"Nuestro Dios es de todos, pero cuidado, el diablo también llega a todos, a los que usamos pantalones y a los que usan sotanas", puntualizó Kirchner en un acto de entrega de viviendas, donde usó la tribuna para responder a duras acusaciones lanzadas últimamente por prelados y voceros del catolicismo.
"Dicen que soy un presidente de la discordia porque peleo para terminar con la indigencia", le respondió a Marcó, un presbítero cuyas expresiones no habían tenido respaldo de la jerarquía católica, en lo que parecía el miércoles un gesto de distensión.
La política de derechos humanos de juzgar los crímenes de lesa humanidad en millares de causas judiciales es resistida por agrupaciones y líderes opositores de derecha, en tanto la Iglesia, en el mismo sentido, viene formulando llamados a la conciliación.
Pero tres obispos, Baldomero Martini (diócesis de San Justo, periferia de Buenos Aires), Jorge Lona (San Luis, oeste) y Rinaldo Bredice (Santa Rosa, centro del país) coincidieron el jueves en objetarla por "inconstitucional".
Paños fríos en la relación Iglesia-Gobierno parecía haber puesto el Arzobispado de Buenos Aires, al que pertenece Marcó, al aclarar el miércoles que el presbítero habló del Presidente a título personal y no como vocero de la Curia.
(AFP)