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Juan de Dios Pintado, de carpir zanjas y trabajar como albañil al fútbol de Brasil

Fue criado en una familia de 11 hermanos, la peleó desde abajo, trabajó y jugó al fútbol, hasta llegar a la Primera de Juventud como lateral desde donde saltó a Brasil 

En acción con Goiás

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06 de septiembre de 2020 a las 05:03

"Para el arroz con huevo nunca nos faltó”, dice Juan de Dios Pintado para graficar sus años de niñez. Once hermanos, un solo par de zapatos de fútbol que usaba hasta para ir a la escuela, la misma ropa siempre y el fiado del almacén del barrio. Aquel niño creció, se convirtió en futbolista y se hizo un nombre en el fútbol uruguayo. Un nombre que al principio le daba vergüenza pero que ahora lo tiene entreverado en la tierra de los mejores laterales del mundo: Brasil. 

En Juventud de Las Piedras, Jorge Giordano fue el entrenador que lo subió a Primera división y que lo hizo debutar el 29 de noviembre de 2015 contra Racing en el Parque Artigas. Entró a los 76’ por Juan Martín Boselli para jugar como volante externo por derecha. 

“Había jugado el viernes con la Cuarta y estaba en casa cuando me llamaron para concentrar con el primer equipo porque se había enfermado un compañero”, rememora. 

Juan de Dios tenía 18 años y cada vez que lo llamaban por su nombre se ponía colorado de vergüenza. Entonces Giordano lo encaró: “¿No te gustan que te digan Juan de Dios, no?”. 
El botija se encogió de hombros resignado: “No, pero todas las radios y en los diarios sale así mi nombre”. Entonces el DT floridense lo convención: “Mirá, si a vos te dicen Juan Pintado vas a valer un millón, pero si sos Juan de Dios Pintado seguro que valés dos millones”. 

“Le quise hacer ver que su nombre era especial, que era único”, cuenta Giordano, actual secretario técnico de Nacional. 

Contra Santiago Gáspari de Rampla

“Era un gurí muy humilde, pero a la vez todo un caballero. Un día lo citaron a una selección juvenil y se fue de viaje. No tenía un peso. Entonces lo llamé y le di plata: ‘Cómprele algo a su madre y después cuando cobre me lo devuelve’. El día que cobró el sueldo lo primero que hizo fue devolverme la plata”, recuerda Giordano. 

María es la mamá de Juan de Dios. Trabajaba en un frigorífico para mantener a sus 11 hijos, siete mujeres y cuatro varones. Un mal movimiento laboral determinó que tuvieran que extirparle el bazo. Cuando se recuperó comenzó a trabajar en un residencial de adultos mayores. 

“De mi padre no sé hace años, no tengo trato. A la escuela iba con zapatos de fútbol porque eran los únicos que tenía. Les mentía a mis compañeros diciendo que era para jugar en el recreo, porque el piso era de hormigón. Ahora me encanta comprarme ropa porque de chico tuve esa carencia, siempre andaba con lo mismo puesto”, dice por su parte Juan de Dios. 

En Jadines contra Danubio

Su madre no le pudo costear los boletos para ir a entrenar desde Las Piedras a Peñarol a donde llegó tras ser seleccionado en la liga regional del Sur. “Fuimos con José Alberti que es mi mejor amigo y quedamos, pero ninguno tenía para el boleto”. 

Luego se fue a probar a Cerro. “Fui dos veces pero no pude hacer fútbol, siempre había un problema. Entonces largué todo”. 

Siguió a uno de sus hermanos para jugar en el barrio, en Los Ceibos. Con otro se puso a carpir zanjas para juntar unos pesos. 

“Tengo dos hermanos que trabajan en la construcción. Cada vez que me veían agarrar una pala me decían: ‘vos mejor seguí con la pelota’”, cuenta a las risas. 

