Ceibal, pero todavía no sé qué tenemos que aprender”. Jana asegura que los avances en materia educativa han sido escasos y que un aula de hace 200 años es prácticamente igual a una actual. “No tengo idea de cómo se maneja un salón de clase del futuro. No sé cómo se mantiene despierto el interés. Quizá no resulta atractivo sentar a 200 personas mirando al frente en un aula y darles una clase, pero no encuentro otro modo de hacerlo, también es un tema de recursos humanos. Trato de hacer las clases muy participativas y voy cambiando el método. Antes usaba transparencias, se me quejaron mucho y volví al pizarrón, y seguramente después se aburran y volveré a experimentar. Lo que tiene de bueno es que, con el pizarrón, la clase se puede armar entre todos. Algunas veces los chicos encuentran demostraciones mucho más cortas y más lindas que las que tenía en mente. Y otras tiran bolazos. Está bueno que se construya en conjunto. Generalmente en el liceo copian recetas de cocina y obviamente que, a la quinta receta, los chiquilines están podridos. Es muy distinto experimentar, probar, crear. Esta forma lleva más tiempo pero me parece mucho mejor”.
Y le hago una gran pregunta que parece saber responder. ¿Por dónde se empieza para revertir esta situación? “Voy cambiando mi postura sobre qué es lo que se debería hacer. Creo que es necesario cambiar la forma de ascenso de los docentes, tiene que existir un mecanismo que no dependa de la antigüedad. También considero necesario tener una élite de formadores. Mandar a un grupo selecto de jóvenes a formarse en lugares de vanguardia de la educación, así fue como se formaron las escuelas científicas en el país. Paralelo a esto pondría el tema del Sistema Nacional Docente que funcionaría como el Sistema Nacional de Investigadores y proveería de niveles que funcionarían como estímulos monetarios para los docentes que hacen determinadas cosas”.

Puede y debe rendir más
Actualmente vive con su pareja, Pablo,el hijo mayor de este (20 años), y sus dos hijos (15 y 12 años) en Montevideo. Confiesa que su fuerte no es la cocina y que se lleva “remal con los quehaceres domésticos. Me gusta cocinar, pero hace años que no lo hago, el que cocina en casa es el Gallego [Raúl], y además lo hace muy bien. Yo me dedico al lavado de la ropa, y algunas veces me encargo de los platos sucios”. Jana viaja con cierta frecuencia, la inmensa mayoría de las veces, por motivos laborales. Uno de sus hermanos vive en Estados Unidos, y los otros en Argentina (dos en Buenos Aires y una en Rosario). “El que vive en Estados Unidos es matemático como yo y mi marido. Durante mucho tiempo trabajamos los tres juntos, teníamos un equipo de investigación, pero decidió irse e instalarse en Penn State University [Universidad Estatal de Pensilvania]. Hoy tiene un cargo de profesor titular y le va muy bien”. ¿Y nunca pensaste en irte o en cruzar el charco? “Cuando mi hermano se fue, pensé en irme; pero a Argentina, ni loca. Lo último que haría en mi vida es cruzar el charco. Me iría a vivir a cualquier parte del mundo menos a Argentina”, dice vocalizando cada una de las letras, para que advierta la negativa. “Argentina es un país que me expulsó directamente. El sistema está loco. Todos los días tiene una regla distinta, lo que hace que sea totalmente desestructurante. No podés invertir. No sé cómo hace la gente que vive ahí. En ese sentido, elegí bien este país. Acá es todo suavemente ondulado”.

Una de las cosas que me propuse en twitter es mostrar un poco cómo es la vida del investigador por dentro. No soy una rata de laboratorio. Tomo Aperol en el Adriático. Esa es también mi vida de investigador. Obviamente que a nadie le resulta atractivo terminar como un nerd de The Big Bang Theory, pero te aseguro que si te muestro los lugares a los que he viajado genera mucho más envidia que pena

Le consulto cómo evalúa el gobierno del presidente José Mujica en materia educativa y dice: “Creo que lo mejor del gobierno de Mujica fue su discurso de asunción. Ese es mi resumen. Mujica, en la mitad de su mandato, dijo que había tirado la toalla con respecto a la educación. No podés plantearte como fin la educación y a mitad de gobierno decir eso”. Y continúa, como si la pregunta hubiese dado en la tecla. “Mujica no tiene un buen trato para con la gente de ciencia, tiene un ligero menosprecio hacia los académicos. Y siento que en algún punto menosprecia el valor que tenemos en la economía. No me parece bien destratar a un grupo que cuesta mucho formar. Creo que el presidente tiene una natural desconfianza hacia la gente académica”. También recalca que parte de la sociedad tiene el pensamiento de que a los académicos les falta embarrarse los pies. “Pará, ¿cuánto me conocen para decir eso? ¿Qué idea tienen de lo que hago? ¿Por qué algunos suponen que si soy académica, no me embarré los pies o me falta boliche?”, me dice en una catarata de preguntas que evidentemente no necesitan respuesta. “El problema que tenemos es comunicacional, no nos damos a conocer lo suficiente. Se insiste en hacer extensión y hay muchos mamarrachos. Si quieren hacer extensión, hagan lobby”.
Conversamos sobre la preparación de las clases y me trasladó un concepto por demás interesante. “Preparar una clase no lleva mucho tiempo, pero darla me consume mucha energía. Termino y es como si hubiese dado un recital de rock. Si vos tenés la clase totalmente preparada, no te corre adrenalina por el cuerpo porque ya sabés lo que vas a decir. Tu nivel de animalidad desciende a cero y el chico se duerme. Por eso, siempre dejo un hueco sin preparar para que la clase me dé miedo”. Habían pasado más de dos horas desde que empezó la entrevista. Satisfecha con la charla, apagué el grabador y Jana me acompañó a la puerta. Mientras me alejaba, el paso se fue haciendo más liviano. Fue raro, pero tuve una sensación de bienestar, y de repente me sorprendí esbozando una sonrisa.

Mujer, mujer
“No son pocas las mujeres que investigan. Lo que pasa es que hay pocas mujeres en cargos de poder. La mujer en el poder genera rechazo. No hay pocas investigadoras, lo que pasa es que no llegan a grado 5. ¿Y por qué pasa eso? Porque hay un machismo recalcitrante. Hay machismos no dichos. Para llegar siendo mujer, en lugar de trabajar 10, como un hombre, tenés que trabajar 100. Cada ascenso te genera una pelea porque los llamados están hechos para que asciendan hombres, no mujeres. Y después está el tema del acoso que existe dentro de la Universidad. Y es mucho más frecuente de lo que la gente cree, y hay mujeres que terminan su carrera porque se enfrentaron a determinadas personas con cargos superiores. Es muy mal vista la ambición en la mujer, genera un rechazo espantoso. Yo sigo siendo la única mujer grado 5 en matemática, aunque esperemos que eso cambie a la brevedad”.

Presupuesto
“El presupuesto es una porquería. Son 2.200 millones de dólares para atender a 900 mil personas. Mi hermano trabaja en Penn State University, que atiende 90 mil estudiantes, y el presupuesto es de 4.300 millones de dólares. Una sola universidad tiene casi el doble de presupuesto educativo que un país entero. Si creen que la educación es cara, prueben con la ignorancia, decía un rector de la Universidad. Después, por no educar, tenés que atender una serie de factores que son mucho más caros para la sociedad. Si quisiéramos invertir a la par de lo que invierte la educación privada, tendríamos que tener un presupuesto de más del 8%”.

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