Un buen día Los Ceibos compartía su mitad de cancha con la sub 16 de Juventud que dirigía Cacho Ilaria y donde jugaba su amigo Alberti. Al final de la práctica lo invitaron a volver al ruedo de los juveniles. Como Iliaria se fue antes de arrancar el torneo, fue Pablo Tiscornia quien lo hizo fichar por el club en 2013. 

Amonestado por Claudia Umpiérrez

"Teniamos un plantel corto, de 18 jugadores, y muchos tenían carencias en sus hogares. Recuerdo que los jugos y las barras de cereales que nos daban del programa Gol al Futuro se las dábamos a todos esos gurises porque las necesitaban", dice Tiscornia quien volvió a dirigir a Juan de Dios en el Clausura 2019, cuando el equipo no pudo permanecer en Primera. 

“Cuando cobré mi primer sueldo de juvenil que eran $ 5.000 fui a bajar la deuda del almacén que nos vendía fiado”, dice el jugador. 

Con Alberti también se la rebuscaron juntos: “Un día una señora nos pidió hacerle un camino de entrada a la casa. Yo hacía la mezcla y José le daba al fretacho y a la pala. Nos quedó precioso y la señora nos volvió a llamar para colocar cables y trabajar adentro de la casa”.  

Tras jugar 96 partidos en Juventud y afirmarse como uno de los mejores laterales derechos del medio local, este año fue cedido a Goiás a préstamo. 

Contra Joaquín Piquerez de Defensor Sporting

“Llegué, no me presentaron y en los primeros entrenamientos jugaba en el tercer equipo. Después me pasaron al equipo suplente y más tarde debuté por Copa Brasil”, cuenta. 

Entrenamiento en Goiás

Se ganó la confianza del entrenador Thiago Larghi y ahora ya suma 14 partidos jugados, 12 de ellos como titular. 

La adaptación se la facilitó el delantero del club Lucão do Break: "Habla portuñol y pidió para ponerme con él en la concentración para ayudarme con el idioma y además me ayudó a conseguir apartamento. Un fenómeno".

Con Lucão do Break

“En mi puesto siempre admiré a Dani Alves pero justo el partido contra São Paulo se suspendió porque tuvimos ocho casos de covid-19”, expresa. 

Juan de Dios no se contagió: "Soy inmune al coronavirus", dice a las risas. "Lucão que me lleva a las prácticas agarró el virus y además concentramos juntos. Me hicieron el control y di negativo. Con el peruano (Kevin) Quevedo entrenamos juntos cuando le dio positivo, pero yo di negativo. Con el chileno (Ignacio Jara) concentré dos veces para el partido con São Paulo e incluso compartí con él una bebida antes de entrar a la cancha. Pero a él le salió positivo y yo negativo. Soy todo un caso". 

“En Brasil me piden profundidad, que pase siempre al ataque aunque la jugada venga del otro lado; en Uruguay cada vez que subía, primero miraba atrás para ver cómo quedaba el balance", explica.

Proyección por banda

"Juan tiene gran técnica individual, físicamente es exuberante; se asocia muy bien al juego combinativo por banda y me sorprende la capacidad ofensiva que muestra con Goiás. Lo vi en los partidos de Copa Sudamericana contra Sol de América y algunos por el torneo local”, dice Álvaro Fuerte, el entrenador que lo dirigió en 2018 en Segunda cuando lograron el ascenso y en el Apetura e Intermedio de 2019.

"Jugó todos los partidos conmigo, salvo contra Nacional por quinta amarilla. Juan se está posicionando muy bien en un país en el que están varios de los mejores laterales de mundo. Esto habla muy bien del proceso que tuvo en Juventud, de todos los entrenadores que estuvimos con él, pero también de su capacidad de aprendizaje, es un jugador exuberante en su entrega y cooperativo para el equipo tanto en defensa como en ataque", remata su exentrenador Fuerte. 

¿Quién te ha visto y quién te ve Juan de Dios? De hacer changas por los barrios de Las Piedras a jugar de titular en la tierra prometida de los laterales.
 

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